Historias redondas: Descubre 3 aventuras deportivas increíbles

Te traemos tres aventuras increíbles en las que las bicis y sus jinetes son los protagonistas. ¿Pedaleas con nosotros?
Francisco Chico -
Historias redondas: Descubre 3 aventuras deportivas increíbles
Historias redondas: Descubre 3 aventuras deportivas increíbles

 

Por Manu Lafora

→ ¿ESTARÉ ALLÍ?
Abril 2012, googleando sobre temas de bicis me encuentro un vídeo de la Absa Cape Epic 2012, algo muy especial se mueve en mí y decido que tengo que ir. Decepción. No hay suerte con el sorteo y me quedo sin plaza... Pero consigo contactar con uno de los sponsors de la prueba y le toco la fibra. ¡Sí, sí, sí! Voy a participar en la 10ª edición de la carrera por etapas de MTB más importante del mundo. La carrera es por parejas y necesito un partner. Esta fue una de las innovaciones de los creadores de la prueba cuando la fundaron junto al lema, "Solo puedes llegar más rápido, pero acompañado puedes llegar más lejos". Son muchos días y mucha convivencia, debe ser alguien a quien conozca bien y que tenga un nivel de bici similar al mío. Se lo comento a Pedro Vernis, amigo desde hace más de 15 años, la persona que me bautizó en el Ironman de Lanzarote y con el que compartí equipo en las Titan Desert. ¡Acepta!

→ LA PREPARACIÓN

A la vuelta de las vacaciones empiezo con entrenos suaves y de corta duración para conseguir la base. Busco horas en todas partes pero sobre todo las saco del sueño, hay días que a las 5.30 am estoy subido en el rodillo, otros días me encuentro a las 7 am pedaleando semi a oscuras por Collserola. En uno de esos entrenamientos sufro una caída y termino en urgencias. Tengo roturas en ambas manos y me tienen que operar. El médico me dice que tendré que estar al menos 6 semanas sin pedalear, aunque todosale bien y antes de un mes ya estoy sobre la bici estática, y en 6 semanas me dejan coger la de carretera. ¡Me dicen que voy a poder ir a la Cape Epic!

→ RUMBO A SUDÁFRICA

El viaje es largo, pero como sólo hay una hora de diferencia horaria, no tenemos Jet Lag. El sábado toca inscripción, papeleo, montaje de la bici… Empezamos sentir la tensión de la carrera y a vivir las enormes dimensiones de la misma, 1.650 participantes y toda la logística para darles servicio durante 8 días. Tras una cena con muchos hidratos de carbono nos vamos a dormir. Al día siguiente empieza la batalla.

→ PRÓLOGO

Tenemos que desplazarnos a Meerendal para el Prólogo de 23km que definirá el orden de salida de la primera etapa. Cinco, cuatro, tres, dos, uno, ¡GO! Ha empezado nuestra verdadera aventura. Los primeros kilómetros tengo la sensación de que vuelo. El prólogo es un sube baja sin parar que parece un bike park lleno de público animándote. No arriesgamos, es el primer día y el circuito es técnico con puentes y muchos peraltes. Poco más de una hora después cruzamos la línea de meta. Una etapa en el saco, ya sólo quedan 7. Ahora toca desplazamiento para llegar al campamento base de las siguientes dos etapas.

  • Etapa 1: circular

103 km y 2.500 m de desnivel. Salimos por oleadas para evitar atascos en la primera subida. La primera bajada nos parece muy larga, con bastante pendientey en mal estado, muchos regueros de agua y mucha piedra grande y suelta. El primer susto llega pronto, mi rueda delantera choca con una piedra y salgo volando. Por suerte no parece que haya sido nada. Nos encontramos con mucha arena, es como estar en la montaña pero con el suelo de arena de playa. Es muy difícil avanzar. Durante más de 7 horas nos toca pedalear y caminar. Esto no va a ser fácil. Por la tarde en el campamento la gente está muy mosqueada por la ruta de hoy. Cuando sale la directora de carrera a dar el briefing de la segunda etapa hay abucheos. "Se viene a pedalear, no a caminar".

