Así lideras, así compites

Saber liderar no es una cualidad que deba preocuparles solo a carismáticos políticos, sino que ayuda y mucho en tu vida personal, profesional y en tus retos deportivos compartidos. Y si piensas que eres un desastre, ¡no sufras! A liderar se puede aprender, ¡vamos a por ello!
Patricia Ramírez Loeffler -
Así lideras, así compites
Así lideras, así compites

"Así lideras, así compites" no es solo el título de un libro, es una declaración de intenciones. El deporte, tanto el individual como el de equipo, es un mundo de personas: el deportista, el entrenador, cualquier miembro del cuerpo técnico, la afición, la familia que apoya, el médico o el nutricionista. Todos son personas. Cuanto mejor sepas gestionar personas, más eficaz será tu liderazgo. Aquí ya no se trata solo de mandar y tomar decisiones, sino de saber cómo comunicarte, hacerte entender, motivar, sacar la mejor versión, apoyar o corregir a las personas que trabajan contigo. Pero ¡ojo!, no solo lideras a tu equipo, el liderazgo empieza por ti, por autodirigirte.   
El liderazgo no solo lo ejerce el jefe. El liderazgo lo tienen aquellas personas a las que les gusta tener una sana presencia en el grupo. Les gusta influir en los demás ayudándoles a conseguir las metas. Personas interesadas en personas: capitanes, delegados, directivos, representantes deportivos que piensan antes en el jugador que en el aspecto económico, personas de confianza que con una simple conversación consiguen hacerte ver tu problema desde otra perspectiva, optimistas que llenan de entusiasmo y esperanza lo que otros ven como problemas. Líderes los hay de todos los tipos, con cargo o sin él.
“Así lideras, así compites” es el resultado de la siguiente fórmula: un buen jefe es capaz de adaptar su estilo de dirigir para que tú, deportista, trabajador, hijo o alumno, saques tu mejor versión. Tu mejor versión te permite competir contigo mismo, crecerte ante las circunstancias, aprender o hacer grande a tu equipo. El resultado es que si diriges bien, compites mejor.

Para ser un líder necesitas dos cosas muy importantes:

La motivación de serlo y la formación para poder ejercerlo. Si deseas ser un líder pero no te formas, terminarás por dirigir mal  y tus seguidores se convertirán en subordinados, dejarán de confiar en ti y tu liderazgo perderá la efectividad que necesita. Si tienes la formación pero no deseas tener la responsabilidad de liderar, tampoco  funcionará. No puede ser capitán de un equipo quien no desea serlo ni puede ocupar el puesto de entrenador quien no tiene esa preparación.

"Así lideras así compites"

Patricia Ramírez, psicóloga deportiva y de la salud y colaboradora habitual en Sport Life nos presenta su nuevo libro: "Así lideras, así compites", escrito en colaboración con el entrenador de fútbol Óscar García y con prólogo de Pepe Mel, también entrenador de fútbol.  

El estilo de liderazgo evoluciona. Ya no basta con dirigir, ahora importa gestionar personas. Grandes equipos de trabajo, en deportes, en empresas y en el aula, podrían tener un rendimiento mayor si el líder tuviera herramientas para sacar lo mejor de los suyos. En “Así lideras así compites”, los autores te ofrecen sus conocimientos, metodologías, herramientas y trabajos basados en sus  propias experiencias.

Editorial: Conecta, Penguin Random House.  Precio: 16,90 €

@patri_psicologa 

www.patriciaramirezloeffler.com
 

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¿Qué le pedimos a esa persona en la que tienes depositada parte de tus metas?

Que sea claro y que vaya de frente

Hay personas con las que tienes la tranquilidad de poder tratarlas siempre igual. Personas a las que no necesitas adivinarles qué día tuvieron ayer para pedirles un favor o hacerles una crítica. Un líder necesita ser accesible y que acercarte a él sea sencillo, cómodo y agradable.

Que transmita valores y se comporte de forma coherente

Que haga lo que predica. Los valores te definen como persona y como líder. Las personas querrán estar a tu lado por dos motivos: porque estás preparado para transmitir conocimientos y sabes cómo hacerlo, es decir, porque eres un buen enseñante con algo que enseñar, y por tu calidad como persona. Nadie quiere ser dirigido por un superdotado si es una persona déspota e injusta con sus jugadores.
Los valores en el deporte son los valores que necesitas para la vida: la lealtad, el compromiso, la humildad, el trabajo, el esfuerzo, el sacrificio, la generosidad, la benevolencia, la cohesión, la honestidad o la disciplina permiten que el grupo al que diriges sepa qué tiene que respetar y a qué atenerse para pertenecer a él.

Responsabilidad

Un deportista con liderazgo o un entrenador tiene que saber que sus éxitos y fracasos dependen en la mayor parte de él y de sus decisiones. La correcta atribución de las victorias y las derrotas nos permiten responsabilizarnos y con ello tomar decisiones para mejorar o seguir potenciando la línea de lo que ya se hace bien. Si deseas rodearte de un equipo de jugadores o compañeros de equipo que hagan lo que tienen que hacer, que no echen balones fuera cuando vienen mal dadas y tengan margen de mejora, debes fomentar como líder el locus de control interno. Se trata de analizar en qué medida eres responsable de lo que ha ocurrido. Una estrategia en la carrera que no fue acertada, una decisión técnica, no haber sido intenso, problemas de comunicación con los compañeros o un problema digestivo son ejemplos de variables que intervienen en los entrenamientos y en las competiciones. Si todo lo achacas a la buena o la mala suerte, no tendrás margen de maniobra para poder superarte.

