20 consejos para aprender a desconectar en vacaciones

Un año entero esperando que llegue este momento y... ¿no puedes desconectar del trabajo? Con estos 20 consejos disfrutarás de tus vacaciones al máximo
Ruth Fraile -
20 consejos para aprender a desconectar en vacaciones
20 consejos para aprender a desconectar en vacaciones

¡Por fin! Ya están aquí las deseadísimas vacaciones. Un año entero esperando que llegue este momento. Llegados a este punto, es posible que hayas optado por un viaje planificado hace mucho tiempo o, quizá, no hayas tenido ni tiempo de decidir qué vas a hacer. Sea cual sea tu situación, aquí te dejamos 20 SUPERCONSEJOS para aprender a desconectar durante las vacaciones.

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1. Conecta contigo mismo

Pon tus cinco sentidos al servicio de tus necesidades. Escúchate. Medita. Atiende a tu cuerpo a través de tu mente. Ahora tienes tiempo. Concédete el placer de saber cuáles son tus necesidades. Desde la escucha surgirá la acción. La más beneficiosa para ti y para todo lo que te rodea. Busca tu equilibrio porque será el punto de partida de las mejores vacaciones de tu vida.

20 consejos para aprender a desconectar en vacaciones

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2. Conecta con la naturaleza

La mayoría de nosotros vivimos en ciudades donde se respira estrés y tecnología. Nos hemos olvidado de lo importante que es recordar que somos seres vivos y que formamos parte de la naturaleza. Reencuéntrate con el campo, con la montaña, con la playa. Camina descalzo sobre la arena, la hierba, el desierto o la roca y siente cómo eres una parte de este planeta.

3. Sé positivo

Las vacaciones son el momento ideal para entrenar nuestra mente hacia el pensamiento positivo. ¿Cuánta energía gastamos durante el año en pensamientos que no solo no nos aportan sino que nos desgastan cada día? Mantén tu mente abierta, relajada y positiva y tus vacaciones se llenarán de experiencias energéticas muy útiles para la vuelta.

4. Cuida tu salud

Llegan las vacaciones y nos volvemos locos con los excesos: ¡total, solo es en vacaciones! Estate alerta con tu salud porque, si te descuidas, todas esas cosas que llevas tanto tiempo queriendo hacer se irán al traste. Ya lo sabes, tu salud es lo primero. Descansa lo suficiente y más (ahora puedes) y aprovecha para poner atención a los puntos débiles de tu cuerpo: ese tobillo que siempre molesta en las carreras, ese codo que no apoya bien, esas lumbares doloridas, esas cervicales cargadas… Ahora es el momento de prestar especial atención y cuidarte un poco más. Hay que preparar el cuerpo para después, que luego decimos que no tenemos tiempo…

5. Preocúpate de tu alimentación

Estar de vacaciones no significa que dejemos de lado nuestra alimentación saludable. Todo lo contrario. Este tiempo libre es el mejor momento para aprender a comer mejor, dejar de lado los alimentos que no nos sientan bien y optar por las recetas más saludables que nos proporcionarán los nutrientes necesarios. Aprovecha el tiempo libre para aprender un poco más sobre alimentación saludable. Come en plato pequeño, aumenta tu consumo de frutas y verduras y deja de lado las grasas y el alcohol. El agua será tu mejor aliado para no deshidratarte, pero aprovecha tu creatividad combinando zumos naturales de frutas diferentes. Ponte el disfraz de cocinero y crea platos sanos y refrescantes. Ahora no tienes excusa: en vacaciones hay tiempo para cocinar.

6. Sin autoexigencias

Como te propongas demasiados retos en vacaciones y empieces a incumplirlos, te vas a sentir aún peor. Nuestro consejo es que vivas este periodo como el momento ideal para descansar el cuerpo y desconectar la mente de todo el exceso de información al que están habitualmente sometidos. No te exijas demasiado, déjate llevar y quiérete si incumples. Nunca te castigues. No hay peor enemigo que nosotros mismos. Está bien que te comprometas con pequeños retos saludables, pero no te exijas más de lo que estás realmente preparado para vivir.

