La deshidratación extrema en los deportes de combate, habitual en competiciones profesionales, supone un riesgo para la salud y un espejismo a la hora de generar una ventaja competitiva
“La pérdida rápida de líquidos aumenta los riesgos de lesión, fatiga y desequilibrios metabólicos, afectando directamente al rendimiento en el combate”, afirma Álvaro Bustamante, profesor titular de la Universidad Europea
En los deportes de combate, como las artes marciales mixtas y el boxeo, los competidores recurren habitualmente a prácticas de deshidratación extrema para ajustarse al límite de peso requerido antes de la competición.
Si bien esta estrategia puede permitir competir en categorías inferiores, la hidratación juega un papel crucial no solo para optimizar el rendimiento, sino también para proteger la salud de los atletas.
Álvaro Bustamante, profesor titular de Ciencias del Deporte de la Universidad Europea, explica que “este enfoque tiene un coste elevado tanto a nivel fisiológico como competitivo, y sus repercusiones pueden extenderse más allá del momento del combate”.
Aunque reducir peso rápidamente permite a los atletas cumplir con los requisitos de su categoría, los beneficios competitivos resultan, en muchos casos, superados por las repercusiones negativas para el rendimiento.
“Las ventajas de bajar de peso de forma rápida son, a menudo, cuestionables. La reducción de fuerza, resistencia y capacidad de reacción puede ser determinante en deportes donde cada decisión y movimiento son cruciales”, explica Bustamante.
Además, estas prácticas aumentan significativamente el riesgo de lesiones, enfermedades relacionadas con el calor, desequilibrios electrolíticos y daños renales, “sin mencionar los efectos negativos acumulativos a largo plazo sobre el organismo como alteraciones hormonales, metabólicas y cardiovasculares”, afirma el profesor titular de Ciencias del Deporte.
Durante el combate, es común que la deshidratación afecte al atleta aumentando la fatiga precoz, los calambres musculares, los mareos y la pérdida de coordinación, poniendo en peligro no solo el rendimiento, sino también la integridad física del competidor.
“La recuperación total del rendimiento neuromuscular y la termorregulación requiere más tiempo del disponible tras el pesaje, dejando al atleta con un rendimiento comprometido incluso si logra rehidratarse parcialmente”, destaca Bustamante.
En el caso de competidores amateurs, el profesor de la Universidad Europea recomienda evitar prácticas de deshidratación extrema. Señala que, “en ausencia de una supervisión médica adecuada, este tipo de estrategias puede conllevar riesgos para la salud, especialmente si el beneficio competitivo es limitado”. En este sentido, subraya la importancia de la educación nutricional y de aplicar estrategias de hidratación y control del peso individualizadas, diseñadas por profesionales cualificados.
Información facilitada por la Universidad Europea / Carlos Pablos






