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Respirar: la habilidad que todos usamos… pero casi nadie entrena
Respirar es lo primero que hacemos al nacer y lo último que hacemos al morir.
Sin embargo, para la mayoría de los deportistas sigue siendo una función automática a la que apenas prestamos atención. Entrenamos fuerza, resistencia, técnica, movilidad… pero rara vez entrenamos cómo respiramos.
Y ahí hay un enorme margen de mejora.
Desde hace años trabajo con deportistas de muy distintos perfiles: corredores, nadadores, triatletas, jugadores de deportes de equipo y personas que simplemente quieren sentirse mejor entrenando. En todos ellos se repite el mismo patrón: respiran más de lo que necesitan, peor de lo que creen y en momentos en los que no toca. Esto es determinante porque un deportista rinde más si es capaz de producir más energía, y el oxígeno es el elemento necesario para generarla. Si la entrada de oxígeno es deficiente, la producción de energía no es óptima.
En este sentido, la apnea emerge como una herramienta para aprender a respirar mejor, aunque suene paradójico. La apnea, entendida correctamente, no es dejar de respirar sin más. Es aprender a tolerar el CO₂, optimizar el uso del oxígeno y relajar el sistema nervioso en situaciones de estrés físico y mental
Qué es (y qué no es) la apnea aplicada al deporte
Cuando hablamos de apnea en un contexto deportivo y de salud, no hablamos de récords ni de bajar metros bajo el agua. Hablamos de controlar los músculos implicados en la respiración, de gestionar el estrés reduciendo la actividad del sistema nervioso simpático (la rama encargada de activar los mecanismos de lucha y huida), de aumentar la eficiencia metabólica y de tomar conciencia de qué hacemos a nivel corporal.
Esto es determinante porque un deportista que es consciente de cada proceso que ocurre en su organismo es un deportista que puede rendir más. La apnea es una herramienta, no un fin.
12 personas han pisado la Luna en toda la historia de la humanidad, sólo 8 hemos descendido hasta los 120m.
Durante un esfuerzo máximo, muchos deportistas aumentan su frecuencia respiratoria, hiperventilan, provocando un aumento innecesario de pulsaciones, sensación prematura de fatiga y, por lo tanto, ansiedad. Esto hace que la recuperación entre esfuerzos descienda y el rendimiento se vea reducido. Aprender a respirar menos, mejor y en el momento adecuado cambia radicalmente el rendimiento.
Por qué mejorar tu tolerancia al CO₂ te puede hacer mejor deportista
Durante la apnea, uno de los grandes errores es pensar que el problema es “falta de oxígeno”. En la mayoría de los casos, el verdadero limitante es la baja tolerancia al dióxido de carbono (CO₂).
Cuando el CO₂ aumenta en sangre aparece la sensación de ahogo, el cuerpo entra en modo alarma y aumenta la tensión muscular. El entrenamiento respiratorio y la apnea enseñan al cuerpo a que ese CO₂ no es una amenaza, permitiendo relajarlo durante esfuerzos intensos y lograr, por lo tanto, una mayor eficiencia en deportes de resistencia.
Apnea y sistema nervioso: el gran beneficio oculto
Uno de los mayores beneficios, y menos conocidos, del entrenamiento es su efecto sobre el sistema nervioso parasimpático, la rama encargada de relajar al organismo y activar los mecanismos de reparación.
En el mundo actual, donde la mayoría de las personas sufrimos de estrés y tenemos una sobreactivación simpática, posiblemente esta orientación de la apnea es de las más importantes. Esto se debe a que, cuando aguantamos la respiración, mediante un reflejo adaptativo que hemos heredado de nuestros antepasados marinos, se activa de forma inmediata esa respuesta vinculada a la vía parasimpática que pone al organismo en «modo ahorro». Con ejercicios respiratorios bien aplicados conseguimos reducir el estrés basal, dormir mejor, recuperarnos antes y entrenar con más calidad.
Muchos deportistas entrenan siempre en «modo simpático», lo que provoca que las adaptaciones vinculadas al entrenamiento se vean reducidas. La apnea introduce pausas, y en ellas el cuerpo aprende a adaptarse.
Cuando la apnea se encuentra con la fisiología del rendimiento
En los últimos años, la apnea aplicada al deporte ha dejado de ser solo una herramienta empírica para convertirse en un campo de entrenamiento con base fisiológica sólida. En este proceso ha sido clave el trabajo conjunto con fisiólogos del ejercicio que entienden tanto el rendimiento como la adaptación del cuerpo humano al estrés.
En este contexto, desde hace tiempo colaboro con Adrián Castillo, fisiólogo especializado en rendimiento deportivo, con quien desarrollamos seminarios y programas específicos de apnea y rendimiento, algo todavía muy novedoso en España. Nuestro objetivo no es que el deportista “aguante más sin respirar”, sino provocar adaptaciones fisiológicas concretas, medibles y transferibles al rendimiento deportivo.
Uno de los pilares de este trabajo es el entrenamiento hipoventilatorio, una metodología que consiste en reducir voluntariamente la ventilación, es decir, la cantidad de veces que respiramos, durante determinados ejercicios o fases del entrenamiento. De forma sencilla, conseguimos que el organismo, ante una determinada intensidad, pase a entrenarse como si estuviera momentáneamente en altitud, llegando a superar incluso los 2500 metros. Esto genera una reducción de la saturación de oxígeno, un aumento controlado de CO₂, mayor estrés metabólico con un aumento de la concentración de lactato y la acidosis, y la activación de mecanismos de adaptación periférica.
