¿Puede la creatina favorecer el cáncer?

Lo que sabemos realmente sobre el estudio en ratones que se ha usado para crear una alarma que ha corrido como la pólvora entre los deportistas

Lo que sabemos realmente sobre el estudio en ratones que se ha usado para crear una alarma que ha corrido como la pólvora entre los deportistas
Lo que sabemos realmente sobre el estudio en ratones que se ha usado para crear una alarma que ha corrido como la pólvora entre los deportistas

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“Si no es verdad, al menos está bien inventado”. Esta frase que se ha usado desde hace décadas en el mundo del periodismo ha tomado otra dimensión con la llegada del clickbait y la necesidad de visualizaciones en las redes sociales.

Esta semana saltó como una bomba un titular que, se resumía tras el boca a boca en :”¿Has leído que hay un estudio que dice que tomar creatina puede provocar cáncer”? En Sport Life hemos querido dejar pasar unos días, pero ante el hecho de que la noticia no solo no frena sino que su eco sigue creciendo, hemos querido intentar aclarar realmente de qué estudio estamos hablando y si realmente hay un riesgo para las personas que estamos tomando (soy uno de ellos) creatina.

Para los que no estén tan familiarizados por este suplemento, la creatina es uno de los más utilizados y también uno de los que cuenta con más investigación y evidencia científica. Se emplea para mejorar el rendimiento en esfuerzos intensos, favorecer las ganancias de fuerza y contribuir al mantenimiento de la masa muscular. En los últimos años, además, se ha estudiado su posible utilidad en el envejecimiento saludable y en determinadas funciones cerebrales.

En este punto ha llegado esta investigación experimental que relaciona la creatina con la progresión y la metástasis de algunos tumores. Hay que dejar bien claro que un estudio que observa un efecto sobre tumores en ratones no demuestra que la creatina cause cáncer en seres humanos. Pero tampoco debe descartarse sin analizar qué se investigó, qué mecanismos se observaron y cuáles son las limitaciones de sus resultados.

La creatina: una sustancia natural que participa en la producción de energía

Antes de abordar la polémica, conviene recordar qué es la creatina. Se trata de un compuesto que el organismo fabrica principalmente a partir de determinados aminoácidos. También se obtiene mediante el consumo de alimentos como la carne y el pescado. Una vez sintetizada o ingerida, se almacena en buena medida en los músculos en forma de fosfocreatina.

Su función principal es contribuir a regenerar el ATP, una molécula esencial para proporcionar energía a las células. Este sistema resulta especialmente importante durante actividades breves y exigentes, como levantar pesas, realizar un sprint o ejecutar esfuerzos repetidos de alta intensidad.

La suplementación con monohidrato de creatina puede aumentar los depósitos musculares de creatina y fosfocreatina. Por eso, en determinadas personas, produce mejoras en el rendimiento y en la capacidad para entrenar.

La creatina no es, por tanto, una sustancia ajena al organismo ni un fármaco diseñado para estimular artificialmente el crecimiento celular. Forma parte del metabolismo energético normal de los seres humanos.

Precisamente esa participación en el metabolismo es la que hace compleja su relación con el cáncer.

¿De dónde surge la polémica sobre la metástasis? ¿Hay algo probado?

La controversia se relaciona con investigaciones preclínicas que han estudiado cómo la creatina puede influir en el comportamiento de las células tumorales.

Uno de los trabajos citados en este debate investigó el efecto de la creatina sobre la metástasis en modelos de cáncer colorrectal y de mama en ratones. Los resultados indicaron que una mayor disponibilidad de creatina podía favorecer la diseminación tumoral en determinados modelos experimentales. Los investigadores propusieron mecanismos relacionados con la utilización de la creatina por las células tumorales y con la activación de procesos que facilitan su migración e invasión.

Más recientemente, se ha difundido también una investigación que estudia el efecto de la suplementación exógena con creatina sobre la metástasis mediante mecanismos relacionados con la activación plaquetaria en diferentes modelos de ratón. Este tipo de resultados ha contribuido a reavivar la preocupación en redes sociales.

Es importante distinguir tres conceptos que a menudo se mezclan:

  • Carcinogénesis: aparición y desarrollo de un cáncer.
  • Progresión tumoral: crecimiento de un tumor ya existente.
  • Metástasis: propagación de células tumorales desde el tumor original hacia otros órganos.