7. Baja el ritmo

Uno de los grandes problemas de esta sociedad es el estrés. Ese que nos juega tan malas pasadas durante el año. Ahora ha llegado el momento de bajar el ritmo, decelerar hasta ajustarnos a la velocidad adecuada. La transición debe ser paulatina porque si pasamos de todo a nada es muy probable que nuestro sistema inmune se resienta, la movilidad se reduzca y empiecen los “escondidos” problemas de salud. Para aprovechar las vacaciones a tope hay que acostumbrarse a ellas poco a poco. Somos como peces que nos cambian de pecera y, aunque el agua esté mucho más limpia y fresca, ya nos habíamos acostumbrado a nuestro espacio anterior. No lo olvides. Los días previos a tus vacaciones, comienza a bajar el ritmo.

8. Ríe

Ese mismo estrés que invade nuestras vidas no nos deja ni reír lo suficiente. Estamos tan ocupados trabajando y sobreviviendo que se nos olvidan aspectos básicos para nuestra salud mental. Nos quejamos de que no tenemos tiempo ni de tener buen humor. Pues este es el momento. Con la familia, los amigos o cualquier nuevo conocido de estas vacaciones. Una risa es una de las mejores aliadas de nuestras endorfinas, las moléculas de placer natural. Si se vendiera la risa, pagaríamos por ella. Es gratis y estamos de vacaciones, así que riámonos hasta de nuestra sombra.

9. No planifiques

Pasamos todo el año inmersos en calendarios ocupacionales, trabajo, reuniones, visitas, traslados, médicos, entrenamientos, compras, desplazamientos. Todo debe estar perfectamente planificado para exprimir cada día al máximo. Las vacaciones son el mejor momento del año para vivir lo que surja. Incluso si has optado por un viaje organizado, intenta no planificar tu tiempo libre. Es importante que la mente descanse y una parte de nuestro cerebro intelectual y organizativo sienta que también está de vacaciones.

10. Adiós al reloj

Quizá te parezca una medida demasiado drástica, pero te proponemos que la pruebes al menos un día durante tus vacaciones. Abandona el reloj. No pienses en la hora ni en cuántos minutos debes terminar una tarea.

20 consejos para aprender a desconectar en vacaciones

20 consejos para aprender a desconectar en vacaciones

Báñate en el mar mientras tengas ganas de nadar, pasea por el campo todo lo que te apetezca, come cuando tengas hambre (no a la hora de comer) y dedícale a la comida tanto tiempo como te apetezca, duerme cuando tengas sueño (no solo a la hora señalada para acostarte)… Déjate probar esta experiencia al menos un día. Cuando escuches cómo se siente tu cuerpo gracias a la práctica vivida, quizá te plantees esta actitud durante muchos días más. A veces las cosas más sencillas son las que más nos cuesta asumir como necesarias y vivencialmente placenteras.

11. Pon un límite al mundo digital

Sabemos que es muy difícil, pero igual que con el reloj, prueba al menos un día estar desconectado del móvil, de las redes sociales, de la tableta, del ordenador, de la playstation… Dile adiós a la tecnología y hola a la naturaleza. Después de las palpitaciones y el nerviosismo inicial, te garantizamos que lo vas a agradecer muchísimo. Hay que hacer actividad conductual para ser conscientes de lo maravilloso que es apartar las nuevas tecnologías de nuestras manos por un día. Vas a descubrir cosas que habías olvidado y vas a sentir sensaciones que ya no recordabas. ¡Atrévete!

12. Practica yoga y meditación

Si nunca lo has probado, las vacaciones son el momento ideal para aprender a practicar yoga. Si puedes hacerlo en la naturaleza, aún mejor. Si ya lo conoces, entenderás porque es tan útil para tus entrenamientos, para preparar tu cuerpo, para estirar, para tu vida. Acompaña tu yoga con un tiempo de meditación final para aprender a sentir lo que te dice tu cuerpo. Cada mañana, cuando te despiertes, estírate como un gato y tu espalda te lo agradecerá. Realiza ejercicios de cuello de asentimiento (arriba-abajo) y negación (derecha-izquierda) cuando te levantes cada mañana. Es un excelente antioxidante activo.

