Adapta el músculo al paso del tiempo

Envejecer no tiene por qué implicar perder fuerza ni vitalidad. La ciencia demuestra que el principal enemigo del músculo no son los años, sino la inactividad. Vamos a aprender estrategias nutricionales y de entrenamiento para un envejecimiento activo.

Dr. J. López Chicharro

Adapta el músculo al paso del tiempo
Adapta el músculo al paso del tiempo

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La edad biológica, la que reflejan nuestras células y tejidos, puede mantenerse joven si cuidamos tres pilares: ejercicio, nutrición y hábitos saludables. El músculo es, de hecho, uno de los mejores marcadores de juventud metabólica.

El músculo: el órgano olvidado

Durante décadas se pensó que el músculo solo servía para movernos, pero hoy sabemos que es un auténtico órgano endocrino: libera mioquinas que influyen sobre el corazón, el cerebro, el metabolismo y el sistema inmunitario.

Perder masa muscular —sarcopenia— significa mucho más que debilidad; aumenta el riesgo de diabetes, enfermedad cardiovascular y mortalidad. A partir de los 40 años se pierde entre un 3 y un 8 % de masa muscular por década, sobre todo de fibras tipo II (las de potencia). Sin embargo, con ejercicio y nutrición adecuados, este proceso se puede frenar e incluso revertir.

Qué ocurre en el músculo al envejecer

  • Menor síntesis proteica y peor respuesta a los estímulos anabólicos.
  • Pérdida de fibras rápidas tipo II.
  • Disfunción mitocondrial y menor capacidad energética.
  • Inflamación crónica de bajo grado (“inflammaging”).
  • Infiltración grasa y peor riego sanguíneo.

A ello, se suman cambios hormonales (menos testosterona, estrógenos y hormona de crecimiento).

La buena noticia:

El ejercicio y la dieta modulan todos estos procesos, mejorando la regeneración y sensibilidad del músculo.

 

El ejercicio como medicina

El consenso internacional de 2025 sobre longevidad saludable lo resume bien: “El ejercicio es la intervención más eficaz y coste-efectiva para prolongar la vida saludable”.

El entrenamiento regular mejora las mitocondrias, reduce la inflamación, preserva la fuerza y estimula la neurogénesis. Ningún tipo de ejercicio es prescindible: todos aportan.

1. Entrenamiento de fuerza

  • Es la base del envejecimiento activo.
  • 2–3 sesiones por semana.
  • 2–3 series de 8–12 repeticiones al 60–80 % de la repetición máxima.
  • Priorizar ejercicios multiarticulares (sentadillas, remo, press, peso muerto adaptado).
  • Incluir fases de potencia (movimientos rápidos) para preservar las fibras tipo II.

2. Ejercicio aeróbico

  • Indispensable para la salud cardiovascular, cerebral y metabólica.
  • 150–300 min/semana de actividad moderada.
  • HIIT adaptado según capacidad individual.
  • Combinar fuerza y cardio es más eficaz que hacerlos por separado.

3. Equilibrio y movilidad

Entrenar coordinación y flexibilidad (yoga, taichí, pilates) reduce caídas y mejora la confianza motriz.

4. Actividad diaria

Caminar, subir escaleras o simplemente moverse más a lo largo del día multiplica los beneficios del entrenamiento. La clave no es solo entrenar una hora, sino mantenerse activo muchas más.

Entrenar para ganar resiliencia

  • La resiliencia fisiológica —capacidad de recuperarse de un estrés físico o metabólico— depende del músculo. Una buena masa y fuerza predicen mejor recuperación ante infecciones, cirugías o tratamientos médicos.
  • Además, el ejercicio fortalece el cerebro: mejora memoria, ánimo y función ejecutiva.
  • Y lo más importante, preserva la independencia funcional: levantarse de una silla, subir escaleras o cargar bolsas son gestos que determinan la calidad de vida.

 

Nutrición: el combustible del músculo que envejece

Nutrición  el combustible del músculo que envejece
Nutrición:  el combustible del músculo que envejece

Comer “sano” no basta. Lo decisivo es ajustar qué, cuándo y cuánto se come de los nutrientes clave.

1. Proteínas: más y mejor distribuidas

  • Por la resistencia anabólica, las personas mayores necesitan más proteína para obtener el mismo efecto que los jóvenes.
  • 1,2–1,6 g/kg/día (hasta 2 g/kg en deportistas veteranos).
  • 25–35 g por comida, con 2,5–3 g de leucina.
  • Fuentes: huevo, lácteos, carne magra, legumbres, cereales integrales.
  • Repartir la proteína a lo largo del día (no solo en la cena) mejora la síntesis muscular.

