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Todos los que amamos el deporte tenemos claro que el doping es una lacra que corrompe los mejores valores. Y a los que nos gusta el ciclismo, sabemos bien lo que puede llegar a manchar un deporte las practicas dopantes. Todos queremos que triunfo la lucha contra el dopaje pero como todo en la vida hay límites. Lo que ha denunciado la ciclista Valentina Caballar no tiene justificación alguna. Horas después de la muerte de su madre recibió la visita de los responsables del anti-doping, que le hicieron pasar la prueba en la habitación contigua en la que estaba el cadaver de su progenitoria. Lo lógico sería que al encontrarse la situación, hubiera dado el pésame a la ciclista y ya volverían otra día para la prueba. Lamentable.
Valentina Cavallar, 25 años, fue olímpica en remo en los Juegos Olímpicos de Paris 2020 para pasarse luego al ciclimo y ahora mismo milita en el SD Worx, siendo octava en el la última edición del Giro de Italia.
Por su interés reproducimos aquí traducido al castellano y en su integridad el post de Instagram en el que Valentina denuncia los hechos:
Por motivos personales y familiares, tuve que poner fin a mi temporada antes de lo previsto tras el Tour de Francia de este año. Normalmente prefiero mantener mi vida privada alejada de la atención pública, pero siento que esto es algo importante que debo compartir.
Perder a mi madre en septiembre ha cambiado para siempre mi forma de ver la vida. Puedes pasar gran parte de tu vida persiguiendo objetivos, superando tus límites y midiendo el éxito en resultados, victorias y logros.
Pero perder a alguien a quien quieres te hace darte cuenta de lo poco que importa todo eso al final. La vida no consiste en cuánto consigues, en el éxito que alcanzas ni en cuánta gente conoce tu nombre. Se trata de las personas a las que quieres, de los momentos que compartes y de los recuerdos que creas.
Siempre he sabido lo importante que es mi familia para mí, pero creo que nunca llegué a comprender de verdad hasta qué punto lo era hasta que tuve que aprender a vivir sin mi madre. Lo que hizo que esta experiencia fuera aún más dura fue que, apenas unas horas después del fallecimiento de mi madre, tuve que someterme a un control antidopaje en casa, en la habitación contigua a aquella en la que ella yacía.
Entiendo la importancia del deporte limpio y siempre he respetado la responsabilidad que conlleva ser deportista profesional. Pero, en aquel momento, claramente no estaba pensando en el ciclismo, la competición ni mis responsabilidades como deportista. Era una hija que acababa de perder a su madre.
Tener que afrontar un control antidopaje en esas circunstancias fue profundamente doloroso, totalmente fuera de lugar y una falta de respeto hacia mi familia. Fue un momento que me hizo reflexionar sobre lo fácil que es olvidar que, detrás de cada deportista, hay un ser humano con una vida, una familia y unas emociones que no desaparecen sin más cuando comienzan las obligaciones del deporte profesional.
Creo en el deporte limpio. Pero también creo que nunca debemos olvidar la humanidad, la compasión y el respeto.







