El héroe anónimo

Jaime Garcia, ha querido compartir con nosotros esta emocionante historia de su particpación en el Iornman más duro del mundo, no perdais detalle, os gustará
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El héroe anónimo
El héroe anónimo

 Chicos, ya estamos de vuelta.

¡Qué experiencia! ¡Alucinante! Estoy todavía en una nube, borracho de esta maravillosa locura que se llama Embrunman.

"Llegamos a los Alpes el martes, después de un maratoniano viaje de más de 12 horas. Allí nos estaba esperando Carlos Ramírez para hacer de maestro de ceremonias y descubrirnos algunos secretos de esa prueba que él conoce tan bien.

La climatología es cambiante, por el día hace calor pero por la tarde.... se cubre y cae agua con fuerza bajando las temperaturas. Las previsiones para el viernes son contradictorias, así que también tendremos que preparar ropa por si hace frío y llueve. Cada vez lo tenemos más claro, la noche del jueves no llueve ¡Diluvia!.

Nos levantamos antes de las cuatro de la mañana y está todo cubierto, no para de llover.

Llegamos a boxes  y descubrimos las bicis caladas. Coloco todo para las transiciones procurando dejar la ropa seca bien protegida para que no se moje cuando venga a por ella.

Me pongo el neopreno y voy a buscar a Carlos para salir con él, pero no está en su box, así que me dirijo a la salida solito. Aquí me habría venido bien la corpulencia de Carlos, entre franceses altísimos y fuertes, me coloco yo, pequeñín, indefenso....me da mi,  que van a dar hasta en el carnet. 

Falta un minuto para la salida y todavía es de noche, voy a nadar a ciegas, pero mi mayor preocupación no es la oscuridad del agua, sino no castigarme en exceso........ porque el día va a ser muy largo. 

No puedo evitarlo, de repente soy totalmente consciente de dónde estoy y, aun protegidos por mis gafas de natación, los ojos se me ponen vidriosos. Me digo: "¡Si señor, esto es el Embrunman!", un intenso escalofrío corre por dentro del neopreno y pienso: "¡Vamos, Jaime, coño!, ¡eres una puta máquina y estás aquí para demostrarlo!"

En el agua sigo al rebaño, voy tranquilo salvo en alguno de los pasos de boya, que son estrechos y hay hostias de sobra para todo el que pase por allí. Pienso en positivo: si hay golpes es que va mucha gente, así que muy mal no debo ir. Efectivamente salgo en mis tiempos: 1:09 y controlando (puesto 580 de 1.100).Hago tranquilo la transición. Maillot seco, me pongo los manguitos y a por la bici. 

De salida el primer puerto. Todavía voy fresco así que, aunque el puerto es duro, no sufro demasiado. Allí paso a Carlos Ramírez y me da el último consejo: "Aquí lo importante no es cómo se empieza, sino cómo se acaba". Me lo grabo a fuego y tiro para adelante.

Aunque ha dejado de llover, tomo todas las precauciones bajando. 

Por el momento parece que el tiempo nos va a respetar, así que me centro en controlar mis pulsaciones y disfrutar de la carrera. 

Pasamos por un recorrido de sube y bajas continuos, que va castigando las piernas antes de afrontar el Izoard. El desfiladero que recorremos antes de empezar a subirlo es tan espectacular que me planto en el Km 75 casi sin darme cuenta. Sigue sin llover.

El Izoard es duro, muy duro, pero estoy disfrutando tanto que se me hace bastante llevadero. La gente anima sin descanso y hacen que me crezca un poco y me lo crea. ¡Jaime, vamos, a tope! 

Sin embargo llegan las malas noticias: a siete kilómetros de coronar empieza a llover. 

Llego a la Casse Déserte, donde mi padre me contaba cómo Louison Bobet se exhibió en el Tour del 53 y donde decía que los campeones debían entrar solos. 

¡Papá, cómo me gustaría que estuvieras aquí para verme entrar solo en la Casse Déserte! Dos kilómetros duros más y el Izoard es historia. 

Arriba llueve fuerte, paro para colocarme un periódico en el peccho...... y me lanzo.

Estamos a casi 2.400 metros de altura, hace frío de verdad, el agua golpea con fuerza y se me empiezan a agarrotar las piernas.

Me duelen las rodillas,¡cómo me duelen!, no tengo sensibilidad en las manos, voy tiritando y para colmo, por absurdo que parezca, cuando giro a izquierda, los cuádriceps se me ponen como piedras. 

Aprieto los dientes y digo: "¡Aquí y ahora, Jaime, este es el momento de sufrir y aguantar lo que te echen!"

Termina el descenso y salgo de Briancon. Aquí ya no llueve......... graniza. 