  • Etapa 2:146 km y 2.350 m de desnivel

Larga y con una gran subida inicial a la que sigue una meseta que parecía llana, pero que no lo es. El terreno en sinuoso y las pistas no son rápidas. Cada vez hace más calor, debemos hidratarnos mucho. La última parte es preciosa, la ladera de la una montaña de casi 7 km con un descenso de más de 1.000 m. No está exenta de peligro ya que es muy estrecha y el precipicio tiene muchos metros de caída. Tras 8 h y 15 m cruzamos la línea de meta. Estamos cansados y llenos de polvo, pero la llegada nos anima porque tienes la sensación de ser un profesional: te cogen la bici y se la llevan a lavar y te dan todo lo que necesitas para recuperarte.

  • Etapa 3: 92 km y 1.950 m de desnivel

Esto es lo que la directora de carrera llama un día de recuperación. Para nosotros, mortales ciclistas, más de seis horas de pedaleocultivo y algún que otro single track entre árboles.

  • Etapa 4: 106 km y 1.900 m de desnivel

Por delante tenemos 3 largas subidas, 2 de ellas con terreno en muy mal estado y con tramos muy empinados. Hoy hemos vivido un momento de crisis, tras el segundo avituallamiento, aviso a Pedro de que salgo pero no vuelvo a mirar atrás. Tras casi 5 km paro, miro hacia atrás y Pedro no está. No me había oído y al salir del avituallamiento y no verme se había quedado esperándome.

  • Etapa 5: 75 km y 1.800 m de desnivel

Etapa corta pero de "sube y baja" constante con importantes pendientes. Fue la etapa de más kilómetros de single track, casi 40. Esto hizo que fuera más lenta de lo esperado ya que hemos transitado entre bosques de eucaliptos, arbustos y zonas quemadas por incendios. Tal era el terreno, que a algunos single track les han puesto nombres como "rollercoaster" o "rodeo" y es que a ratos se parecía a una empinada y rápida montañsubido en un toro mecánico con constantes badenes, saltos y puentes.

  • Etapa 6: 100 km y 2.950 m de desnivel.

¡La etapa reina! Durante la noche oímos llover. Si a la dureza de la etapa le añadimos el barro la situación puede ser complicada. Antes de la salida parece que deja de llover. Pistoletazo de salida y empezamos a subir, la gente ha salido fuerte, parece más un sprint que la etapa reina. El terreno está húmedo pero se agradece. Pistas y senderos compactos, temperatura más fresca y, por primera vez, sin polvo. Parece que estemos en el Pirineo, bosques de pinos y paisajes mucho más verdes y menos áridos. Tras 6h 35m cruzamos la línea de meta. ¡Ya nos vemos como finishers!

  • Etapa 7: 54 km y 1.500 m de desnivel

Corta pero intensa. El ritmo de hoy es mucho más alto y vamos pasando parejas. La subida principal es larga y hay que caminar en algunos tramos, la bajada rápida pero antes de empezar a ver la meta dos "súperrampas ponen a prueba nuestra resistencia. Somos de los pocos que las hacemos subidos a la bici. Seguimos apretando y por fin vemos mucha gente y suponemos que es la llegada. En los últimos 300m no dejamos de oír aplausos. En la recta final el speaker dice nuestro nombre, la emoción es muy fuerte, después de meses de preparación logramos cumplir un sueño. Unimos nuestras manos y las levantamos al cruzar la meta. Bajamos de la bici y nos abrazamos, somos finishers de la 10ª edición de la Absa Cape Epic. Será el gran José Antonio Hermida, quien nos dé la medalla ¡Estamos en una nube!

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Por: Gaspar Díez

La negra piedra de granito, con el logo "Titan Desert 2013" grabado en sudor y lágrimas, yace en el despacho de casa. Ha pasado más de un par de semanas y el dolor en las piernas no se ha ido después de afrontar el mayor reto deportivo de mi vida: la Milenio Titan Desert by GAES, la carrera en bici de montaña más dura del mundo por el desierto. Tras más de 600 kilómetros y 6.000 metros de desnivel acumulado en 6 duras jornadas, escalando las montañas de Jbel Sarhro y descendiendo por sus peligrosos barrancos; circulando por rocosas planicies sin fin, ni rastro alguno de vida; quedando atrapado en bancos de arena una y mil veces; surcando las dunas de Erg Chebbi con 44 grados de sol y la arena hasta las rodillas, y luchando contra corrientes de aire de más de 40 kilómetros por hora … Ya tengo mi piedra y la camiseta de finisher de la Titan.

