Es el momento de la sostenibilidad saludable

El encarecimiento de la energía y de la mayoría de los bienes esenciales han provocado una alarma social que podemos mitigar con un comportamiento más ecosostenible.

Martín Luján

Es el momento de la sostenibilidad saludable
Es el momento de la sostenibilidad saludable

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Intentándonos alejar del ecologismo recalcitrante, en el que cualquier conducta que no sea la de vivir de nuestro propio huerto, alumbrarnos con velas y desplazarnos caminando a cualquier lugar forma parte de una agresión al medio ambiente, vamos a intentar sintetizar la manera de realizar algunos cambios de conducta que nos permitan, sin desplazarnos a tiempos pretéritos, vivir de una manera más racional y sostenible, ahorrando recursos que, aunque algunos puedan pagar, el planeta no soporta más su sobreexplotación.

Invertir para ahorrar

Resulta contradictorio pensar que, en plena crisis económica, te podamos aconsejar invertir una cantidad determinada de dinero para reemplazar bienes (electrodomésticos, vehículos, equipamiento…) pero, a la larga, además de permitirte ahorrar dinero en energía, reducirás la huella de carbono que todos producimos de manera involuntaria.

Aunque hay que hacer verdaderos esfuerzos por mantener viva la acción de las cuatro “erres” (reducir, reutilizar, reciclar y recuperar) hay que valorar hasta qué punto debemos seguir utilizando un electrodoméstico desfasado en consumo y eficiencia, o un vehículo ultra contaminante… o un sistema doméstico de iluminación que arroja un consumo superior al de muchas calefacciones. Precisamente hay vías de reciclaje y recuperación para poder darle una nueva vida a esos utensilios desfasados y poco sostenibles, consiguiendo reducir el consumo y, como consecuencia, la contaminación.

Otra de las alternativas, cada vez más viable, es la de dotar a nuestra vivienda de un sistema de generación de energía. Por la naturaleza de la mayoría de las regiones de nuestro país, la obtención de energía solar o eólica son los métodos más aconsejables, aunque también necesitaremos invertir en un sistema de acumulación, para que esa energía pueda ser almacenada hasta el momento de su demanda.

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En viviendas unifamiliares la opción de la generación de energía solar es una buena alternativa

Una sociedad se compone de individuos

Resulta a veces desolador pensar que, como somos millones de humanos y no todos están por la labor de realizar este tipo de cambios en su vida, nuestro esfuerzo va a servir de poco o nada a la hora de emprender algunos cambios en nuestras actividades cotidianas. Nada más lejos de la realidad: es responsabilidad de cada uno de nosotros realizar actuaciones responsables y, en la medida de lo posible, difundir estas ideas.

Nuestra sociedad ha demostrado ser un mega conjunto de vasos comunicantes y que, cuando un organismo microscópico se escapa de la ciudad de Wuhan (daremos por válida esa teoría para este ejemplo), afecta con una pandemia a todo el planeta. De la misma manera, la suma de varios comportamientos responsables puede conseguir “viralizar” en la globalidad de la sociedad. Por lo menos hay que intentarlo.

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Este es un panorama bastante habitual en el momento actual

Los 5 cambios de la ecosotenibilidad

Os proponemos unos puntos para revisar nuestras actividades y actuaciones cotidianas para, en la medida de lo posible, transformarlas hacia unos objetivos más ecosostenibles. No se trata de eliminar de manera rotunda nuestra huella contaminante (involuntaria) si no de reducirla para mejorar nuestro entorno social y natural.

1. Ajustar la temperatura doméstica

Rebajando la temperatura de la calefacción solo 1 grado conseguimos ahorrar alrededor de un 7% el consumo de energía (gas o electricidad). Además, debemos evitar crear una “cápsula de confort” artificial insana que nos aísle del medio: en invierno hay que utilizar más prendas de abrigo que en verano. No tiene razón de ser vivir en una casa a 23 grados para salir a la calle y perder entre 10 y 20 grados de golpe. Desde el punto de vista fisiológico esto tampoco es nada bueno para nuestro sistema inmunológico, al que hacemos depender de alteraciones severas en la termorregulación.

Si se puede programar la calefacción se hay que rebajar la temperatura nocturna: según aconsejan los expertos la temperatura diurna debe estar en torno a los 20/21º y la nocturna entre 15/17º. Esto también irá en función de la actividad doméstica, porque no es lo mismo una persona que trabaja sentada durante varias horas a otra que se encuentra realizando movimientos diversos por el hogar.

