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Tu madre es violinista y tu padre el clarinete, siendo ellos músicos no te intentaron llevarte al mundo de la música clásica.
Yo desde pequeña los escuchaba en casa. Así que también me interesé, y lo probé todo… el violín, el clarinete, incluso el canto o el piano, etc. Mi abuela Mercé, fue de las primeras mujeres en hacer música experimental en España y sigue componiendo música electrónica, me daba clases, pero me aburría, tenía que estar quieta y yo necesitaba movimiento. Era una niña con mucha energía. También me encantaba estar dentro del agua. Y descubrí la sincro.
¿Quién fue tu inspiración?
¡Gemma Mengual! La veía en la tele y quería ser como ella. Es la número uno. Es un lujo para mí tenerla cerca y que me pueda dar consejos. Mis padres dicen que tenía 5 años y dije que “yo quería hacer esto ya”. Yo creo que me apuntaron porque no paraba quieta, a ver si así me calmaba.
Estás consiguiendo una gran recompensa, pero la natación sincronizada es uno de los deportes que más entregan exige.
Sí. Para mí, lo peor, es sacrificar el tiempo. Tengo muy poco para estar con mi familia, con mis amigos... Estoy siempre entrenando, y cuando tengo algo de tiempo, estoy muy cansada y necesito descansar. Pero hago algo que me encanta, y soy joven, tengo el físico para hacerlo... Cuando tenga 50 años no me podré mover como lo hago ahora, ja, ja. Sacrifico cosas, pero a cambio tengo otras muy buenas.
Ha sido espectacular el resultado que ha tenido el trabajo con Andrea Fuentes como entrenadora, y que comenzó a primeros de noviembre.
Yo le comenté que me gustaría hacer el ‘solo’ este año. Y a ella lo vio perfecto. También pusimos en común su idea de que yo hiciera el dúo mixto, en lugar del del dúo técnico este año. Andrea me ha ayudado mucho a ganar confianza que me dijera lo buena que era y lo buena que podía llegar a ser. Eso, hasta Andrea, no me lo habían dicho nunca, estaba focalizada en lo que tenía que mejorar y ya está. Y a veces, cuando estás tan focalizada en algo pierdes la perspectiva y va muy bien que alguien resalte tus virtudes. En Singapur tenía muchas ganas de competir porque me sentía muy segura de mí misma, estaba deseando hacerlo bien, porque iba sin miedo.
En el éxito ha sido clave reducir las apenas que para ti eran un sufrimiento.
Sí, totalmente. Es que la bielorrusa Khandoshka respira 20 segundos menos que yo en toda la coreografía, y yo ya me ahogo… Para elevar la dificultad hay que añadir movimientos y, por tanto, apneas. Y nosotras durante toda la temporada habíamos ido muy bajas en dificultad, a veces no daba para llegar a las medallas, y a cambio trabajamos muchísimo la parte artística. Aquí fue clave tomarse una semana entera de vacaciones al acabar la Superfinal de la Copa del Mundo, a 15 días para irnos a los Mundiales. Eso no es fácil para una entrenadora, pero yo lo necesitaba y ella confió en mí. Y en esa semana, además de desconectar, también pensé en opciones para subir la dificultad sin aumentar la apnea. Así que, al volver a los entrenamientos estuvimos buscando esos movimientos. Esa fue la clave, porque a partir de ahí conseguimos una dificultad que luchara por las medallas sin quitar nada de la artística.
¿Es una presión extra seguir la estela de dos grandes como Gemma Mengual y Ona Carbonell?
Gemma y Ona han sido muy buenas, y a mí me gustaría ser un referente, querría superarlas, por eso me pongo yo misma esa presión. Y luego está el gran nivel que hay entre las solistas femeninas, muchas de ellas no nadan las pruebas por equipos y dedican todo su tiempo a esto. De hecho, yo este año no hice el acrobático para poder centrarme en el ‘solo’, y creo que ha sido una buena decisión porque, si hubiera nadado la rutina acrobática, no creo que hubiera ganado el oro en el ‘solo’.
¿Cómo lleváis la presión de no poder fallar en los ejercicios?
Es clave que tus entrenadores lo manejen muy bien. Si fallas y un entrenador te grita, se enfada o te echa del equipo, tienes miedo.
Los técnicos dicen que tu dúo mixto con Dennis González es ya el mejor de la historia.
Es un orgullo que la gente lo diga. La ventaja de Dennis es que desde pequeño se ha estado entrenando con chicas y, en ese sentido, es una más. Muchos chicos comienzan más tarde, o únicamente hacen solos y dúos, y no tienen aún mucho nivel.
Tus seis medallas en Singapur han tenido una gran repercusión. ¿Cómo ha sido la experiencia de tantas entrevistas?
La sincro aquí no es como el fútbol, por eso se agradece toda la repercusión que está teniendo. Quiero aprovecharla al máximo, por eso en lugar de irme de vacaciones decidí dedicar unos días a que la gente conozca más la sincro, que pueda llegar a más personas. Nunca se había despertado tanto interés como ahora, es para estar muy contenta y aprovecharlo.
Eres consciente de que después de Singapur se te va a exigir el máximo en cada competición
Soy consciente de que he conseguido algo muy bueno y muy alto, sobre todo con la competencia que había, pero también de que éste no es mi límite y puedo seguir mejorando en todos los aspectos: técnica, ejecución y, sobre todo, en poner mucho énfasis en la parte artística, porque es lo que más me define. Quiero seguir buscando mi estilo, encontrando mi manera de hacer sincro y, de esta manera, poder ser un ejemplo. El año que viene tenemos el Europeo y creo que es un buen momento para seguir demostrando que estoy en lo más alto de este deporte.
Estudias comunicación.
La hago a distancia en la UNIR (Universidad Internacional de La Rioja). Había asignaturas, como la de hablar en público, que me interesaban mucho. En el Centro de Alto Rendimiento nos insisten en que pensemos en nuestra vida de después, porque algún día esto se acaba y es importante tener algo. Nos va bien también porque lo hacemos poco a poco. Y nos ayuda a salir un poco del agua, a desconectar y ver otro mundo. Para compaginarlo hago menos asignaturas, 2 por semestre en vez de 5. El año que viene acabaré segundo y ya comenzaré con una de tercero.
Tu viajas mucho para competir, ¿pero a qué destinos te gustaría escaparte por ocio?
Islandia, para ver auroras boreales y ballenas. Y en destino urbano, a Nueva York… ¡y que nieve!