La historia comenzó con una pregunta: "Gaspar, ¿tú correrías la Titan?", me dijo el CEO de GAES, Antonio Gassó, en el hall del hotel Hesperia de Madrid a finales del pasado noviembre. Recuerdo que Antonio me explicó qué era GAES (desgraciadamente, ya lo sabía por los problemas auditivos que arrastro desde niño) y cómo crearon la empresa su padre, Juan Gassó, y el socio José María Espoy -de ahí el nombre GA(ssó)-ES(poy)-; me habló de cómo Juan viajó en una moto Ossa por toda España para vender audífonos con su primera empleada y después el amor de su vida, Conchita Navarro; de un programa de becas que patrocinaban, "Persigue tus sueños", y de que … contaban conmigo para formar parte del equipo Gaes en la Titan. "¿Qué necesitas?", me preguntó Antonio. "Un entrenador y que me dejéis una buena bici", le respondí. "Cuenta con ello", dijo el hijo del cofundador de GAES.Y allí estaba yo, perplejo, ante el día cero de mi sueño deportivo de siempre.

→ "Papi, tú estás chalao"

Sin apenas darme cuenta empecé con un plan de entrenamientos preparado por el ciclista Roberto Heras, cuatro veces ganador de la Titan y el jefe de filas del Gaes en el Dakar en bici africano. En total, acumulé cerca de 5.000 kilómetros en las piernas, que en abril ya parecían las de un ciclista de los buenos. Uno de esos días en los que el mal tiempo aconseja no salir a rodar fuera, mi hijo Jorge, de 7 años, se me acercó a la bici de spining que tengo en el salón y me preguntó: "Papi, ¿es verdad lo que dice mamá, que te vas a ir a una carrera en bici por el desierto?". "Sí, hijo", le respondí. Hubo un silencio de unos segundos y, con cara de no entender nada, me soltó "Tú estás chalao" antes de abandonarme camino a su habitación de juegos.

5 euros en el bolsillo

A la Titan viajamos el día antes del estreno, el 27 de abril. No olvidaré aquel café en Barajas con los que serían mis compañeros del Gaes, la montañera Edurne Pasabán; el portero ex del Real Madrid y Valencia César; el periodista de las gestas imposibles Roberto Palomar, junto a su compañero del Marca Manu Malagón; y el Duque de Feria Rafael Medina, el mayor de los hijos de Nati Abascal. Yo siempre digo: "Guárdate 5 euros en el bolsillo, no los gastes, lleva siempre 5 euros en el bolsillo", aconsejaba Rafa, contando batallitas ante un auditorio con los oídos abiertos como parabólicas, sobre la necesidad de reservar fuerzas en los primeros días de la Titan.    

Para esta nueva aventura Rafa, debutante en 2012, había convencido a su hermano Luis, otro tallo como él de 2 metros y puro músculo. Ambos eran parte del equipo mediático del Gaes, en el que estaban fichados, al margen de los Medina, el actor Santi Millán, protagonista en este 2013 de la segunda entrega del documental Imparables; los exfutbolistas César y Ezquerro; el exjugador de balonmano Samuel Trives, la dama de las montañas Edurne Pasabán, y el presentador de televisión Jorge Fernández.

→ Dorsal 114

El entonces aspirante a Titan, o sea yo, llegó al campamento tras 2 horas de avión y otras dos más de árido trayecto hacia Boumalne Dades. En el campamento compartía la haima 3 con dos otorrinos, José María Laborda, alicantino él, y el gallego Eduardo. Después de las verificaciones y la primera rueda de prensa de Roberto Heras, que aún no sabía que se retiraría por una fractura de clavícula en una caída, y el aspirante y futuro vencedor, que tampoco sabía aún que iba a ganar, el portugués Luis Leao Pinto, yo era ya un número, el 114. El dorsal que coloqué con nervios en mi canondale f3 de carbono, en la que asomó una burbuja de un pinchazo en la rueda delantera antes de la primera etapa. "Mejor hoy que mañana", me consolaba Coralí, la fisioterapeuta-confidente que puso a punto los músculos de las piernas de este juntaletras en su reto africano.
Este es un minirrelato de lo que sucedería en los días siguientes:

  • Etapa 1, 28 de abril: Boumalne Dades-Boumalne Dades, 91,140 kilómetros. Desnivel: 1.655 metros. Montañosa

La Titan la sufrí en mis propias carnes, aunque tuve mucha más suerte que Mercé Petit, la favoritas en chicas y que fue evacuada en helicóptero después de fracturarse un tobillo. En los descensos, los caracoles (no los había, pero hubiera pasado de haberlos habido) se subían por los radios de mi canondale rígida. Tuve problemas con la rueda trasera que perdía aire y reventó un par de veces que me retrasaron y desanimaron en el pelotón. Pero los "Gaes" César y Óscar, empleado de i+D de la sede en Barcelona, fueron mis ángeles salvadores al ayudarme a cambiar las cámaras de aire. Llegué a la meta fuerte de piernas y masticando las lágrimas de la impotencia. Vi cerca el abandono a las primeras de cambio. 5h59:08. Puesto 201.