2. Creatina

3. Omega-3 y polifenoles

  • Reducen inflamación y potencian la respuesta al entrenamiento.
  • Presentes en pescado azul, nueces, frutas rojas, cacao y aceite de oliva virgen extra.

4. Vitamina D, calcio y magnesio

  • Indispensables para la salud ósea y muscular.
  • Niveles óptimos de vitamina D (40–60 ng/mL) reducen caídas y fracturas.

5. Hidratación y electrolitos

  • Con la edad disminuye la sensación de sed.
  • Beber regularmente e incluir frutas, verduras y sopas ayuda a mantener el rendimiento físico y cognitivo.

6. Microbiota intestinal

  • La diversidad bacteriana influye en la masa muscular, la inmunidad y el estado de ánimo.
  • Fibra, prebióticos (plátano, avena, legumbres) y probióticos naturales (yogur, kéfir, chucrut) contribuyen a un intestino más “joven”.

 

El papel del sueño y estrés

El papel del sueño y estrés
El papel del sueño y estrés

Durante el sueño profundo se libera hormona del crecimiento y se reparan tejidos. El insomnio o el sueño fragmentado favorecen la pérdida muscular y la inflamación. Dormir 7–8 horas, exponerse al sol y cenar ligero (con alimentos ricos en triptófano como huevo o plátano) mejora la calidad del descanso.
El estrés crónico eleva el cortisol y acelera la sarcopenia. Técnicas de respiración, mindfulness o yoga reducen su impacto y favorecen la recuperación.

La sinergia de los hábitos saludables

Friedman (2020) acuñó el término Lifestyle Medicine con un modelo que se apoya en seis pilares para conseguir prevenir enfermedades y lograr una salud duradera:

  1. Ejercicio regular.
  2. Alimentación basada en alimentos naturales.
  3. Sueño reparador.
  4. Gestión del estrés.
  5. Relaciones sociales saludables.
  6. Evitar tóxicos (tabaco, alcohol, sedentarismo).

Estos pilares no actúan por separado: se potencian. Entrenar sin dormir bien o sin comer suficiente proteína tiene un efecto limitado; cuando se combinan, generan un círculo virtuoso de salud y longevidad.

Envejecer no es detenerse

El objetivo no es tener 30 años a los 70, sino mantener la mejor capacidad funcional posible. Los “Master Athletes” demuestran que es posible conservar una excelente condición física durante décadas. Pero no hace falta competir: basta con moverse cada día, priorizar la fuerza y cuidar la alimentación.

El futuro: Medicina del ejercicio y Nutrición de precisión

Medicina del ejercicio y Nutrición de precisión
Medicina del ejercicio y Nutrición de precisión

La investigación apunta a la personalización del entrenamiento y la dieta según el perfil genético, la microbiota y los biomarcadores individuales. Incluso ya se puede estimar la edad biológica muscular con análisis de fuerza o composición corporal.
El propósito no es vivir más, sino retrasar la fragilidad y mantener la autonomía. Como resume Izquierdo et al. (2025): “Prescribir ejercicio debe considerarse tan esencial como prescribir un fármaco, pero con menos efectos secundarios y más beneficios colaterales”.

Claves para un envejecimiento fuerte y funcional

  • Haz fuerza, aunque empieces de cero.
  • Combina fuerza, cardio y movilidad.
  • Come suficientes proteínas repartidas en el día.
  • Evita dietas muy restrictivas.
  • Duerme 7–8 h reales.
  • Muévete más allá del gimnasio.
  • Hidrátate y prioriza alimentos frescos.
  • Entrena también la mente: aprende, socializa y mantén un propósito.
Conclusión

El músculo es un espejo del envejecimiento. Cuidarlo mediante ejercicio, nutrición y descanso es la estrategia más poderosa para vivir mejor, más fuerte y más tiempo.

Envejecer es inevitable, pero cómo envejecemos depende, en gran parte, de nosotros. La verdadera meta no es solo añadir años a la vida, sino añadir vida a los años.

 

 

Dr. J López Chicharro, catedrático de la UCM, director médico de la Clínica OYTU (www.oytu.es), especializada en ejercicio oncológico, nutrición y rendimiento deportivo.

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