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Usain Bolt, el llamado 'hijo del viento', cumple 40 años. Se retiró en agosto de 2017, tras el Mundial de Londres, pero su legado es eterno. Logró ocho oros olímpicos, tres de ellos hace justo diez años, en los Juegos de Río 2016, a los que hay sumar once preseas doradas en Mundiales y 24 victorias en la Liga Diamante. Además batió tres récords del mundo: 9.58 en 100; 19.19 en 200; y 36.84 en 4x100. Los tres aún vigentes.
Su físico imponente, con 1,95 metros y un torso musculado, atemorizaba a los rivales, que sabían que compitiendo contra él las posibilidades de victoria eran mínimas. Todas pasaban porque ellos rozaran las perfección y el jamaicano no tuviese su día o andase renqueante de alguna molestia. Por eso, para el recuerdo quedan algunas de sus gestas, como aquella del 16 de agosto de 2009 en el Estadio Olímpico de Berlín, donde paró el crono en los 100 metros lisos en 9.58, alcanzando en el pico de máxima velocidad 44.72 kilómetros por hora, un registro al que hasta ahora nadie se ha acercado. La progresión de Bolt como atleta fue meteórica aunque ya de pequeño, por sus aptitudes y cualidades se veía que podía triunfar en el atletismo, pese a tener una pierna más corta que otra.
Nació con una desviación en la columna que causó que su pierna izquierda fuese 1,5 centímetros más corta que la derecha. Nació el 21 de agosto de 1986 en Sherwood Content, una pequeña localidad de Trelawny (Jamaica), dónde creció junto a sus padres, Wellesley y Jennifer Bolt, y sus hermanos Sadeeki y Sherine. Allí, sus padres regentaban una pequeña tienda de alimentación en la zona rural mientras Bolt pasaba el tiempo jugando al críquet y el fútbol. En la escuela Waldensia es dónde entró en contacto con el atletismo por recomendación de sus profesores, que vieron la superioridad que tenía en las carreras respecto al resto de niños.
De esta forma, y tras ganar todas las carreras locales a las que acudía, fue reclutado por la Federación Jamaicana para competir a nivel internacional, ganando su primera prueba en 2002, con 15 años, en los 200 metros lisos del Mundial Juvenil que se celebró en Kingston. Tal fue su progresión que en 2004 le convencieron para que acudiese a los Juegos de Atenas con apenas 17 años pero la experiencia no fue la mejor. Se lesionó en la ronda clasificatoria de los 200 metros lisos, llegó a meta en un tiempo de 21.05 y la prensa de Jamaica lo calificó de 'blando y cobarde'. Él reconoció que esa experiencia fue "horrible" y le llegó "pronto". Ese sinsabor no minó sus ganas por triunfar, aunque tenía las cosas claras.
Rechazó becas de universidades de Estados Unidos para estudiar y entrenar allí, pero lo que sí hizo fue cambiar de entrenador y ponerse en manos de Glen Mills, que poco a poco fue cimentando el diamante en bruto que tenía entre manos para convertirlo en una estrella. Lo primero que hizo fue llevarlo a Alemania para que lo viera el doctor Hans Muller-Wolhlfahrt, para que examinase su problema en la espalda. Le detectaron escoliosis y, a partir de ese diagnóstico, Mills modificó su rutina de entrenamientos. El cambio se vio en 2008. Primero, cuando batió el récord del mundo de los 100 metros y, después, en los Juegos Olímpicos de Pekín, en los que logró la victoria en los 100 y 200 metros, batiendo además la plusmarca en el doble hectómetro de otra leyenda, el estadounidense Michael Johnson, lograda en Atlanta'96. De esta forma, inició un reinado que se prolongaría casi diez años más, hasta su retirada en 2017, teniendo su punto álgido esos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, en los que hizo el 'triple-triple' en los 100 metros, los 200 y el relevo 4x100 que le igualó a otras 'leyendas' como el finlandés Paavo Nurmi y al estadounidense Carl Lewis. "Usain Bolt fue como Ali, irreemplazable.
Después hubo grandes púgiles pero ninguno como él", dijo pasado el tiempo el británico Sebastian Coe, presidente de World Athletics y exatleta profesional. Tras su retirada, Bolt trató de probar suerte en el fútbol, llegando a entrenar con el Borussia Dortmund alemán o el Central Coast Mariners australiano pero sus aptitudes no eran las mismas para el dominio del balón que para la velocidad. Lo que sí mantiene el jamaicano, como reconoció a EFE en una entrevista en el Mundial de atletismo de Tokio 2025, es el cariño de todos los aficionados al atletismo, que lo ven como "una leyenda", algo que le gusta y para lo que "ha trabajado siempre" desde su época como deportista profesional.