  • Etapa 2, 29 de abril: Boumalne Dades-Tourza, 104,1 kms. Desnivel: 1.530 metros. Montañosa y pedregosa

La carrera para héroes me mostró su mejor cara en la primera de las dos jornadas de la etapa maratón, llamada así porque los titanes teníamos que llevar a cuestas el saco de dormir y los enseres necesarios para el tercer día en el camelback. Además, no contábamos con la maleta ni servicio mecánico. En una de las cuestas vi el dorsal de Santi Millán, al que imaginaba más adelante. "Vamos Millán", le grité cuando pasaba a su lado y le descolgaba entre las interminables rampas. Después me devolvió la pasada y ya no le volví a ver. Mi cabeza y mis piernas se bloquean en los vertiginosos descensos. "Si bajaras como subes", me dijo Carles Monleon, del Gaes, con el que hacía la goma en las cuestas y bajadas. Aún así me sentí un héroe. Sobre todo, cuando le di el hachazo al actor protagonista de Imparables II. 5h31:58. Puesto 127.

  • Etapa 3, 30 de abril: Tourza-Tagueroumt, 130 kms. Desnivel: 1.170 metros. Pistas arenosas y otras en buen estado

Segunda jornada de la etapa maratón. Me caí hasta 6 o 7 veces sobre la arena del desierto y no era, en absoluto, mi intención. En una de ellas me clavé todos los pinchos de uno de los escasos matorrales que había en el paisaje lunar marroquí. Me los quité con la pierna chorreando de sangre, pero mi preocupación era no haber pinchado. Los descensos con cortados de centenares de metros dejaron paso a un terreno más llano. Me moría, veía espejismos en las dunas y llegué deshidratado, pero, por vez primera, quedé entre los 100 primeros. "¿Has visto la barbaridad que has hecho?", me dijo al verme mi compañero de haima Laborda. El otorrino había abandonado y colaboraba ahora con GAES Solidaria implantando audífonos a niños locales. Fue un infierno, el mayor de toda mi vida. Casi 7 horas en la bici. 6h51:00. Puesto 96.

  • Etapa 4, 1 de mayo: Tagueroumt-Merzouga, 96,160 kms. Desnivel: 792 metros. Pistas arenosas.

En el Día del Trabajador sólo la arena de los caminos se me atragantó, como la víspera, pero mis piernas fueron a buen ritmo cuando el trayecto se endurecía. Rodé con Pere Parés, cámara freelance y compañero también del Gaes. Forjamos un grupo que, como en la Vuelta a España, íbamos de un lado a otro de las rutas formando abanicos para refugiarnos del viento de costado y de cara. Llegué a la meta de la mano con Pere, al que animé en los kilómetros finales. Minutos antes me había dicho: "Mira las dunas, qué espectáculo. Eso sí, mañana nos las vamos a comer todas". 4h37:57. Puesto 103.

  • Etapa 5, 2 de mayo: Merzouga-Merzouga, 115,350 kms. Desnivel: 943 metros. Pistas pedregosas, platós y dunas.

Fue un infierno, un matapersonas. Otra etapa en bucle a la que volvió a unirse el viento en contra. Y en los últimos 4 kilómetros había que cruzar a pie –sólo el funanbulista Milton Ramos lo hizo sobre la bici y ganó- las famosas dunas de Erg Chebbi. Llegué a rodar con un grupo que solía acoger a los primeros, entre ellos Toni Pérez, el jefe de equipo del Gaes, y mi amigo Sam Trives. Tuve mi momento de gloria al poner en fila de a uno a ese selecto pelotón. Luego les perdí al salir disparado por encima de la bici. Me tragué la soledad del desierto y su aire y llegué a las dunas al borde de la deshidratación. Entre los colosos de arena encontré rostros amigos del Gaes: Manel, Olga y Ana y la hermana de Antonio, María José Gassó. También a Luis Medina, que me repartió ánimos y agua a partes iguales desde un quad. Tras casi 6 horas y media llegué al paraíso de la meta. Sólo un día y la camiseta de finisher y la piedra serían mías. 6h29:56. Puesto 73.