Que una sustancia pueda influir experimentalmente en la metástasis no significa automáticamente que sea capaz de iniciar un cáncer en una persona sana.

Hasta la fecha, no puede afirmarse que la creatina sea una causa demostrada de cáncer en humanos. Tampoco existe base suficiente para asegurar que todos los tumores reaccionen de la misma manera ante ella.

¿Qué hay detrás del estudio en ratones?

La investigación con animales es una fase habitual del desarrollo científico. Antes de estudiar determinadas hipótesis en humanos, los investigadores utilizan modelos celulares y animales para comprender mecanismos biológicos que serían difíciles o imposibles de analizar directamente en pacientes.

En el caso de la creatina y el cáncer, los estudios experimentales tratan de responder preguntas como estas:

  1. ¿Las células tumorales utilizan la creatina para obtener energía?
  2. ¿La disponibilidad de creatina modifica su capacidad de desplazarse o invadir tejidos?
  3. ¿Puede influir en la comunicación entre las células tumorales y el sistema inmunitario?
  4. ¿Interviene en la actividad de las plaquetas o en otros procesos relacionados con la diseminación tumoral?

La creatina participa en el metabolismo energético de muchas células. Los tumores, por su parte, necesitan más energía y recursos para crecer, sobrevivir y, en algunos casos, extenderse a otros tejidos. Es razonable, por tanto, estudiar si los cambios en el metabolismo de la creatina tienen consecuencias sobre el comportamiento tumoral.

Pero identificar un mecanismo biológico plausible no equivale a demostrar un riesgo clínico.

Un modelo de ratón puede utilizar células tumorales implantadas, animales modificados genéticamente o dietas experimentales que no reproducen necesariamente la exposición habitual de una persona que toma tres o cinco gramos de creatina al día.

Además, los tumores inducidos o implantados en animales pueden presentar características diferentes de los cánceres humanos que se desarrollan a lo largo de años. La respuesta también puede depender del tipo de tumor, de su localización, de la genética del animal y de su sistema inmunitario.

Por ello, los resultados sirven para generar hipótesis y orientar futuras investigaciones, pero no permiten trasladar directamente una conclusión a toda la población.

¿Se pueden aplicar los resultados a los seres humanos?

La respuesta breve es: no de forma automática.

Para saber si la creatina aumenta el riesgo de cáncer o de metástasis en humanos sería necesario disponer de estudios clínicos y epidemiológicos adecuados. Entre otras cuestiones, habría que analizar:

  • Cuántas personas consumen creatina y durante cuánto tiempo.
  • Qué dosis utilizan.
  • Qué tipos de cáncer presentan.
  • Si existen diferencias entre consumidores y no consumidores.
  • Qué otros factores de riesgo intervienen.
  • Si el consumo se produce antes o después de un diagnóstico oncológico.
  • Si la creatina modifica realmente la evolución de algún tumor en pacientes.

Los estudios en animales no proporcionan por sí solos esta información.

Además, hay una cuestión fundamental: la dosis y la forma de exposición importan. Un animal puede recibir una cantidad de creatina proporcionalmente elevada o mantener una exposición continua que no sea equivalente a la de un consumidor humano.

También hay que distinguir entre tomar creatina cuando no existe un cáncer y tomarla cuando ya se ha diagnosticado un tumor. En el segundo caso, la biología del cáncer, los tratamientos recibidos y el estado general del paciente pueden cambiar sustancialmente la situación.

Por ahora, los resultados experimentales deben interpretarse como una señal que merece investigación, no como una prueba de que la creatina provoque cáncer o favorezca la metástasis en las personas.

Una cuestión que complica aún más el debate: la creatina también se investiga por sus posibles efectos antitumorales

La literatura científica no presenta una imagen completamente uniforme.

Algunos estudios experimentales han planteado que la creatina puede ayudar a determinadas células inmunitarias, especialmente los linfocitos T, a mantener su actividad antitumoral. En ciertos modelos, este efecto podría contribuir a limitar el crecimiento de tumores.

Una revisión sobre el metabolismo de la creatina y el cáncer recoge precisamente esta dualidad: por un lado, la creatina podría favorecer determinados procesos tumorales en algunos contextos; por otro, también podría reforzar mecanismos inmunitarios que participan en la respuesta contra el cáncer.

Esto no significa que la creatina sea un tratamiento contra el cáncer. Los resultados experimentales no permiten recomendarla como terapia oncológica.

