Ventajas de hacer pan casero

La comida casera suele tener muy buena reputación y hacer pan casero no podía ser menos.
Noelia Hontoria -
Ventajas de hacer pan casero
Hacer pan casero es una buena idea para contar con ingredientes naturales y de calidad.

Hacer pan casero es mucho más que una moda. Es cierto que la mayoría no suele tener tiempo para dedicarlo a la casa y que el ritmo de vida se ha acelerado muchísimo respecto a épocas anteriores, pero dentro de esta vorágine de estrés y obligaciones, no deberíamos olvidarnos de mantener una correcta alimentación, sana y natural por encima de todo.

Y si hablamos de alimentación, unos de sus básicos es el pan. Por ello, hacerlo casero es una idea estupenda para consumir el mejor tipo de pan siempre y claro, eso sí, que utilicemos los ingredientes adecuados y de calidad.

¿Por qué deberíamos empezar a hacer pan casero?

Dejando de lado el pan congelado que nos venden en ciertos supermercados, muchas panaderías nos dan pan elaborado cada mañana. Sin embargo, hacer pan casero en casa está a otro nivel.

La posibilidad de elegir tú mismo los ingredientes naturales, darle el toque final que más te guste (con más o menos miga, con más corteza o con menos, en forma de baguette o redondo, etc.) y optar por la calidad son las principales razones para hacer pan casero.

Ventajas de hacer pan casero

Con el pan casero sabes lo que estás comiendo.

Además, podemos elegir algún tipo de acompañamiento, como por ejemplo, semillas de linaza o chía o incluso frutos secos como nueces. Hay muchas recetas para hacer pan en casa que incluyen también este tipo de ingredientes especiales, con lo que el valor nutricional aumenta.

Pero al igual que le podemos añadir ingredientes, también se los podemos quitar si nuestra salud así lo necesita. Por ejemplo, podemos hacer pan bajo en sal o integral si tenemos hipertensión o diabetes, respectivamente, por no hablar de pan sin gluten.

Receta de pan casero

Por otro lado, hacer pan casero es muy barato. Aunque hay varias formas de prepararlo, los ingredientes más habituales suelen ser agua, harina, levadura y sal.

Para llevar a cabo la receta más sencilla, mezclamos 500 gramos de harina, 300 gramos de agua, 10 gramos de levadura y 10 gramos de sal, amasamos y formamos una bola que dejamos reposar durante al menos 12 horas en la nevera. Después, sacamos y volvemos a amasar, dándole la forma deseada y, a continuación, horneamos durante 30 o 40 minutos, según nuestro horno.

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