7 factores que pueden ser culpables de tus lesiones y en los que no habías caído

Cuando los deportistas nos lesionamos tendemos a echar la culpa a razones como que ha sido por una mala pisada, una caída, una mala técnica de ejecución, mala suerte, agotamiento o un exceso de entrenamiento al prepararnos para una prueba. Pero, ¿has pensado alguna vez que te lesionas más cuando tienes una mala racha emocional, exceso de estrés o un día muy malo?

Por Eva Arrieta, autora del libro "¿Por qué enfermamos?"

7 factores que pueden ser culpables de tus lesiones y en los que no habías caído
7 factores que pueden ser culpables de tus lesiones y en los que no habías caído

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Los deportistas, por norma general, sabemos la importancia que tiene el cuidado de la alimentación y del bienestar físico para obtener un rendimiento deportivo óptimo. En este artículo vas a descubrir otros aspectos que probablemente desconoces y que favorecen, de una manera importante, que las lesiones incomoden o limiten tu práctica deportiva y, por lo tanto, tu efectividad.

El origen fisiológico de las lesiones y de la enfermedad es el asentamiento de un medio interno ácido en tu organismo. El líquido que rodea a cada una de tus billones de células, a través del cual ellas respiran, se nutren y se depuran, necesita tener unas condiciones óptimas para que las células de tus músculos y articulaciones funcionen con el mayor rendimiento posible. Este líquido, denominado líquido intersticial, está encauzado en un andamiaje corporal compuesto por el sistema fascial. Este sistema fascial engloba tus músculos, tendones, articulaciones, huesos, órganos, arterias, venas y nervios. Se forman, de esta manera, unas autopistas de información que conectan todo nuestro cuerpo y es por donde circulan los impulsos eléctricos que producen los movimientos, además del orden fisiológico que requiere el organismo. Para que la información fluya coherentemente, este medio acuoso interno necesita ser ligeramente alcalino, al igual que la sangre.

Cuanto más intoxicado y ácido esté este medio interno, más dificultad tendrá nuestro cuerpo para rendir adecuadamente y más fácilmente podrá lesionarse.

El 80% de la intoxicación que proviene del exterior, entra por el tracto digestivo. Lo que más nos acidifica son los azúcares, la comida procesada, los lácteos, la carne roja y el exceso de hidratos de carbono.

Al igual que las pilas alcalinas, nuestro cuerpo obtiene más potencia con una dieta que tienda a alcalinizar el cuerpo.

El exceso de carbohidratos como medida habitual, incluso para reponernos tras la actividad física, nos produce una sensación de rápida recuperación, pero a la larga el cuerpo pedirá más hidratos por el descenso de la insulina que se produce. Este es uno de los orígenes de la alteración metabólica que sufre nuestra sociedad, incluidos niños y deportistas.

7 factores que pueden provocar lesiones…Y en los que seguramente nunca has pensado

Soy consciente de que los lectores de Sport Life sois perfectamente conocedores de las indicaciones e informaciones que tantos nutricionistas, médicos y profesionales cualificados han volcado aquí sobre una correcta alimentación. Mi cometido, el mismo que me animó a escribir el libro “¿Por qué enfermamos?" será el de poner sobre la mesa otras fuentes de intoxicación y, por lo tanto, de posibles lesiones.

1- La boca

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7 factores que pueden ser culpables de tus lesiones y en los que no habías caído

La boca es la “gran olvidada" de los deportistas y una fuente desconocida de alteraciones físicas corporales. Es normal, ya que es la única parte del cuerpo que no requiere entrenamiento. Curiosamente, la boca es el escondite ideal de bacterias que pueden permanecer agazapadas durante largo tiempo, sobreviviendo incluso a terapias antibióticas. En el momento en que nuestras defensas bajan, por ejemplo: agotamiento excesivo o cercanía de algún evento importante, estas bacterias acceden al torrente sanguíneo y pueden conquistar cualquier tejido provocando dolor e inflamación.

Conocí el caso de un equipo de fútbol que decidió no fichar a un jugador porque relacionaba sus frecuentes lesiones al estado de su salud dental. Además, los empastes metálicos, amalgamas, y los elementos metálicos bucales generan una interferencia eléctrica en la boca que altera la trasmisión eléctrica por nuestras autopistas de información pudiendo repercutir en cualquier estructura por lejana que esté. En mi consulta, he tratado tendinitis, problemas cutáneos y artritis que no desaparecieron hasta que los deportistas eliminaron sus empastes metálicos.