  • Etapa 6, 3 de mayo: Merzouga-Maadid, 60,9 kms. Desnivel: 500 metros. Pistas muy pedregosas.

La última no fue una etapa homenaje como anunciaron los organizadores de RPM Events. La noche anterior una tormenta de arena invadió nuestras haimas y me desperté con arena en cara y barba. Tuve momentos de introspección contemplando la nada del desierto. Sólo los niños y sus tostadas manos que te ofrecían cada día para que las chocaras me sacaban de ese autoanálisis. Traté de disfrutar los kilómetros finales hasta que aparecieron las banderas y el arco de meta. Levanté mi brazo derecho y dibujé una V, de victoria y victorioso. Antes de viajar a la Titan, mi hija Yaiza, de 9 años, me dijo entre risas: "Papi, creo que vas a morir en el desierto. Sólo hay dos opciones: o mueres o sales victorioso. Y creo que vas a morir". Afortunadamente, mi vástaga no quedará huérfana de padre. Salí victorioso (y casi dentro del top 100, el 110 de la general). 3h34:53. Puesto 68.

→ La vuelta a casa

Atrás quedaron kilómetros de arena y piedras, el calor, el frío, el incesante viento, la inocente felicidad de unos niños que no tienen nada, que lo tienen todo, paisajes lunares, la noche y su miríada de estrellas en un cielo limpio, desilusiones e ilusiones, el llanto, de pena y alegría, y, sobre todo, la amistad tejida con los famosos Millán, César, Medina, Ezquerro o Jorge y no famosos como Óscar, Carles Monleón, Pere, los Ivanes, Manel, Contxi, Ana, Olga, Esther Noguera, Cristina, Marga, Coralí, Tote, Roberto, Samu, Tony Canondale y Antonio (seguro que me dejo muchos), con los que compartí este reto, con los que escribí estas historias de un Titán.

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Por Juan Francisco Cerezo

En el siglo XIX el este de África era escenario de una serie de exploraciones que pasarían a los anales de la historia como las más importantes de los descubrimientos: la búsqueda de las fuentes del Nilo. Ya no quedan espacios en blanco en el mapa del continente negro, pero su espíritu sigue vivo y una vez más tocó a mi puerta. "El sueño de África", un magnífico libro de Javier Reverte, terminó de sentar las bases del viaje que compartí con mis amigos Antonio Sánchez y Antonio Soler. Para una expedición de este tipo no basta con una buena condición física, también se necesita una preparación psicológica, sobre todo si sufres unas fiebres en una pensión keniana mientras en el bar de abajo te ponen a todo volumen, día y noche, la macarena de Los del Río. Peor le fue a Sánchez, cuando nada más poner los pies en suelo africano, le colocaban una pistola en los riñones.

Nadie imaginaba lo que nos iba a deparar el viaje. La sabana se abría conforme nos dirigíamos hacia el sur. Pedaleamos por el país de los masai, tierra de grandes extensiones herbáceas, salpicada de acacias y gigantescos termiteros, deleitándonos con la visión de manadas de cebras, gacelas, jirafas... bajo un cielo de caprichosas formaciones nubosas y un sol abrasador, como telón de fondo la gran mole del Kilimanjaro. Nos acercamos a una aldea masai donde una vez más Sánchez volvía a nacer cuando una mujer masai se abalanzaba sobre él y tirándole fuertemente de un brazo, lo apartaba del lugar donde se derrumbaba un árbol. A partir de ese momento Soler y yo nos movíamos tranquilos por esas latitudes sabiendo quién sería la víctima si apareciera un león.Habíamos preparado las bicis con manillares de doble altura para mayor control y comodidad. Debido a la cantidad de arbustos espinosos existentes en la sabana, instalamos unos protectores anti-pinchazos. Como defensa ante posible  aparición de un búfalo, león o cualquier otro "bichito", llevábamos una bocina de aire comprimido muy potente, que según nos habían aconsejado algunos entendidos, asuntaba a los leones, claro, siempre que el felino no fuese sordo.

