No hay para los amantes del fútbol cita en el calendario más ilusionante que la fase final de la Copa del Mundo. Podemos afirmar que los mundiales son más que simple competición futbolística. Son una fuente de recuerdos que acompañarán toda la vida. Todos recordamos ese primer mundial que nos marcó en la infancia o en la juventud. Los goles de Paolo Rossi en España 82; el vuelo de Butragueño ante Dinamarca, el penalti de Eloy y la consagración de Maradona en México 86; la nariz rota de Luis Enrique en EE. UU. Los besos del Blanc a su portero Barthez en Francia 98 o el momento de gloria para España con Iniesta en Sudáfrica 2010. Decenas de momentos que marcaron la historia de cada apasionado del balón.
La cita de Estados Unidos, México y Canadá se ha convertido en el Mundial más caro de la historia
Y es que no hay sueño más grande que poder animar a tu país en una fase final mundialista. Los aficionados hacen verdaderos esfuerzos por llevar los colores de su selección a las gradas de los estadios. Avión y hotel se antojan como gastos insalvables, pero ¿qué ocurre con las entradas? Si el fútbol es el deporte más popular, ¿cómo casa con esto tickets a miles de euros?
La cita de Estados Unidos, México y Canadá se ha convertido en el Mundial más caro de la historia. La entrada más barata para el partido inaugural rondaba los 1000 euros, y los precios seguirán subiendo para las siguientes rondas, pues el sistema de venta se asemeja más a una subasta que a una taquilla deportiva. La FIFA ha tomado el control total sobre la venta de los tickets para transformarlos en lo que ha denominado “precios dinámicos”, lo que supone que los precios de salida irán aumentando conforme se acerque el partido. Para colmo, los aficionados no pueden escoger asiento, únicamente la categoría de su entrada, lo que también es susceptible de variación en función de la demanda. Un auténtico sudoku de precios que nos llevan a más de 2000 euros para ver la final en la grada más económica, a más de 10 000 para una butaca de categoría 1 y a 30 000 € para un asiento VIP. Reventa aparte, pues el portal autorizado por FIFA no baja de 15 000 euros en las entradas que los usuarios suben a la plataforma.
¿Y los partidos de fase previa?
Y la final es el menor de los problemas. Más peliagudo es que un partido de fase previa entre países debutantes en un mundial suponga un desembolso de 1500 euros para el ilusionado hincha que ha esperado este instante durante décadas. Dependiendo de la sede, el precio puede variar, por lo que algunos suspiran aliviados sabiendo que su selección juega en México o en Canadá en vez de en una gran urbe estadounidense, donde habría que sumar noches de hotel a una media de 500 euros y, por ejemplo, un tren a 85 euros para unir Nueva York con el MetLife Stadium.
Para haceros una idea. Si queréis apurar y asistir al partido de España ante Cabo Verde, con suerte podrás encontrar un pase a 2200 euros antes de ir a la reventa.
Con todo ello, la FIFA aspira a ingresar en esta edición 2604 millones de euros, pero el ambiente futbolero del Mundial sufre el riesgo de resentirse. A estas alturas, sabemos bien que los negocios han inundado el mundo del deporte, pero la Copa del Mundo siempre ha sido una gran fiesta, y con esta evolución muy pocos serán los invitados a la misma.