2- El sistema digestivo

Me imagino que más de una vez habréis leído la importancia de mantener en correcto estado la mucosa digestiva y la microbiota intestinal. La asimilación de nutrientes está en juego y también el posible aumento de la cantidad de sustancias ácidas que penetran al interior de “nuestra casa". Además, bacterias, virus, hongos y parásitos pueden conquistar nuestro tracto digestivo sin que seamos conscientes de ello. Estos microorganismos generan toxinas que pueden acabar en nuestros músculos y articulaciones. Un derrame sinovial, una tendinitis aquilea, una fascitis plantar, una epicondilitis, un pie de atleta o lumbalgias de repetición son los síntomas que pueden generarse por un aumento de la toxicidad en tu organismo, cuando, por norma general, buscamos las causas en el plano mecánico. Incluso la ansiedad, las palpitaciones o el bajo estado de ánimo pueden desencadenarse con un intestino en malas condiciones. El cuerpo nos habla a través de las lesiones para avisarnos que debemos atender alguna desarmonía.

3- Las etiquetas y vetos

¿A que no te imaginas que lo que tus padres te repetían una y otra vez en tu infancia te puede estar condicionando la vida? Los padres nos intentan trasmitir lo mejor, pero también nos trasmiten sus miedos, sus prejuicios y sus creencias. Tu cerebro infantil, sobre todo de dos a seis años absorbe la información que recibe y se graba como una creencia que te puede limitar. “La vida es dura"; “todo requiere mucho esfuerzo"; “nunca conseguirás nada en la vida"; “eres débil", etc. Estos ejemplos pueden ser los motivos por los cuales, por mucho que entrenes y te esfuerces, nunca obtengas resultados óptimos o te lesiones antes de una prueba. Tu inconsciente puede creer que nada se logra sin un gran esfuerzo en tu vida, o que tu cuerpo es frágil, y esas creencias, adquiridas en tu infancia, boicotearán tus logros. Cambiar la información que no es positiva y reprogramar tu inconsciente, es, además de posible, altamente recomendable.

4- Lo que viviste en el útero de tu madre

Aunque te pueda parecer sorprendente, todas las emociones que vivió tu madre en el periodo del embarazo, llegaron a ti cuando estabas en el interior del útero. Las emociones se transformaron en sustancias químicas que circularon por la sangre de tu madre que supuso tu alimento, durante nueve meses. Todo el estrés, los miedos, las preocupaciones o incluso la frustración por haberse quedado embarazada cuando no quería, pudieron dejar en ti una huella emocional. Puede ser también que tu madre sufriera un disgusto como la enfermedad, o la pérdida de algún ser querido, y este hecho disminuyese la ilusión por tu venida. Como ves, no siempre salimos de la línea de salida al empezar la carrera de la vida, a veces, las circunstancias familiares nos colocan unos metros por detrás, en clara desventaja. Quizás, ésta no sea una información fácil de obtener porque se guarda con celo en las familias, pero puede resultar determinante para esclarecer algunas tendencias lesionales. Tus músculos y tus articulaciones no son sólo el reflejo de lo que comes y de lo que entrenas.

5- Tu pelvis y tu familia

Todo deportista, y últimamente hasta los periodistas deportivos que “diagnostican" alegremente desde los micrófonos, conocen la importancia que tienen ciertos músculos como el psoas- iliaco, el piramidal o los isquiotibiales, para que fluya la mecánica deportiva. Te preguntarás que “pinta" la familia nuevamente en el título de este punto. No es que tenga yo nada en contra de la vida familiar, pero el caso es que de la familia heredamos unas memorias y unas “cargas" que con frecuencia bloquean la pelvis, el abdomen y alteran todo el exquisito equilibrio de este centro corporal y energético. Esta zona, fundamental para un rendimiento deportivo óptimo, está sujeta a conflictos emocionales no sanados de nuestros progenitores.