Lo que muestran es que su función biológica puede ser más compleja de lo que sugieren los titulares. El efecto final podría depender del tipo de célula, del entorno tumoral, del sistema inmunitario y de la disponibilidad de nutrientes.

En ciencia, una misma molécula puede tener efectos diferentes según el tejido y las circunstancias. Por eso, no es correcto convertir un único resultado experimental en una conclusión universal.

¿Puede ser peligrosa una dosis excesiva de creatina?

La creatina monohidratada es, en general, un suplemento bien estudiado y con un perfil de seguridad favorable cuando se utiliza en las cantidades habituales y en personas sanas.

Sin embargo, eso no significa que tomar más sea siempre mejor ni que todas las personas puedan utilizarla sin precauciones.

Las dosis habituales de mantenimiento suelen situarse en torno a 3-5 gramos al día. Algunas estrategias incluyen una fase inicial de carga, con cantidades superiores durante varios días, pero esta fase no es imprescindible para obtener beneficios a largo plazo.

Un consumo excesivo puede provocar molestias gastrointestinales, como hinchazón, diarrea o malestar abdominal. También puede aumentar el peso corporal debido a una mayor retención de agua dentro del músculo.

En personas con enfermedad renal previa, problemas médicos complejos o tratamientos que afecten a la función renal, conviene consultar con un profesional sanitario antes de utilizar creatina. No debe asumirse que un suplemento es adecuado para cualquier persona simplemente porque se venda sin receta.

También es importante diferenciar la creatina de la creatinina. La creatinina es un producto del metabolismo que se utiliza como marcador indirecto de la función renal. La suplementación con creatina puede modificar sus valores en algunas circunstancias, lo que debe interpretarse correctamente en una evaluación médica.

Respecto al cáncer, no hay pruebas clínicas suficientes para establecer que una sobredosis de creatina provoque tumores. Pero tampoco es razonable utilizar dosis muy elevadas sin una justificación clara, especialmente cuando no aportan beneficios demostrados.

¿Qué deberían hacer quienes ya toman creatina?

Para una persona sana que utiliza creatina monohidratada en dosis habituales, los estudios disponibles no justifican afirmar que deba abandonar automáticamente el suplemento por miedo a desarrollar cáncer.

La decisión puede depender, no obstante, de sus circunstancias personales. Si existe un diagnóstico de cáncer, antecedentes médicos relevantes o un tratamiento oncológico en curso, es preferible consultar con el oncólogo antes de continuar o iniciar la suplementación.

En ese contexto, la cuestión no es únicamente si la creatina puede influir en un mecanismo tumoral, sino también si puede modificar la respuesta al tratamiento, los marcadores analíticos o el estado nutricional del paciente.

Conviene, además, desconfiar de los mensajes extremos: tanto de quienes aseguran que la creatina es completamente inocua en cualquier situación como de quienes presentan un estudio en ratones como una prueba definitiva de que causa cáncer.

Conclusión: una señal científica que no debe convertirse en alarma

La polémica sobre la creatina y la metástasis nace de resultados experimentales que sugieren que esta sustancia puede influir en determinados procesos relacionados con la progresión tumoral en modelos animales.

Es un asunto que merece investigación, especialmente para comprender mejor el metabolismo de las células cancerosas y la relación entre nutrientes, sistema inmunitario y diseminación tumoral.

Pero hay una diferencia esencial entre observar un efecto en ratones con cáncer experimental y demostrar que la creatina causa cáncer o metástasis en seres humanos. En la actualidad, esa última afirmación no está respaldada por evidencia clínica suficiente.

La creatina sigue siendo un suplemento con una amplia base de investigación en el ámbito deportivo. Las dosis habituales de mantenimiento, especialmente de creatina monohidratada, se consideran generalmente bien toleradas en personas sanas. Aun así, utilizar cantidades excesivas carece de sentido práctico y puede aumentar el riesgo de efectos adversos.

La mejor respuesta ante este tipo de noticias no es ignorarlas ni entrar en pánico. Es analizar el estudio original, comprobar qué se investigó realmente, conocer sus limitaciones y esperar a que los resultados se contrasten en humanos.

La ciencia no ha demostrado que la creatina provoque cáncer. Lo que sí ha demostrado la investigación experimental es que su relación con el metabolismo tumoral merece seguir estudiándose.