Andar rápido reduce el riesgo de demencia

Un reciente estudio del Centro Médico de Boston en EE. UU.,  dice que la velocidad a la que caminas de adulto puede indicar el riesgo de desarrollar demencia o infarto cerebral al llegar a la tercera edad.
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Andar rápido reduce el riesgo de demencia
Andar rápido reduce el riesgo de demencia
Nutrición y deporte
Nutrición y deporte (blog de Yolanda Vázquez Mazariego)

“¿Entrenas para comer o comes para entrenar?“

Un reciente estudio del Centro Médico de Boston en EE. UU.,  dice que la velocidad a la que caminas de adulto puede indicar el riesgo de desarrollar demencia o infarto cerebral al llegar a la tercera edad.

Las personas que andan a ritmo rápido son las que mejor salud cerebral tienen en el futuro, lo bueno de este estudio es que da a los médicos una forma sencilla de conocer el riesgo de deterioro mental de las personas, sin pasar por pruebas caras y molestas.

El caso es que la investigación trabajó con 2.400 personas de ambos sexos con una media de 60 años, y las que mayor velocidad tenían al andar y más fuerza al agarrar con las manos presentaban una mejor función cognitiva en los 11 años que duró la investigación.  A mayor fuerza de agarre en las manos,  el 42% de los participantes presentaron un menor riesgo de accidente cerebrovascular o ataque isquémico transitorio.

Y al revés, las personas que caminaban despacito y tenían poca fuerza en las manos, tenían un 1,5 veces más riesgo de desarrollar demencia. Además, el ritmo lento se asociaba a un menor volumen cerebral, menos memoria y destreza con el uso del lenguaje y la toma de decisiones.

El caso es que estos estudios demuestran algo lógico, que todos sabemos sin haber pasado por la Universidad:  cuando vemos a una persona andar deprisa, especialmente si es mayor, asumimos que está en forma, tiene un estilo de vida activo, ¡además de prisa! seguramente tienen muchas cosas que hacer al día y aprovechan el tiempo andando  rápido de un lugar a otro.

En nuestra sociedad hemos perdido la costumbre de andar, ahora hasta para ir a por el pan cogemos el coche, y eso es peor que andar despacio, pero deberíamos analizar que andar es una forma natural y humana de moverse, alcanzamos el bipedismo al ponernos en pie sobre las dos piernas y desplazarnos con las manos libres. Si además andamos deprisa, quemamos más calorías, conseguimos no sólo perder peso, también que llegue más oxígeno al cerebro y que nuestras arterias estén limpias de grasas perjudiciales. Andar nos hizo humanos, y deberíamos reivindicar nuestro derecho a andar con más paseos, parqués, caminos y ciudades ecosaludables que favorezcan que se vaya andando de un lugar a otro en vez de ir en coche... o al menos que se pueda montar en bici para desplazarse.

Muchas personas mayores me preguntan qué pueden hacer para perder peso, entre ellos mis padres. Siempre les digo lo mismo: ANDAR, al menos una hora al día, mejor hora y media, y si no hay tiempo, mejor repartir la salida a andar en dos o tres salidas al día: 20 minutos por la mañana temprano, 20 minutos después de comer y 20 minutos después de una cena temprana. Sé que cuesta, a mis padres se lo digo y hasta que no llega el buen tiempo no lo hacen, pero saben que siempre les funciona y que pierden peso cuando lo hacen, y es que a pesar de que comen sano habitualmente, en cuanto dejan de andar vuelven a recuperar kilos y tienen que cuidarse más.

Y aún hay más, en este artículo también se refieren a la fuerza de agarre con las manos... aunque en prensa tan sólo se ha quedado la idea de andar rápido, pero este dato es importante. Me acordé de mi abuela, que murió a los 99 años con una salud magnífica... Ella siempre se encargaba de cerrar los botes de mermeladas y conservas de tomates caseras cada verano... y de abrirlos luego, nadie la ganaba un pulso,  tenía mucha fuerza en las manos. También andaba todos los días, en el pueblo la llamaban 'la correndera' por lo rápido que iba. Un día se rompió la cadera y  en cuanto se quedó parada, fue perdiendo fuerza y chispa mental... pero mientras pudo andar, mantuvo la cabeza en su sitio, la salud perfecta y una filosofía de vida que nos sorprendía a todos por su coraje y su forma práctica de enfocar los problemas... La verdad es que  nunca hizo un maratón ni escaló una montaña, pero pasó una guerra, y perteneció a una generación que tuvo que trabajar mucho en el campo para sacar adelante a la familia. Era una mujer muy fuerte de mente y cuerpo.

Con esto mi reflexión de esta semana es que a veces, las cosas más sencillas y habituales son las que mejor cuidan la salud. ¡Deberíamos darnos un paseo para pensar un poco en ellas!

 

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