Los estudios de la psicosomática y del trasgeneracional nos arrojan luz sobre este particular, así como también nos ayudan a conocer las relaciones entre las diferentes partes del cuerpo y las incoherencias emocionales que pueden derivar en lesiones de dichas estructuras. En el libro ahondo en este tema de las herencias familiares para que puedas tu mismo convertirte en un investigador de lo que tu ADN transporta más allá de las similitudes físicas con tus antepasados. Esta información te ayudará a entender porque siempre te lesionas en una misma zona, porque cuesta tanto recuperarte de una lesión o porque piensas que algo crónico se ha asentado en tu cuerpo. ¿Fascinante, verdad?

6- Lo que esconde tu hígado

No estoy hablando de las cervezas al terminar los entrenamientos, sino de los cabreos, los enfados y las pataletas que te habrás agarrado porque no puedes entrenar o porque no llegas a los objetivos que te habías marcado. Habrás oído alguna vez “esto me pone del hígado". Efectivamente, el hígado acumula todas las rabias, envidias, impotencias, enfados y carencias de todo tipo que puedes acumular en tu rodaje vital. Una tendinitis en el hombro derecho, o una lesión del menisco pueden tener su origen en un hígado sobrecargado. Sabemos que el hígado es un órgano fundamental para la desintoxicación corporal junto al intestino, el riñón, los pulmones y la piel.

Ya puedes cuidar mucho tus músculos, tu flexibilidad y tu potencia, que como no mimes y atiendas a los órganos anteriormente mencionados, el cuerpo se irá acidificando progresivamente y la lesión en un músculo, tendón, ligamento, cápsula o fascia aparecerá con un movimiento “tonto" o por el esfuerzo repetido. Nuestra cabeza lo achacará a las zapatillas, al tipo de entrenamiento o a que has dormido mal, pero el origen real de la lesión estaba pululando en tu cuerpo hace más tiempo y el gesto lesional simplemente ha sido la gota que ha colmado el vaso a una estructura debilitada de antemano.

7- El miedo a fallar

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El miedo es el gran limitador de la persona; podríamos decir que es el enemigo a batir. En las circunstancias donde tienes que rozar tus límites, cuando te enfrentas a una prueba exigente en la competición deportiva, tus miedos pueden aflorar de tu inconsciente y anular tu potencial. Incluso puede darse el caso de que estés en muy buena forma, que en los entrenamientos hayas logrado tus objetivos, pero al enfrentarte al momento de la verdad te sientas impotente o aparezca una “inoportuna" lesión para recordarte que no eres merecedor del éxito. Todas las heridas y conflictos emocionales que vas acumulando en el maletero de tu vehículo corporal pueden manifestarse en algún momento de tu vida como un tipo de miedo. Como ejemplo, a las personas que siempre se les ha exigido mucho, el miedo a fallar y a no dar la talla les puede jugar una mala pasada en forma de lesiones cuando su auto-exigencia se ve sobrepasada.

TU CUERPO ES TU ALIADO, NO TU ENEMIGO

Como habrás comprobado, tu cuerpo es un reflejo, no únicamente de tus entrenamientos, sino también de lo que estas viviendo. Hasta que no seas consciente de las cargas emocionales que arrastras y que has heredado, no serás dueño de tu estabilidad física, emocional y mental. Si no entiendes por qué un día tu pulsómetro parece que se ha disparado, o tus músculos no tienen gasolina, pregúntate qué está pasando en tu vida. Tu cuerpo es tu aliado, no tu enemigo. Escúchalo y no le exijas el rendimiento que te da normalmente si un día no está fino. Querer realizar lo que te habías propuesto como entrenamiento, aunque sientas que el cuerpo no fluye, puede ocasionarte con el tiempo lesiones importantes que te costará relacionarlas con esas auto-exigencias. No somos exclusivamente un cuerpo físico. Tu mundo interior necesita su entrenamiento, sus estiramientos y su nutrición adecuada. Analízate, libera el estrés emocional, adapta tu cuerpo al día que estás viviendo y abandona la rigidez mental para que el deporte sea siempre sanador.

Te recomendamos la lectura del libro ¿Por qué enfermamos? Escucha a tu cuerpo, conócelo y mejora tu salud. Escrito por la autora de este artículo, la fisioterapeuta Eva Arrieta con la editorial Planeta.

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