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Durante años los profesionales de la Actividad Física y el Deporte hemos dividido el entrenamiento y el rendimiento deportivo en capacidades físicas independientes. Por un lado, se trabajaba la fuerza en el gimnasio, por otro la velocidad en pista y, en muchas ocasiones, la coordinación quedaba relegada a tareas secundarias o ejercicios de calentamiento.
Sin embargo, hoy en día el rendimiento no se concibe sin una integración de capacidades de forma coordinada y con una visión 360º.
Actualmente, sabemos que un deportista realmente eficiente no es únicamente quien produce más fuerza o corre más rápido, sino quien es capaz de coordinar ambas capacidades dentro del movimiento y además, hacerlo con la mayor eficacia posible, algo que implica directamente a la coordinación.
La velocidad no depende solo del músculo
Depende de cómo el cuerpo organiza cada acción para producir fuerza de forma rápida, precisa y eficiente. En un sprint, un salto o un cambio de dirección intervienen decenas de procesos neuromusculares en apenas unas milésimas de segundo. El cuerpo debe estabilizar, activar musculatura, controlar apoyos y transferir potencia continuamente. Cuando esa coordinación falla, parte de la fuerza se pierde y el movimiento se vuelve menos eficiente.
La coordinación es el puente que conecta la fuerza con la velocidad
Un deportista puede tener grandes niveles de fuerza máxima, pero si no es capaz de aplicarla correctamente en acciones dinámicas, el rendimiento real será limitado. La clave está en transformar la fuerza en movimiento útil.
Diversas investigaciones han demostrado que la capacidad de producir fuerza rápidamente —conocida como Rate of Force Development (RFD)— es uno de los factores más relacionados con el rendimiento explosivo y la velocidad en acciones deportivas. Autores como William A. Sands o Yuri Verkhoshansky ya defendían que la fuerza solo tiene valor deportivo cuando puede aplicarse de forma coordinada y específica dentro del movimiento. Otros estudios recientes publicados en el Journal of Strength and Conditioning Research, muestran que los programas que integran fuerza, coordinación y tareas dinámicas mejoran significativamente el sprint, el cambio de dirección y la eficiencia neuromuscular frente a entrenamientos más aislados.
En deportes como fútbol, baloncesto, tenis o rugby esto se observa constantemente. Las acciones decisivas rara vez dependen únicamente de la capacidad física aislada. La diferencia suele aparecer en la capacidad de reaccionar rápido, cambiar de dirección con control, acelerar en poco espacio o mantener estabilidad mientras se genera potencia. Ahí es donde la coordinación adquiere un papel determinante.
Además, el sistema nervioso tiene una influencia enorme sobre el rendimiento. Antes de que un músculo genere fuerza, el cerebro debe organizar el movimiento y enviar señales precisas para activar la musculatura adecuada en el momento exacto. Cuanto más eficiente sea esta comunicación, más rápido y coordinado será el gesto deportivo. Por eso, entrenar velocidad no consiste únicamente en correr más rápido, sino también en mejorar la calidad del movimiento.
Un cuerpo que se mueve de forma eficiente es capaz de absorber mejor las fuerzas, estabilizar articulaciones y responder con más seguridad a situaciones inesperadas. En deportes donde existen constantes aceleraciones, frenadas y cambios de dirección, una mala coordinación puede aumentar el estrés mecánico y el riesgo de lesión muscular o articular. Por el contrario, cuando somos capaces de mejorar el control corporal y la calidad del movimiento, el cuerpo responde de forma más estable y eficiente.
Actualmente, los entrenamientos más productivos son los que combinan fuerza, coordinación y velocidad dentro de tareas dinámicas. Ya no se busca únicamente mover cargas elevadas, sino producir fuerza en situaciones similares a las que aparecen en el deporte real. Los ejercicios unilaterales, los trabajos reactivos, los cambios de dirección o las tareas con estímulos externos ayudan a desarrollar una mayor transferencia al rendimiento. El objetivo no es solo generar potencia, sino aprender a utilizarla de forma eficaz.
