De sobra sabíamos que en Estados Unidos nos íbamos a encontrar pepinillos en cualquier menú. Este jugoso fruto de la Cucumis sativus que se cosecha sin madurar y se conserva en vinagre aparecerá sin duda dentro de la hamburguesa, como guarnición de la carne, sobre el Hot Dog, en el sándwich de pollo frito, mezclado en la ensalada de patata o incluso rebozados en el sur del país. Pero lo que nadie hubiera imaginado es que pudiera surgir también en las bebidas utilizadas por los deportistas para evitar la aparición de calambres durante los partidos. Tanto es así, que el jugo de pepinillo con sales minerales se ha convertido en viral dentro y fuera del campo, donde los propios aficionados compran botellas para hidratarse y rendir en la grada como las estrellas de sus propios combinados nacionales.
Sobre el césped, hemos podido comprobar su eficacia. Tanto el árbitro alemán Felix Zwayer como el jugador canadiense Ismaël Koné recurrieron a este remedio de pepinillos en mitad de un encuentro mundialista. Toda una innovación en la nutrición deportiva que parece más un remedio casero que una magistral fórmula de los mejores dietistas y que ya hemos visto usar a Carlos Alcaraz, entre otros deportistas de alto nivel.
Pero deberéis saber que, aunque parezca una tendencia novedosa, su base científica se fraguó en la Universidad de Texas allá por el año 2010. El equipo del doctor Miller presentó un estudio en el que se afirmaba que la ingesta del líquido en el que se conservan los pepinillos (un mililitro por kilo de peso corporal) produce un alivio casi inmediato de los calambres, deteniéndose el espasmo muscular en una media de noventa segundos.
Por lo que apuntan los expertos, los calambres no están tan relacionados con la falta de hidratación (aunque lo están) como con el sistema nervioso. Las neuronas motoras alfa, nervios que se comunican con los músculos y les indican cuándo contraerse, aumentan su actividad con la fatiga, por lo que el músculo tiende a contraerse de manera prolongada al recibir esa señal ininterrumpida, el temido calambre.
Y sobre esas neuronas actuaría el líquido de los pepinillos. Su sabor propio, el del ácido acético, estimulará los receptores situados en la parte posterior de la garganta y provocará un reflejo nervioso capaz de disminuir la actividad de las células cerebrales. Si las alfa se relajan, también lo hará el músculo.
Con independencia del control que deberemos tener sobre el exceso de sal de este tipo de líquidos, y no perdiendo de vista que la hidratación continúa guardando un papel imprescindible para hacer llegar el suficiente flujo sanguíneo a los músculos, tendremos en consideración a esta fácil bebida como un medio de reducir los calambres.
Este mundial con sabor a pepinillos no deja de sorprendernos.







