Por qué una final del Mundial puede cambiar el ánimo de todo un país durante generaciones

España y Argentina disputan un partido que trasciende el fútbol y se convierte en un acontecimiento histórico, social y emocional para millones de personas.

Por qué una final del Mundial puede cambiar el ánimo de todo un país durante generaciones. (Imagen generada con IA)
Por qué una final del Mundial puede cambiar el ánimo de todo un país durante generaciones. (Imagen generada con IA)

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Para cualquier país del mundo en el que el fútbol signifique algo, y son muchos, coronarse campeón en la final de un Mundial es algo más que un simple título deportivo. No es un tema menor. Como dijo alguien en pleno momento de inspiración, el fútbol es lo más importante de lo menos importante.

Una nación, o mejor si cabe, las personas que la componen, ve en la Copa del Mundo la máxima consagración de su identidad. Un motivo de orgullo y una forma de cohesión nacional. Cierto que otros aspectos de la sociedad como la educación, la sanidad o la vivienda deberían ser los objetivos por los que un país sacara pecho, pero no puede negarse que el componente emocional del deporte rey sitúa a los éxitos de la selección a una altura inimaginable para conseguir que el pueblo se sienta orgulloso de sí mismo.

La final que se disputará en Nueva York trasciende lo estrictamente deportivo para alcanzar la cota de fenómeno social. Para los organizadores es un tema económico sin precedentes; para algunos es un factor político, pero para los aficionados es algo más importante aún. Se trata de un pedazo de su propia historia que contarán a sus nietos.

España y Argentina se paralizarán por completo durante las dos horas que dure la final. Todo el país se colocará bajo su bandera y animará a los suyos como si pudieran ser oídos por los jugadores sobre el césped. Mal harán algunos en querer monopolizar el sentimiento o los colores. La final es de todos y todas, sin excepciones.

Pasados los años, todos nos acordaremos de dónde estábamos el día de la final. Y lo más importante, con quién.

El equipo que consiga levantar el trofeo habrá elevado el ánimo de toda una nación. Los problemas reales se aparcarán por unas horas. No es solución de nada, pero así es. Lo más importante es que dejará un sentimiento de orgullo que perdurará en varias generaciones. La estrella no solo llegará al escudo de una camiseta. Toda la marca del país la lucirá durante largos años. Si además sirve para que la sociedad prospere, habrán merecido la pena todos los nervios previos al pitido inicial.

Pasados los años, todos nos acordaremos de dónde estábamos el día de la final. Y lo más importante, con quién. La copa es más que un partido. Disfrutémosla con deportividad y saquemos del resultado final lecciones valiosas. ¡Vamos a levantarla entre todos!

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