Y sin embargo siempre me sorprende

El domingo corrí mi octavo maratón de Nueva York. Siempre digo que ya va a ser el ultimo, que ya no quedan muchos maratones en las piernas y que mejor cambiar y buscar nuevos destinos. Pero siempre acabo teniendo una excusa (en forma de amigos que acompañar) para volver a estar el primer domingo de noviembre en el Puente de Verazzano.
Fran Chico -
Y sin embargo siempre me sorprende
Maratón de Nueva York
El pez chico se come al grande
El pez Chico se come al grande (blog de Fran Chico)

“No sé si me gusta más el periodismo que el deporte o al revés. He tenido la suerte de vivir en los dos mundos durante los últimos 30 años. Y espero no perder nunca el espíritu deportivo para afrontar la vida.“

 Cuando estoy allí, y arranca la prueba mientras por los altavoces Frank Sinatra canta “New York, New York”, me doy cuenta de las grandes oportunidades que me da mi trabajo, entras otras ser uno del  1,176,542 de personas que desde 1970 han participado en la prueba. En la edición inagurual de 1970 fueron solo 127 participantes, que pagaron un dolar de inscripción (hoy por agencia cuesta 550), de los que sólo terminaron 55 (la única chica que salió, Nina Kuscilk, se retiró pero luego ganaría la prueba en 1972 y 1973).

Lo más incredible es que aunque soy un veterano de la prueba me vuelve a sorprender y a emocionar tanto como el primer día el público neoyorquino. La entrada en Brooklyn me sigue poniendo los pelos de punta. No es este un maratón de grandes paisajes (solo las vistas de Manhattan al paso por los puentes son especiales); ni siquiera pasa por los puntos más conocidos de la ciudad como puede ser Times Square, Broadway, el Puente de Brooklyn o la zona cero.

Lo que hace realmente del Maratón de Nueva York una experiencia única es el público que salvo en la zona  judía de Brooklyn (dónde al ser domingo es laborable) no deja de animar e incluso de ofrecer pagado de su propio bolsillo plátanos, agua o papel para que te seques el sudor. Mira que ya debería estar acostumbrado a esa gente apasionada que llena las aceras (aunque este lloviendo como este año) pero su entusiasmo siempre me sorprende. Para mi son la clave de que de 51.307 personas que salieron este año, 50766 cruzaran la meta de Central Park (entre ellos, Ginnete Bedard, una neoyorquina de 84 años que fue la de mayor edad y que terminó en un asombroso tiempo de 6 h 12 minutos). Entre las participantes de este año estaba Katherine Switzer, la mujer que rompió las barreras de la participación femenina en Boston hace 50 años, y que con 70 años cumplidos terminó en 4h 48’.

No es una carrera fácil. Al jet lag le tienes que sumar levantarte sobre las cinco de la mañana para llegar (por bus o por barco hasta Staten Island). Allí te queda una espera de horas con ropa de vieja que luego se recoge para la gente necesitada. Y luego el recorrido es bastante traicionero. Hasta el medio maratón el perfil es bastante favorable, pero a partir de ese punto y especialmente desde el km 24 llegan las cuestas, sobre todo la del Puente de Queensborough que te da entrada a Manhattan. Luego viene la prueba mental de la 1ª Avenida, una recta de 6 km con ligera cuesta que se hace eternal. Y desde el km 37 ya una prueba de fuego, con la subida de la Quinta Avenida, 2 km para entrar ya en Central Park donde te esperan los últimos repechos antes de tener colgada tu medalla de finisher. Has terminado los 42’195 km pero no el maratón. Salir de la zona de meta es otro maratón que te lleva a recorrer, eso si abrigado con el espectacular poncho que te dan, otros 4 ó 5 km por muy cerca que tengas tu hotel.

Este año fue especial compartir los 42’195 con mi amigo Coe, que seguramente batió el record de chocar manos durante el maratón, y vivir el viaje con Asier Cuevas como compañero de habitación que ¿sería gracias a las magdalenas de Zamora que le día? fue el primer Español y Segundo veterano. También fue muy emotivo compartir el viaje en bus a la salida con verdaderos heroes del deporte y de la vida como las chicas de Corre en rosa, supervivientes del cancer de mama, o Ramón Arroyo, el hombre que con esclerosis fue capaz de terminar un Ironman e inspiró la película “100 metros” que protagonizó Dani Rovira. De la charla que tuve con él me quedó con una frase: “No todo es possible pero podemos hacer  mucho más de lo que creemos”.

Para finalizar, quería hacer una reflexión sobre un punto que me ha enfadado. No entiendo las críticas a los corredores que tardan más de 6 horas en terminar el maratón. Me fastidia ver en las redes sociales comentarios como “si hay que ir andando eso ya no es un maratón”.  Si está permitido por la organización no entiendo esos comentarios. Parece que les quitara méritos a ellos, como el maratón tuviera que ser un club privado de los que tenemos mejores condiciones atléticas. Hablan de salud, pero yo veo menos riesgo en esas persosas que hacen andando la mayor parte del recorrido que en otros corredores que llegan al mareo para intentar bajar de cuatro horas.

¿Será este mi ultimo Nueva York? Ya no me engaño a mi mismo. Si la vida me la oportunidad, volveré a estar en el Puente un primer domingo de noviembre.

 

 

 

 

 

 

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