Otro aspecto importante es la eficiencia. Los deportistas más rápidos no siempre son quienes realizan más esfuerzo, sino quienes desperdician menos energía durante el movimiento. Una buena coordinación mejora la economía gestual, optimiza los apoyos y permite acciones más fluidas y explosivas. Cuando el cuerpo coordina correctamente la fuerza, el movimiento gana velocidad casi de forma natural.
Además, el entrenamiento coordinativo aporta un componente muy importante de adaptación. En competición, ninguna acción es exactamente igual a la anterior. El deportista debe reaccionar continuamente a estímulos externos, rivales, cambios de ritmo o situaciones imprevisibles. Cuanto mayor sea la capacidad coordinativa, mayor será también la capacidad para adaptarse con rapidez y eficacia a cada contexto. Por eso, los entrenamientos modernos introducen cada vez más tareas variables y dinámicas que obligan al cuerpo a resolver situaciones en tiempo real.
Es importante entender que la coordinación no es exclusiva del deporte de alto rendimiento, en Sport Life siempre defendemos que el deporte es para todos y lo interesante es sacar lo mejor de cada mundo para ofreceros la información más precisa a vosotros. Cualquier persona puede beneficiarse de este tipo de trabajo.
Mejorar la coordinación ayuda a moverse con mayor seguridad, controlar mejor el cuerpo y realizar actividades cotidianas con más eficiencia.
Desde un punto de vista de salud y rendimiento, entrenar fuerza y coordinación de manera conjunta mejora no solo el rendimiento físico, sino también la calidad del movimiento.
A ENTRENAR
Los siguientes ejercicios tienen como objetivo desarrollar precisamente esa conexión entre fuerza, velocidad y coordinación. A través de tareas dinámicas y explosivas, el cuerpo aprende no solo a generar fuerza, sino también a utilizarla de la mejor manera posible.
Press vertical de hombro unilateral con salto
- En este ejercicio, partiendo de la posición inicial, debes elevar el brazo, realizando un press vertical unilateral de hombro, añadiendo un salto y un cambio de posición en el apoyo de las piernas.
- Haz 3 series de 6 a 8 repeticiones con cada brazo.
Press vertical de hombro desde rodillas con salto
- Este ejercicio es una variante más completa que el ejercicio anterior, ya que incluimos un trabajo de piernas muy interesante.
- Haz 3 series de 6 a 8 repeticiones con cada brazo.
Flexiones asimétricas con abducción de brazo
Como siempre digo, las flexiones son uno de los ejercicios más completos que hay, un fijo en cualquier rutina. En este caso, lo que hacemos es sumar la asimetría en los apoyos para involucrar de una forma más potente al core.
- El gesto se hace de forma rápida y controlada, a la mayor velocidad que puedas preservando la técnica.
- Observa como el codo se flexiona junto al cuerpo y que el hombro y la mano de apoyo están alineadas.
- Haz 3 series de 6 a 8 repeticiones con cada brazo.
Remo con Press en Landmine
- El gesto comienza con un remo que implica tanto a la musculatura dorsal del tronco como a la musculatura posterior de las piernas.
- Cuando llegues con el peso a la altura de la cintura debes haber generado la suficiente fuerza y velocidad para lanzar el peso hacia arriba y ganar tiempo de cara a realizar la rotación de cadera y el agarre que te permita ejecutar el último movimiento de empuje hacia delante.
- Todo ello realizado a máxima velocidad.
- Haz 3 series de 6 a 8 repeticiones con cada lado.
Press Palof con paso lateral
- El Press Palof es uno de los ejercicios más utilizados para el trabajo de la musculatura del transverso del abdomen, oblicuos y core, en general.
- Si sumamos el paso lateral con salto y le sumamos velocidad al gesto, estamos generando un ejercicio mucho mas realista y con mayores transferencias a nuestro día a día.
- Observa como comenzamos en una zona y durante el movimiento de brazos también cambian los apoyos de los pies.
- Haz de 6 a 10 repeticiones hacia cada lado.
*Agradecimientos: Agradecemos su colaboración a la Universidad Alfonso X el Sabio, en cuyas instalaciones hemos realizado las fotografías para este artículo.