Prudencia

Un líder no verbaliza todo lo que le pasa por la mente. La capacidad de autocontrolarse le confiere control. Las palabras no se las lleva el viento. Quedan en la mente de cada uno, se interpretan y se sacan conclusiones. Si estás enfadado y tienes ganas de expresar tu ira, usa un saco de boxeo. Si lo que deseas es corregir y pedir un cambio a alguien, espera a que se te pase el enfado y limítate a corregir exclusivamente, sin reproches ni humillaciones.

Saca la cara por los tuyos

No debes hablar mal de tus compañeros, de tus jugadores, no debes dejarlos en ridículo ni discutir en público sobre sus debilidades y fallos. Trata de corregir en privado y cuando lo hagas, anímale y recuérdale también en lo que acierta. Nadie querrá ser valiente y jugar con descaro si un error le lleva a ser criticado y perder la titularidad.

Compórtate de forma ejemplar y gánate el respeto

Son los argumentos y no el autoritarismo lo que te posiciona como líder delante de los tuyos. Respetamos a las personas que demuestran coherencia entre lo que dicen que van a hacer y lo que hacen. Si pides a tu compañero de equipo generosidad, trabajo y esfuerzo, tú, como compañero o capitán, tienes que ofrecer lo mismo. Y si eres el “jefe” del grupo, con más motivo. El jefe llega el primero y se va el último.
Las personas aprendemos también por observación. Se llama aprendizaje vicario. Si eres modelo de conducta, ya estás enseñando el camino a los tuyos.

Optimismo y positividad… sobre todo cuando vienen mal dadas

Es fácil pensar en positivo cuando ganas. Lo difícil es mantener la esperanza y la ilusión en quien diriges cuando aparecen las malas rachas. Hay líderes que se muestran cabizbajos cuando encajan una derrota, se sienten abatidos y contagian a los demás su estado anímico. Perder una carrera o jugar un mal partido requiere soluciones, no estar bajo de ánimo.

Se preocupa por el bienestar 
y calidad de los suyos

Los deportistas necesitan un ambiente de confianza, con la presión adecuada que les permita ser competitivos pero no bloquearles, poder disfrutar de su pasión y sentirse protegidos por quien toma decisiones importantes por ellos. Un deportista deja en manos de su entrenador y preparador físico la decisión de qué carreras correr, los picos de forma o cómo ser entrenador. La responsabilidad de un líder es la de velar por el bienestar de los suyos antes que por cualquier resultado.

Saca la cara por los tuyos

No debes hablar mal de tus compañeros, de tus jugadores, no debes dejarlos en ridículo ni discutir en público sobre sus debilidades y fallos. Trata de corregir en privado y cuando lo hagas, anímale y recuérdale también en lo que acierta. Nadie querrá ser valiente y jugar con descaro si un error le lleva a ser criticado y perder la titularidad.

Compórtate de forma ejemplar y gánate el respeto

Son los argumentos y no el autoritarismo lo que te posiciona como líder delante de los tuyos. Respetamos a las personas que demuestran coherencia entre lo que dicen que van a hacer y lo que hacen. Si pides a tu compañero de equipo generosidad, trabajo y esfuerzo, tú, como compañero o capitán, tienes que ofrecer lo mismo. Y si eres el “jefe” del grupo, con más motivo. El jefe llega el primero y se va el último.
Las personas aprendemos también por observación. Se llama aprendizaje vicario. Si eres modelo de conducta, ya estás enseñando el camino a los tuyos.

Optimismo y positividad… sobre todo cuando vienen mal dadas

Es fácil pensar en positivo cuando ganas. Lo difícil es mantener la esperanza y la ilusión en quien diriges cuando aparecen las malas rachas. Hay líderes que se muestran cabizbajos cuando encajan una derrota, se sienten abatidos y contagian a los demás su estado anímico. Perder una carrera o jugar un mal partido requiere soluciones, no estar bajo de ánimo.

Se preocupa por el bienestar 
y calidad de los suyos
Los deportistas necesitan un ambiente de confianza, con la presión adecuada que les permita ser competitivos pero no bloquearles, poder disfrutar de su pasión y sentirse protegidos por quien toma decisiones importantes por ellos. Un deportista deja en manos de su entrenador y preparador físico la decisión de qué carreras correr, los picos de forma o cómo ser entrenador. La responsabilidad de un líder es la de velar por el bienestar de los suyos antes que por cualquier resultado.

Objetivos desafiantes

Si haces siempre lo mismo, si vas a lo fácil con el fin de evitar el fracaso, si no motivas a los tuyos con desafíos, exigiendo según el nivel y los logros que van consiguiendo, puede que los tuyos se acomoden, se aburran o que se acostumbren a no ser sacrificados. Quien algo quiere, algo le cuesta.

Es importante tener objetivos claros y saber por qué luchan los tuyos. Objetivos que estén definidos no por los resultados, sino por su rendimiento. Objetivos que les inspiren y les hagan ilusión. Metas por las que valga la pena esforzarse y trabajar a diario.
Nada es regalado. Todo aquello que tus deportistas terminan alcanzando es fruto de los valores y del esfuerzo que ponéis todos.

Credibilidad y fiabilidad

Nadie quiere secundar a una persona en la que no confían, ni a alguien que no inspire confianza, que no tenga claras las ideas, que se contradiga o que no transmita con claridad.
Si tus deportistas pudieran elegir a su entrenador, ¿ese serías tú? Liderar no es innato. Es fruto de experiencias, conocimientos, valores y de errores y aciertos en la gestión de personas. No dejes al azar algo tan apasionante como es la gestión de tu equipo. Lo mejor que podrías conseguir es que la gente a la que diriges desee copiar tu liderazgo el día que les toque a ellos estar en tu situación.

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