Ojalá el espíritu olímpico salga del museo a la calle....

 
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Ojalá el espíritu olímpico salga del museo a la calle....
Ojalá el espíritu olímpico salga del museo a la calle....
El pez chico se come al grande
El pez Chico se come al grande (blog de Fran Chico)

“No sé si me gusta más el periodismo que el deporte o al revés. He tenido la suerte de vivir en los dos mundos durante los últimos 30 años. Y espero no perder nunca el espíritu deportivo para afrontar la vida.“

Hace unas semanas aproveché una mañana libre de sábado en Barcelona para acercar a mis hijos al Museo Olímpico. No voy a engañaros que no fue fácil venderlo; otros planes desde el Museo del Barça y hasta el Teleférico eran preferidos como opciones. Tuve que tirar de Michael Jordan, “dentro están sus zapatillas”, para acabar de motivarles para subir a la montaña de Montjüic.

No es museo muy grande (aunque prácticamente todos los deportes tienen su rincón) ni tampoco está muy actualizado. Me gustó que se vaya viendo la evolución del deporte y del material deportivo ahora que parece que sin las zapatillas de 150 euros no es posible ni el más simple de los deportes: correr.

Se echa de menos (y creo que costaría poco conseguir porque seguro que estarían encantados de colaborar) presencia de detalles como campeones que son bandera de su deporte como puede ser el caso de Javi Gómez Noya.

Tiene una espectacular sala audiovisual que te permite seguir en 360 grados por ejemplo una carrera de natación y también otra zona interactiva dónde puedes probar tu capacidad de reacción con la máquina que entrenan los pilotos de la Fórmula 1, competir en longitud frente a Carl Lewis o retar a Usain Bolt en un Sprint.

Sí que es un gran recordatorio de esas semanas mágicas de los Juegos Olímpicos de la Ciudad y especialmente de la figura de su gran impulsor, Juan Antonio Samaranch, cuya colección personal de recuerdos se puede visitar.

Y siguiendo los pasos desnudos de algunos de los más grandes del deporte (desde Nadia Comaneci a Miguel Indurain pasando por Michael Johnson) llegas desde el Museo al Estadio Olímpico, recordando también desde el lugar desde que se lanzó la flecha que encendió la llama olímpica de Barcelona ’92.

Pero lo que me llevé de la visita al Museo, y que traté de recalcarles a mis hijos, es ese espíritu olímpico que debería gobernar no sólo las competiciones de cualquier nivel (sea un Mundial o una prueba popular) sino también nuestras vidas. Por eso la única foto que he guardado en mi ordenador de ese día es esta.



“Lo importante en los juegos olímpicos no es ganar sino participar. Lo esencial en la vida no es vencer sino luchar bien”.

 

 

 

@franchicosport

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