Tan importante como generar calor (o frío) es poder mantenerlo el mayor tiempo posible: la inversión en sistemas de aislamiento (ventanas, revestimientos…) puede llegar a reducir nuestra factura energética hasta en un 50%. Sin duda es una de las inversiones más rentables para un hogar.

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2. ¿Siempre de día?

La iluminación LED se ha de imponer al 100% en el hogar pero, aunque hayamos cambiado todas nuestras lámparas y luminarias por las más modernas y eficientes, es importante no desperdiciar electricidad para iluminar de manera innecesaria estancias donde no se necesita. Una bombilla LED de 11 vatios tiene capacidad para iluminar con la misma intensidad que una convencional de 100 vatios, pero sigue consumiendo energía mientras la tengamos encendida.

Debemos evitar pensar en lo que una bombilla consume en una hora y pensar cuánta energía gastará a lo largo de los próximos 12 meses.

En las zonas de comunicación de una casa (pasillos, recibidores, antesalas…) hay que instalar sensores de presencia, para que la iluminación se active solo cuando se detecte actividad, de manera que no puedan quedar encendidas de manera accidental.

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La iluminación incandescente convencional debe pasar a la historia

3. La reutilización

Debemos emplear los bienes materiales hasta su completa obsolescencia para evitar trasiego y desplazamiento de mercancías. Y no solo nos referimos a un electrodoméstico o a una televisión que está pasada de moda: vivimos rodeados de mensajes consumistas que nos llevan a deshacernos de una silla que está en perfecto uso, de un armario que no hace juego con el color de la pared o de unos sanitarios que parecen de la era victoriana.

Con una mano de pintura, unos clavos o tornillos, un tapizado, una limpieza profunda… conseguiremos darle nueva vida a todo tipo de mobiliario: evitaremos la fabricación innecesaria de nuevos modelos que, por norma general, hay que desplazarlos muchos kilómetros para que lleguen hasta nuestro domicilio (incremento de la huella de carbono).

Lo mismo sucede con la ropa, el calzado, los objetos de decoración… si por un lado reducimos la mano de obra de la logística y la fabricación, por otra parte favoreceremos la actividad de artesanos y profesionales de la restauración y reparación: en eso se debe basar el equilibrio del futuro.

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La restauración es una vía más sostenible que la adquisiciónn de objetos nuevos

4. Consumo parásito (fantasma)

Sin darnos cuenta estamos rodeados de infinidad de aparatos que funcionan a través de un transformador: desde una televisión, hasta aparatos de radio, ventiladores… hasta el propio cargador del teléfono móvil. Si no lo estamos utilizando, debemos intentar desconectarlo de la base de corriente, porque genera un pequeño consumo que, a lo largo del tiempo, se convierte en un consumo relevante.

Por norma general, todos los aparatos que cuando permanecen en “stand by” muestran un piloto (LED) iluminado, están consumiendo energía.

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Una vez cargado un dispositivo electrónico, desenchufaremos el transformador

5. Los desplazamientos

Con la generalización del uso de vehículos motorizados personales hemos ganado mucha libertad para organizar todos nuestros desplazamientos, sin depender de horarios ni líneas de transporte determinadas, pero no sabemos el alcance que esto tiene para nuestro medio ambiente. Por muy eléctrico o híbrido que sea nuestro automóvil, estamos empleando varios kilovatios de energía para el desplazamiento de una (o pocas) persona/s en trayectos relativamente cortos.

Hay que racionalizar el uso de nuestro transporte: en distancias cortas lo más eficiente es caminar o ir en bicicleta, dentro de las ciudades lo más razonable es utilizar el transporte público (cada vez mejor adaptado a la ecología del momento) y cuando sea imprescindible movernos con nuestro vehículo personal, organizaremos el trayecto y los horarios para que sea lo más breve y directo posible, intentando compartir con otras personas nuestro transporte.

Las modernas fórmulas de “car sharing” (vehículos compartidos) hacen plantearse a muchas personas si realmente es necesario que cada uno de nosotros adquiera uno o varios vehículos para uso personal.

El límite del absurdo de los desplazamientos lo vemos en algunas personas que se desplazan hasta un gimnasio cercano a su domicilio en automóvil ¿cuál es el límite de la racionalidad del ser humano?

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Aunque utilicemos un moderno coche eléctrico, estaremos consumiendo muchas veces energía innecesaria.

 

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