13. Date un capricho

Si por algo se distinguen las vacaciones es por ser especiales, un periodo corto, único, que debemos convertirlo en exclusivo, realmente diferente a nuestro día a día. Aunque vivamos en un lugar paradisíaco, las vacaciones deben distinguirse por un cambio. Por eso, es un buen momento para darnos ese capricho para el que nunca tenemos tiempo: un masaje, la lectura de un buen libro, una cena especial con nuestra pareja, una noche de pesca en la playa con amigos o un picnic en la montaña. Simplemente eso, al menos un premio dentro de nuestras merecidísimas vacaciones.

14. Aceptación

Esta variable es muy importante tenerla en cuenta durante nuestras vacaciones si no queremos amargarnos nuestros días libres. No siempre todo sale a la perfección ni todo es el top 10 que esperábamos. Por eso debemos trabajarnos la aceptación de las cosas tal y como son. Recuerda comportarte como una brizna de hierba y déjate llevar por el río.

15. Baja la intensidad

Aunque seas un loco del deporte, aunque no sepas vivir sin moverte a tope, en vacaciones baja un poco la intensidad. Recuerda que es un periodo ideal para el descanso y que tus músculos y tus articulaciones también te lo agradecerán. No te machaques en vacaciones. Realiza ejercicio físico más moderado porque potenciará tu vitalidad. Aprovecha para probar otros deportes que no acostumbres a realizar, pasea, nada y no dudes en realizar caminatas de montaña. Pon a la naturaleza de tu parte y te sentirás una parte más de esa naturaleza.

16. Disfruta de la familia y amigos

Las vacaciones son un momento estupendo para reencontrarnos con las personas que queremos y dedicarles todo el tiempo que merecen y merecemos y del que habitualmente carecemos.

Son un momento mágico para conversar sin prisa con nuestra familia, para tener esas charlas interminables con nuestra pareja y para alargar sobremesas con los amigos.

Date la oportunidad de disfrutar a tope de esos momentos. Ahora no tienes prisa. Ahora hay tiempo. Ahora no hay excusas. Y si es en plena naturaleza, como siempre, mejor que mejor.

17. Prepara tu equipaje

Puede ser una de las razones que más estrés nos genera en nuestras vacaciones: preparar las maletas. Tómate tu tiempo, visualízate en el futuro inmediato vacacional, respira hondo y trata de convertir ese momento poco agradable en un acto divertido y participativo de todos los componentes del grupo. Que una maleta no te amargue tus vacaciones. Haz una lista con tranquilidad y chequea que no se te olvide nada importante.

18. Rentabiliza tus escapadas cortas

Si este año no puedes permitirte unas vacaciones suficientemente largas en toda regla, haz que tus minivacaciones sean muy rentables: disfrútalas a tope.

Recuerda los consejos anteriores y ponlos a prueba en un periodo de tiempo mucho más corto. A veces, un fin de semana largo bien aprovechado puede ser una medicina más saludable que unas largas vacaciones.

19. Si vuelas, estira

Presta una atención específica en los viajes en avión, especialmente si son trasatlánticos porque el entumecimiento, unido al jetlag, pueden jugarte muy malas pasadas. Haz ejercicios en giro repetido circular de tobillos y muñecas. No dejes que se duerman tus pies y tus manos, y evita retener líquidos que generan hinchazón.

20 consejos para aprender a desconectar en vacaciones

20 consejos para aprender a desconectar en vacaciones

Levántate al menos cada hora y camina por los pasillos del avión. Si puedes, realiza estiramientos de brazos para alargar la columna. Hacer todo esto cambiará completamente tu perspectiva en el lugar de destino.

20. Convierte al dinero en tu mejor aliado

Quizá te parezca una medida demasiado drástica, pero te proponemos que la pruebes al menos un día durante tus vacaciones. Abandona el reloj. No pienses en la hora ni en cuántos minutos debes terminar una tarea.

Báñate en el mar mientras tengas ganas de nadar, pasea por el campo todo lo que te apetezca, come cuando tengas hambre (no a la hora de comer) y dedícale a la comida tanto tiempo como te apetezca, duerme cuando tengas sueño (no solo a la hora señalada para acostarte)…

Déjate probar esta experiencia al menos un día. Cuando escuches cómo se siente tu cuerpo gracias a la práctica vivida, quizá te plantees esta actitud durante muchos días más. A veces las cosas más sencillas son las que más nos cuesta asumir como necesarias y vivencialmente placenteras.

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