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Cómo preparar tu primera media maratón: cinco claves para llegar bien a los 21 km

Una media maratón se prepara con algo más que tiradas largas. Si ya corres con regularidad, un plan de 12 a 16 semanas puede ayudarte a aumentar la resistencia, practicar la alimentación en carrera y llegar con piernas frescas al día de la prueba.

Yolanda Vázquez Mazariego

3 minutos

Cómo preparar tu primera media maratón, cinco claves para llegar bien a los 21 km

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Tu primera media maratón: cinco decisiones que importan más que sumar kilómetros

 

Los 21,097 kilómetros de una media maratón exigen resistencia, pero también saber regular el esfuerzo. El error de quien debuta suele ser intentar demostrar en cada entrenamiento que ya está preparado: correr siempre más lejos, más rápido o ambas cosas a la vez.

El punto de partida cambia el plan. Si ya puedes correr unos kilómetros con comodidad, tienes una base sobre la que construir durante 12 a 16 semanas. Si acabas de empezar a correr, conviene dedicar antes tiempo a adquirir el hábito. World Athletics recomienda una preparación de al menos 12 semanas y recuerda que la distancia debe aumentar de forma gradual.

 

1. Da una función a cada salida

 

Una semana de entrenamiento no necesita tres o cuatro carreras «a tope». Para una primera media maratón, puede organizarse alrededor de rodajes fáciles, una tirada larga y días de recuperación. Cuando ya toleres esa rutina, puedes añadir una sesión controlada con cambios de ritmo o tramos al ritmo previsto para la prueba.

La tirada larga desarrolla la capacidad de sostener el esfuerzo, pero no tiene que acabar siempre con una marca personal. El plan de iniciación de la Boston Athletic Association aumenta la carga por etapas y no exige correr los 21 kilómetros completos antes del dorsal.

 

2. Construye resistencia sin acelerar todas las semanas

 

Lo que cuenta es encadenar semanas de entrenamiento que puedas asimilar. Si una tirada larga te deja varios días sin poder correr con normalidad, quizá el siguiente paso no sea alargarla, sino repetir una distancia que ya controlas. Trabajo, sueño, molestias y experiencia previa también influyen: el plan debe poder ajustarse.

En carrera, esa misma paciencia se traduce en salir a un ritmo que parezca fácil durante los primeros kilómetros. Una media maratón rara vez se mejora intentando recuperar al principio el tiempo que temes perder al final.

 

3. Reserva espacio para la fuerza

 

Piernas, glúteos, gemelos y tronco participan en miles de apoyos a lo largo de la prueba. Una o dos sesiones semanales de fuerza, adaptadas a tu nivel, pueden complementar los rodajes: sentadillas, zancadas, elevaciones de gemelos y ejercicios de estabilidad son posibles puntos de partida. Introduce las cargas de forma gradual para que la sesión de gimnasio no arruine la siguiente tirada larga. World Athletics también incluye el trabajo de fuerza en la preparación de corredores.

 

4. Ensaya cómo vas a comer y beber

 

La tirada larga sirve para probar el desayuno, los puntos de hidratación y, si vas a utilizarlos, los alimentos o geles que llevarás el día de la carrera. No existe un número de geles válido para todo el mundo: importan el tiempo que prevés estar corriendo, la intensidad y lo que tolera tu estómago.

Para esfuerzos de resistencia de entre una y dos horas y media, el Instituto Australiano del Deporte sitúa la ingesta orientativa de hidratos de carbono durante el ejercicio en 30 a 60 gramos por hora. Es un rango que se debe practicar y adaptar, no una obligación de consumir productos deportivos. Con la bebida ocurre lo mismo: prueba tu estrategia en entrenamiento y ajústala a la duración y las condiciones.

 

5. Llega descansado, no «entrenado a última hora»

 

En la semana final ya no vas a ganar la resistencia que falte. Reduce el volumen de carrera, mantén alguna salida corta para conservar las sensaciones y evita sesiones de fuerza duras o esfuerzos desconocidos. Los planes de iniciación de la Boston Athletic Association reservan esa última semana para llegar recuperado.

El día de la prueba, utiliza las zapatillas, la ropa y el desayuno que hayas probado. Y distingue el cansancio esperable de las señales que requieren atención: dolor en el pecho, mareo o dificultad respiratoria fuera de lo habitual son motivos para detener el ejercicio y buscar valoración médica. Si tienes una enfermedad previa o llevas mucho tiempo sin hacer actividad física, consulta cómo afrontar el reto antes de iniciar el plan.

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