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Responde SÍ o NO:
- Llego con mucha hambre a la cena casi todos los días.
- Me siento cansado incluso después de haber descansado.
- Entreno más que hace unos años, pero no mejoro mis resultados.
- Tengo la sensación de que debo "ganarme" la comida entrenando.
- Evito los hidratos de carbono por miedo a engordar.
- Me lesiono o me sobrecargo con frecuencia.
- A menudo pienso más en las calorías que en la calidad de los alimentos.
- Me cuesta recuperarme entre entrenamientos.
- Suelo saltarme comidas o retrasarlas muchas horas.
- Mi alimentación es cada vez más restrictiva.
Resultados
0-2 respuestas afirmativas
Probablemente tu relación entre alimentación y entrenamiento está bien equilibrada.
3-5 respuestas afirmativas
Puede que estés entrando en una dinámica de restricción energética que esté afectando a tu rendimiento y recuperación.
Más de 5 respuestas afirmativas
Tu cuerpo podría estar recibiendo menos energía de la que necesita para entrenar, recuperarse y mantenerse saludable.
EL ERROR DE CONFUNDIR COMER SANO CON COMER POCO
La alimentación saludable no consiste en comer menos cantidad, sino en comer mejor, alimentación de calidad.
Sin embargo, muchas personas deportistas acaban reduciendo tanto las cantidades que terminan perjudicando precisamente aquello que quieren mejorar: su salud y su rendimiento. El problema no suele estar en los alimentos elegidos, sino en la falta de energía total para cubrir las necesidades del día. Entrenar exige combustible. Y cuanto más activo eres, más importante resulta aprender a alimentarte correctamente.
Comer para entrenar, no entrenar para compensar
La nutrición deportiva moderna ya no consiste en comer menos ni en perseguir la dieta perfecta. Consiste en dar al cuerpo la energía, los nutrientes y el descanso que necesita para rendir, recuperarse y mantenerse sano durante años.
Porque el mejor combustible para un deportista no es la restricción. Es el equilibrio.