Tras una etapa rompepiernas que escalaba varios puertos de casi 2.800 metros de altitud nos lanzamos por una pista rota por la lluvia, que iba estrechándose cada vez más, pedaleando entre altas hierbas junto a gacelas y cebras. Buscamos un paso hacia las interminables llanuras del Serengueti-Masai Mara, entre Tanzania y Kenia. El camino era difícil y desaparecía entre la vegetación. Decidimos subir a una loma para tener mejor vista de los alrededores. Fue en ese momento cuando vimos las primeras huellas de león.

Nos dirigimos más hacia las profundidades del continente africano. El explorador Henry M. Stanley bautizó a Uganda como "La Perla de África". Y es que este país es uno de los más bellos del mundo con sus paisajes espectaculares y reservas de animales inigualables que invitan a la aventura. Por fin llegamos a la fuente del Nilo, el gran Lago Victoria. Pedaleamos bordeando el lago buscando su nacimiento por una pista intensamente roja que las últimas lluvias habían dejado muy embarrada. Después se sumaría el viento para hacernos más difícil aún el pedaleo por las resbaladizas piedras de la línea férrea.

Cerca de la capital, Kampala, unas gengentes celebran al aire libre la victoria en las elecciones. Para nuestro asombro nos hacen invitados de honor, recibiéndonos el alcalde. Al reiniciar la marcha, una pequeña furgoneta de transporte de pasajeros aparece de repente en la oscuridad de la noche obligándonos a frenar en seco. Estos vehículos se convierten en lo más peligroso de África para un ciclista, mucho más que leones y búfalos.

Continuamos por una pista que escala una y otra vez las abruptas montañas cerca de los volcanes Virunga para buscar el hábitat de los gorilas de montaña. Rodamos por tierras boscosas y las lluvias que nos obligaban a protegernos bajo unos cobertizos junto a gentes del lugar, que entre risas no se explican por qué unos "blancos" van en bicicleta pudiendo ir en coche. A veces creíamos estar perdidos, pero la presencia de la cordillera de las montañas Ruwenzori con sus picos nevados hacía las veces de guía. Era nuestra costumbre introducirnos por los lugares más difíciles en busca de la aventura, así que era frecuente que se nos hiciera de noche sobre las bicis, teniendo que acampar o dormir en hogares locales.

Rodamos por una sabana salvaje de altas hierbas salpicada de árboles a los que los leones tienen la costumbre de trepar para protegerse de la mosca tsé-tsé, transmisora de la enfermedad del sueño. Aunque pedaleábamos mientras mirábamos a los árboles, fue en el suelo donde vimos las huellas frescas de varios leones. Pronto nuestras preocupaciones fueron otras. Al pasar junto a una laguna repleta de hipopótamos, nos sorprendieron nubes de las peligrosas moscas. La solución fue colocarnos la mosquitera en la cabeza, todala ropa de lluvia, las polainas y bolsas de plástico en las manos.

Se siente una gran emoción pedaleando por un lugar lleno de leones, elefantes o búfalos que pueden aparecer en medio del camino. Uganda es el país africano con mayor número de reservas animales y es muy peligroso circular por ellos. Atravesábamos una zona con unos 200 leones; era como estar dentro del documental de La 2. El pedaleo se complicaba. Anocheció cuando, de nuevo, veíamos múltiples huellas de león que seguían nuestra dirección. ¡Como no saliéramos de aquel lugar pronto, iban a tener la cena asegurada! Nos dirigirnos al norte del país a través
de una región problemática por los conflictos guerrilleros. Un ranger nos ayudó a buscar chimpancés salvajes. A la hora de dormir nos cedió una choza avisándonos de que tuviéramos cuidado con las ratas que le habían destrozado un dedo. Pero, a pesar de las medidas que tomamos,
estos roedores nos rompieron la alforja de la bicicleta donde guardábamos la comida. Reanudamos nuestra ruta ciclista, hacia las cataratas Murchinson, cerca de la frontera con Sudán, lugar espectacular donde se filmó parte de "Las Minas del Rey Salomon".

Nuestro viaje tocaba a su fin en Zanzíbar, punto de partida y llegada de los grandes exploradores del África Central. Pero viajar por esta isla del Índico era peligroso al tener que pedalear 15 km por el fondo marino mientras la marea subía soportando las embestidas de las olas. Cuando nos creíamos a salvo de toda desventura y a pocos kilómetros del aeropuerto, una tromba de agua nos obligó a cambiarnos de ropa.

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