A diferencia de entrenar siempre «con aire de sobra», de este modo el cuerpo aprende a usar mejor el oxígeno disponible, a tolerar la acidez metabólica, a aumentar la oxidación de lactato y a mantener el rendimiento en situaciones de fatiga. Este tipo de estímulo es especialmente interesante en deportes de resistencia, deportes intermitentes como el rugby o el fútbol, y entrenamientos de alta intensidad o disciplinas como el CrossFit.
Lactato: de enemigo a aliado
Una de las razones más interesantes por las cuales el entrenamiento en apnea es interesante es que, al cortar la llegada de oxígeno, se activan las vías metabólicas vinculadas al metabolismo anaeróbico.
De forma simplificada, el organismo produce energía de forma independiente del oxígeno, generando una gran cantidad de lactato. Durante años, el lactato ha sido visto como el gran enemigo del rendimiento, pero hoy sabemos que es un combustible para el propio músculo y otros tejidos como el corazón, y un mensajero metabólico vinculado a una mejor función vascular.
El trabajo con apnea e hipoventilación provoca un aumento de la producción de lactato, una mayor tolerancia a la acidosis y una mejor gestión del esfuerzo en intensidades altas. En los seminarios que realizamos junto a Adrián Castillo, medimos y observamos cómo el cuerpo aprende a convivir con niveles de lactato más elevados, sin entrar en bloqueo ni colapso respiratorio. Esto tiene una transferencia directa para reducir la fatiga en los últimos kilómetros de una carrera, tolerar series exigentes y tener una mayor capacidad de rendimiento en los tramos finales de un partido o combate.
El bazo: un órgano olvidado… con un papel clave
Uno de los aspectos más fascinantes del entrenamiento en apnea es la estimulación de la contracción del bazo. El bazo actúa como un reservorio natural de glóbulos rojos. Cuando se expone al cuerpo a hipoxia o apnea, el bazo se contrae, libera glóbulos rojos adicionales a la circulación y aumenta temporalmente la capacidad de transporte de oxígeno. Este fenómeno, bien conocido en apnea profunda, también puede estimularse de forma controlada en deportistas mediante protocolos específicos, siempre bien diseñados y supervisados, aunque es cierto que esta adaptación está vinculada a deportistas más experimentados.
No es dopaje, no es magia: es fisiología pura
Conclusión: respirar mejor no es respirar más
Durante años hemos asumido que mejorar el rendimiento pasa por entrenar más fuerte, más tiempo o con más intensidad. Sin embargo, cada vez está más claro que una parte fundamental del progreso está en cómo gestionamos lo que ocurre dentro del cuerpo cuando el esfuerzo aprieta.
La respiración, y en particular la apnea aplicada de forma inteligente, nos ofrece una vía directa para entrenar esa gestión interna: la tolerancia al estrés, la eficiencia metabólica, la calma en situaciones exigentes y la capacidad de rendir cuando las sensaciones no son cómodas.
No se trata de dejar de respirar ni de forzar al organismo, sino de enseñarle a adaptarse.
A convivir con el CO₂, con el lactato, con la hipoxia puntual y con la incomodidad sin entrar en pánico ni perder control. Justo ahí es donde muchos deportistas marcan la diferencia.
La combinación entre apnea, entrenamiento hipoventilatorio y fisiología del ejercicio abre un campo apasionante para el deportista profesional y popular: herramientas sencillas, bien aplicadas y con base científica que permiten entrenar mejor, recuperar antes y competir con más serenidad.
Todo esto no significa, ni mucho menos, que la respiración vaya a sustituir al entrenamiento de fuerza, resistencia, técnica o a una buena planificación. Esas áreas siguen siendo la base del rendimiento deportivo y no hay atajos que las reemplacen. La diferencia está en que la respiración y la apnea aplicada actúan como un amplificador de todo lo demás: ayudan a que el cuerpo tolere mejor el esfuerzo, a que el sistema nervioso no entre en bloqueo cuando la intensidad sube y a que las adaptaciones del entrenamiento se consoliden con mayor calidad.
Entrenar fuerza te hace más fuerte, entrenar resistencia te permite sostener el esfuerzo y entrenar técnica te hace más eficiente; pero entrenar la respiración te permite expresar todo eso cuando el cuerpo va al límite.
La apnea, el entrenamiento hipoventilatorio y el trabajo fisiológico bien dirigido no buscan hacer al deportista “especial”, sino más completo, más consciente y más estable frente al estrés físico y mental del deporte.
Respirar mejor no es respirar más, ni es una solución mágica. Es una pieza más del puzle del rendimiento. Y cuando todas las piezas encajan —fuerza, resistencia, técnica y respiración— el deportista no solo rinde mejor, sino que entrena con más control, más calma y más disfrute.
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*Sobre Miguel Lozano:
Miguel Lozano es apneísta profesional, doble subcampeón del mundo de apnea profunda (-122m) y referente internacional en disciplinas de profundidad.
El 30 de Mayo de 2016 se sumergió hasta los -122 metros de profundidad en Inmersión Libre durante el campeonato Caribean Cup en Roatán (Honduras), un logro que en la actualidad lo sitúa como la cuarta persona más profunda del mundo en esta disciplina, a tan sólo 5 metros del actual Récord Mundial (-127m). También ha sido el primer español en llegar a la cota de -100m en la modalidad de peso constante (aleteando) y -83mts sin aletas.
Actualmente se dedica a la formación en team building para empresas y al asesoramiento en entrenamiento hipoventilatorio aplicado a la salud, el alto rendimiento deportivo y el ámbito terapéutico.
https://www.instagram.com/miguel_apnea/








