El haitiano Ralf Ettiene es uno de esos ejemplos de como el deporte puede cambiar la vida de una persona con el telón de fondo de los Juegos Paralímpicos, el mayor escaparate a nivel global de las personas con discapacidad para mandar al mundo un mensaje de esperanza, superación y fuerza de voluntad. El 12 de enero de 2010, Haití se fundió en negro. Ese día, a escasos 15 kilómetros de Puerto Príncipe, un terremoto de escala 7,0 sacudió el país dejando 222.570 muertos, según un informe oficial del gobierno con apoyo de organismos internacionales como la ONU.
Fue el terremoto más fuerte sucedido en el país desde el acontecido en 1770. Uno de los afortunados supervivientes fue Ralf Ettiene (Miragoane, 1989), que en ese momento tenía 21 años y que ahora, a los 36 años, ha cumplido "un sueño", según declara a EFE con una sonrisa tras terminar su participación en el gigante de los Juegos Paralímpicos de Milán Cortina. Ettiene ha entrado en la historia del deporte haitiano como primer deportista de su país en unos Juegos Paralímpicos cuatro años después de que su compatriota Richardson Viano hiciese lo propio en el eslalon de los Juegos Olímpicos de Pekín 2022. "Solo he esquiado ochenta días en toda mi vida, pero ahora mismo no me preocupan los resultados, solo quiero esquiar bien y hacer un buen trabajo. Quiero que cuando la gente me vea les dé esperanza mi historia", declara en la pista de Cortina d'Ampezzo, con el imponente escenario de los Dolomitas de fondo.
El esquiador haitiano debutó en el gigante, en la categoría LW2 de discapacitados físicos que compiten a pie, con una primera bajada en un tiempo de 1:37.34. En la segunda, cuando ya había pasado el tercer parcial del recorrido, se cayó. No fue el único, ya que hasta otros nueve rivales también se fueron al suelo por la mala condición de la nieve por el sol y las altas temperaturas. Una vida bajo los escombros Ralf Ettiene sobrevivió al terrible terremoto de 2010. En el momento del temblor se encontraba dentro de un edificio de hormigón que se derribó por completo y le dejó enterrado durante casi ocho horas hasta que pudo ser rescatado con vida. Las secuelas fueron tremendas a nivel físico ya que durante unos días su vida corrió peligro y al final terminó perdiendo la pierna. "Si sobrevivo a esta tragedia dedicaré mi vida a los demás". Esa fue la promesa que se hizo cuando tuvo que recomponer su vida tras la tragedia. Hasta ese momento tenía un periódico y una revista, presentaba un programa de radio y dirigía una productora.
El trabajo sobre el terreno que realizaron médicos y voluntarios llegados de todas las partes del mundo le hicieron replantearse su vida. Tras recibir una invitación del doctor Gregory Adamson para ponerle una prótesis se fue a Estados Unidos y allí, animado por él, decidió ponerse a estudiar medicina. Se marchó a Nueva Jersey para estudiar en una universidad pública pero, sin casi recursos, pasó unos años viviendo de la hospitalidad de los amigos que se fue haciendo. Con el paso del tiempo obtuvo una beca para estudiar en la Universidad de Anderson, en Indiana, y tras graduarse regresó a Haití. Quería ayudar a sus paisanos. Es algo que tenía claro y que se fue traduciendo en diferentes iniciativas, quizá la más llamativa la de recoger 40.000 gafas por diferentes ópticas que iban a desecharlas para distribuirlas entre personas necesitadas.
Su compromiso fue un paso más allá al fundar una ONG para ayudar a las víctimas del huracán Matthew en 2016, justo al momento que comenzó a estudiar un Máster en inversiones financieras. Esos estudios le permitieron recibir una oferta para trabajar en el Banco de América en Nueva York en el departamento de inversiones. Entre tanto, en un viaje con compañeros al lago Tahoe, conoció la nieve y, aunque no pudo esquiar al no saber y no contar con el material necesario para su discapacidad, se quedó prendado. Sin embargo, lo que le cambió la perspectiva fue conocer al exesquiador paralímpico Monte Meier, ganador de varias medallas en Juegos y que en ese momento era entrenador. Ralf comenzó a asistir a sus entrenamientos en Park City, en Utah, hasta que hace un año, con el endurecimiento de las visas de entrada y residencia de Donald Trump, encontró una solución a su probable deportación. El banco le permitió teletrabajar desde Londres y se mudó a la capital inglesa como experto en banca de inversión, pudiendo viajar los fines de semanas a Suiza para esquiar. Para financiar su viaje a los Juegos Paralímpicos, Étienne lanzó una campaña de recaudación de fondos.
Esto, junto con el apoyo del programa de movilidad del Comité Paralímpico Internacional, le ha permitido competir durante la última temporada y ganar experiencia en el circuito mundial. "Ser el primer atleta paralímpico de invierno de Haití es genial pero no es fácil. Soy el embajador del país, al ser el único, y quiero cambiar la percepción que la gente tiene de nosotros. Cuando la gente ve Haití ve caos, así que yo quiero mostrarles excelencia, liderazgo, resiliencia y trabajo duro", apunta. "Espero tener la oportunidad de seguir dando visibilidad a mi país esquiando muy bien, siendo un buen compañero de equipo y un buen deportista. Simplemente quiero hacer un buen trabajo y contribuir a la belleza de los Juegos Paralímpicos. También quiero mostrar a los jóvenes de mi país que hay esperanza, porque soy de Haití, tengo una discapacidad y puedo estar aquí, así que ellos pueden hacer lo que quieran", comenta. La sonrisa que luce a cada paso que da es también un buen recuerdo que deja Ralf de su paso por estos Juegos. La gente le para, se preocupa por él y, con la cercanía que transmite, devuelve el cariño recibido. EFE drl/jpd (foto)

