Las 10 de la mañana… y no es una hora

Muy pocos nos libramos de padecer alguna sensación poco agradable al abrir los ojos una mañana cualquiera. ¿Hasta dónde hay que preocuparse?

Redacción Sportlife

Las 10 de la mañana… y no es una hora
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Tras un sueño más o menos reparador, comienza la jornada y, antes de salir de la cama, puede que de manera involuntaria hagas un chequeo a toda tu anatomía: muy joven o mucha suerte debes tener si algo no te causa molestias.

Nuestra estructura corporal se compone de 206 huesos (208 según algunos autores) que conforman 76 articulaciones en la columna vertebral y la pelvis, 66 en el tórax, 6 en la garganta, 32 en las extremidades superiores y 31 en las inferiores… y si nos ponemos a repasar el resto de nuestro conjunto muscular y visceral el listado sería interminable. Cuando todo esto funciona en un conjunto armónico disponemos de algo que se podría definir como un estado absoluto de salud, pero no siempre es así y con una simple espina, de menos de 1 milímetro de tamaño, clavada en un dedo, ya hace que se disparen nuestros sistemas de alarma y sufrimos de un notable grado de incomodidad.

Las 10 alertas matutinas

Ahora vamos a intentar resumir en estos diez puntos las molestias más habituales que se pueden sufrir al intentar sacar los pies de la cama.

1 Plenitud gástrica

Si sientes que todavía no has conseguido hacer la última digestión de la cena y que los alimentos ingeridos aún se encuentran dando vueltas por tu aparato digestivo, si no es una sensación habitual, se puede deber a una comida tardía (y copiosa), a una acumulación de gases intestinales o, en el peor de los casos, a un funcionamiento erróneo de tu hígado.

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Normalmente esta sensación se disipa al recuperar la posición vertical y al visitar el cuarto de baño.

2 Garganta “de madera"

La sensación de garganta seca suele estar relacionada con la pérdida de humedad ambiental, debido a un exceso de calefacción o de aire acondicionado. También puede tener su origen en una mala hidratación, lo que degenera en la sequedad de las mucosas de las vías respiratorias altas.

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En el peor de los casos, cuando esa sequedad causa una molestia aguda, puede ser la antesala de una enfermedad respiratoria de las vías altas, como un catarro común o una faringitis, causadas por algún patógeno ambiental e incubada durante la noche.

3 Sábanas húmedas

Y no nos referimos a un descuido infantil relacionado con los pañales: si nos despertamos sudando, puede que la ropa de cama o el pijama tengan una composición sintética excesiva (no hay nada como el algodón natural en unas sábanas) o que -menos frecuente- nos hayamos abrigado en exceso.

En el caso de las mujeres de mediana edad no hay que descartar los primeros síntomas del climaterio, caracterizado por algunos cambios hormonales que afectan a los mecanismos de la termorregulación corporal.

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En los hombres también se produce, aunque con menor afectación, el denominado SDT (síndrome de la disminución de la testosterona), conocido popularmente como “pitopausia" que puede mostrar cuadros reactivos similares a los presentes en la mujer.

4 Mano o brazo dormidos

Si el resto de nuestro cuerpo se ha despertado antes que alguna de las extremidades superiores, haciéndonos sentir un incómodo hormigueo, puede deberse a que hayamos adoptado alguna postura extrema con los hombros o brazos sobre la almohada: en esas circunstancias se ejerce una presión excesiva sobre el plexo braquial (nervioso y vascular) del brazo correspondiente provocando una pérdida de sensibilidad en la extremidad.

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Con unos simples ejercicios de estiramientos se corrige esta anomalía y todo recupera la normalidad. En algunos casos el problema persiste durante horas: en ese supuesto puede deberse a una irritación del tejido muscular o nervioso provocada, por ejemplo, por una sesión de entrenamiento excesiva el día anterior (cargas fuertes en muñecas y antebrazos). Esta sensación estará cumplimentada por unas fuertes agujetas.

5 Dificultades para cantar

Si cuando vas a desearle los “buenos días" a tu pareja tu voz suena pétrea y de un tono musical ha pasado a otro ronco y apagado, puede que duermas demasiado tiempo boca arriba, con la boca abierta o que ronques.

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Si lo solucionas tras ingerir alguna bebida caliente y va mejorando a medida que se despierta el resto de tu cuerpo, no tiene mayor complicación…. Aunque los ronquidos habituales hay que atajarlos con una visita al médico, ya que, a la larga, pueden causar males mayores.

6 Cansancio extremo

A todos nos da cierta pereza abandonar las sábanas (más cuanto más madruguemos) pero, si tu sensación de cansancio es intensa, puede que no hayas descansado de la manera adecuada (vigilar la temperatura del dormitorio y la humedad), que los ronquidos hayan producido fases de apnea o que estés desarrollando alguna enfermedad infecciosa que todavía no ha dado la cara.

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Las sábanas pesan más de lo normal

Vigila el entorno del sueño (luz, temperatura, silencio…) a partir de ahora y ponte el termómetro antes de comenzar la jornada para verificar que no tienes décimas de fiebre.

7 Cosquilleo en las piernas y falta de fuerza

Si una mala postura de los hombros en la almohada puede ocasionar el adormecimiento de las manos, una rotación excesiva de la cadera, las piernas muy cruzadas o la utilización de un colchón excesivamente duro puede provocar que apliquemos una presión elevada en el nervio ciático.

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Es una buena rutina colocar un pequeño cojín entre las rodillas para evitar el cruzado de piernas y el favorecimiento de una posición lateral en la cama más natural.

8 Dolor de cabeza

Es la peor manera de comenzar el día. Si te ha surgido a raíz de abrir los ojos y recibir un exceso de luz, hasta el punto de molestarte en los ojos, puede deberse a una migraña incipiente, pero este dolor también puede estar relacionado con la apnea del sueño (ronquidos) o a la práctica de algunas malas rutinas nocturnas (resaca).

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Una ducha de agua caliente, rematada por un minuto de un chorro de agua fría, puede ser el bálsamo que solucione esta dolencia.

9 Dolor de articulaciones en la extremidades

Tras una jornada de entrenamiento intenso, con cargas que pudieran haber sido excesivas, podemos amanecer con dolor en las rodillas, los codos, los hombros, las ingles… después de un descanso reparador puede que tengamos los primeros síntomas de alguna tendinopatía (si el dolor es permanente a partir de ahora sería en grado 3). Este tipo de lesión “en caliente" no causa molestias pero, tras unas horas de relax, puede manifestarse.

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Si el dolor desaparece a medida que desarrollamos la actividad cotidiana podría tratarse de un cuadro de artrosis pero, si persiste a lo largo del día… vete pensando en pedir cita a tu fisioterapeuta.

10 El peor de todos: tortícolis

Ninguno nos hemos librado de ese terrible dolor en uno de los lados del cuello que nos impide girar la cabeza, obligándonos a mover el cuerpo para mirar hacia los lados.

La tortícolis es una contractura muscular aguda causada por una posición extrema mantenida en alguno (o varios) de los músculos del cuello y espalda (esternocleidomastoideo, escaleno, angular, oblícuo, trapecio, paravertebrales…). También puede deberse a un movimiento violento involuntario del cuello durante el sueño.

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Como en toda contractura muscular aplicaremos calor, alguna crema relajante y masaje profundo sobre la zona afectada; aunque las manos de un fisioterapeuta serían la mejor solución.

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