Veo a varios triatletas parados debajo de los tejados de alguna casa, pero yo no voy a parar. A mí, hoy, me tienen que sacar de la carretera, hoy no he venido para pararme, no, hoy no.

Voy llorando pero no sé si es de dolor, de emoción....... o de rabia.

Quedan tres puertos, auque tengo la impresión de que son más asequibles que lo que llevo. 

¡Qué error! El primero sí lo paso bien, pero el segundo.....es un muro de dos kilómetros donde me retuerzo sólo para avanzar a duras penas. 

Voy parado. Menos mal que hice caso a Antonio Alix y he regulado. Sabía de lo que hablaba en aquella conversación, por algo fue 5º aquí en 1991 (el año que ganó Scott Molina). ¡Gracias Antonio! Me diste el mejor regalo:  un buen consejo.

Lo que faltaba....... empieza a entrar viento de cara en la vuelta a Embrun y por supuesto, sigue lloviendo. 

Repechos, repechos y más repechos........A la llegada al pueblo, con 180Km en las piernas, aún queda el muro de Chalvet: 5Km durísimos donde tengo que volver a meter todo. Una bajada muy peligrosa, llena de alcantarillas y curvas de herradura donde sigo tomando todas las precauciones. No he pasado este infierno para "cascarme"  una clavícula  a 1Km de los boxes. Llevo muy buen tiempo (7horas y 40 minutos con un  puesto parcial de 299º) y no me la voy a jugar ahora.

Hago cálculos y veo que puedo bajar de 13 horas si hago la maratón en menos de 4 horas. Me pongo un ritmo de 5:15-5:30 para tener un margen cuando me llegue el bajón? que seguro llegará. 

El circuito de carrera es durísimo, con continuos repechos que se ensañan con mis  maltrechas piernas y hacen muy difícil mantener una media continua y aceptable. 

Me vienen a la cabeza tantos entrenamientos este año por La Tapia en la Casa de Campo, que sé que no puedo falla. Lo sé  porque he entrenado duro para aguantar esto. Me lo repito una y otra vez. 

Voy cumpliendo el objetivo, pero al paso de la media maratón  ya empiezo a tener que alargar el paseíllo en los avituallamientos para recuperar esa chispa que me empuje arrancar a  trotar. 

Llega lo inevitable: ya no puedo regular, qué digo de regular, bastante tengo con seguir avanzando y empiezo a sufrir como un verdadero perro. Me duele todo, lugares que nunca había sentido, y en el momento en el que ya no encuentras alivio en nada, por fin......veo de nuevo el lago, y eso significa que sólo me quedan tres kilómetros. 

¡Ya estás, Jaime, ya estás! ¡Hasta el final, a tope! Entro en la recta de meta, allí está mi amigo Angel Amado gritando "¡Vamos, Jaime, te lo mereces!", beso mi anillo, oigo los gritos de Natalia a casi dos mil kilómetros de distancia y levanto la mirada al cielo "¡Papá, Mamá, aquí estoy!". Abro los brazos y ..... ¡Lo conseguí!. 12 horas, 48 minutos y 52 segundos. Puesto final 200 con el maratón en 3:48:50. Me siento en la silla de mi box y no puedo controlarme...... me dejó llevar por la emoción.

Ahora escribo esto que leéis  dos días después y empiezo a ser consciente de lo que he hecho. Para mi es un magnífico tiempo, no entraba ni en mis mejores sueños. Aunque cada carrera, cada año, es diferente, este crono me hubiera colocado el 75º en el 2007 o el 116º en el 2006. Sé que no va a ningún sitio, pero me hace ilusión pensarlo. 

Me siento genial "¡No está nada mal para un globerillo como yo!".

Después del ladrillo, tengo que saldar mis deudas:

"Quiero agradecer este Embrunman a Natalia, por poner siempre buena cara a todos mis retos, aunque sea la principal sacrificada de toda esta locura.

Carlos Ramírez, por descubrirme esta maravillosa prueba, por dejarme presumir de que tengo un gran amigo que ya lleva finalizadas diez ediciones Embrunman y, sobre todo, por seguir siendo mi maestro de Ironman.

A Angel Amado, por compartir estos días de nervios e ilusión con tanto cariño. Muy pronto será un Ironman, todos lo veremos.

Pero por encima de todo siento la necesidad de agradecer este Ironman especialmente a mi padre. Una poliomelitis cuando tenía unos pocos meses de edad, en una España de posguerra con muy poquitos medios, le llevó a llevar unas botas ortopédicas el resto de su vida. No sabía nadar, no podía montar en bicicleta, nunca pudo correr....... Y a pesar de todo eso, o precisamente por todo eso, me enseñó a amar el DEPORTE, así con mayúsculas, sin EPOS, sin chupe de rueda, sin trampas, el deporte de verdad. Donde quiera que estés, Papá, sé que estás orgulloso de mi."

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