3 de cada 4 personas toman mal el Omega-3: el error de mirar la cifra equivocada del bote

Hay una paradoja con el omega-3: probablemente sea uno de los suplementos más conocidos y, al mismo tiempo, uno de los que más fácilmente se puede comprar sin saber realmente qué se está tomando.3 de cada 4 personas no llegan a una ingesta adecuada y muchas de las que se suplementan están mirando el número equivocado.

Redacción Sport Life

Capsulas de Omega 3
Capsulas de Omega 3

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La palabra “OMEGA-3” aparece enorme en muchos envases. Debajo puede leerse “1.000 mg”, “1.500 mg” o incluso “2.000 mg”. El problema es que esa cifra no necesariamente indica cuánto EPA + DHA contiene realmente el producto. Y ahí está el detalle que cambia por completo la lectura de la etiqueta. Una revisión global publicada recientemente estimó que alrededor del 76% de la población mundial no alcanza las ingestas recomendadas de EPA y DHA, es decir, aproximadamente tres de cada cuatro personas. La situación, además, varía mucho entre países y poblaciones.

Pero tener una ingesta insuficiente no significa automáticamente que todo el mundo necesite tomar cápsulas. De hecho, para la mayoría de las personas, el primer paso debería ser mucho más sencillo: comer pescado azul con regularidad.

Y si te decides a utilizar un suplemento, conviene aprender una regla básica:

No mires primero cuánto aceite contiene el producto. Mira cuánto EPA y DHA aporta por dosis.

Porque 1.000 mg de aceite de pescado no son necesariamente 1.000 mg de omega-3. Y 1.000 mg de omega-3 tampoco significan necesariamente 1.000 mg de EPA + DHA. La diferencia puede ser enorme.

¿Qué son exactamente el EPA y el DHA?

Cuando hablamos de omega-3 estamos hablando de una familia de ácidos grasos, no de una única sustancia.  Los tres principales son ALA, EPA y DHA.

El ALA (ácido alfa-linolénico) se encuentra principalmente en alimentos vegetales como las semillas de lino, la chía, las nueces y algunos aceites vegetales. Es un ácido graso esencial: nuestro organismo no puede fabricarlo y tenemos que obtenerlo mediante la alimentación.

El problema es que el cuerpo puede convertir una pequeña cantidad de ALA en EPA y posteriormente en DHA, pero esta conversión es limitada. Por eso, cuando el objetivo es aumentar de forma efectiva los niveles corporales de EPA y DHA, la vía práctica es consumirlos directamente a través del pescado, otros alimentos marinos o determinados suplementos.

Y aquí aparecen los dos protagonistas importantes:

EPA: ácido eicosapentaenoico

El EPA es un omega-3 de cadena larga que participa en numerosas funciones del organismo, especialmente relacionadas con las membranas celulares y la regulación de procesos inflamatorios y cardiovasculares.

El EPA tiene especial interés cuando hablamos de determinados objetivos cardiovasculares y metabólicos. Una de las aplicaciones mejor establecidas de dosis altas de omega-3 es la reducción de los triglicéridos en sangre. En este contexto, las dosis utilizadas en estudios y tratamientos médicos son muy superiores a las cantidades habituales de un suplemento convencional.

Eso es importante porque ayuda a entender una cuestión fundamental: un suplemento de omega-3 para complementar una dieta no es lo mismo que un tratamiento con omega-3 para una persona con hipertrigliceridemia.

DHA: ácido docosahexaenoico

El DHA es otro omega-3 de cadena larga y tiene una presencia especialmente elevada en tejidos como el cerebro y la retina. También forma parte de las membranas celulares y desempeña funciones estructurales y fisiológicas importantes.

En Europa, además, existen declaraciones nutricionales autorizadas relacionadas con el DHA. Por ejemplo, el DHA contribuye al mantenimiento de la función cerebral y de la visión cuando se cumplen las condiciones establecidas para estas declaraciones.

Por tanto, EPA y DHA no son intercambiables como si fueran exactamente lo mismo. Ambos son importantes, pero cumplen funciones diferentes y la proporción entre ellos puede ser relevante dependiendo del objetivo.

El gran error: “1.000 mg de aceite de pescado”

Imaginemos que encuentras un bote que dice: Aceite de pescado: 1.000 mg

La reacción habitual es pensar:  “Perfecto. Estoy tomando 1.000 mg de omega-3”. Pero no necesariamente. Una cápsula puede contener 1.000 mg de aceite de pescado y aportar, por ejemplo:

  • 180 mg de EPA
  • 120 mg de DHA
  • 300 mg de EPA + DHA

Los otros 700 mg corresponden a otros componentes lipídicos del aceite. De hecho, el NIH señala que un suplemento típico de aceite de pescado puede aportar aproximadamente 1.000 mg de aceite, pero solo unos 180 mg de EPA y 120 mg de DHA, aunque las cantidades varían considerablemente entre productos. Por eso dos productos que aparentemente ofrecen “1.000 mg de omega-3” pueden ser completamente diferentes. Uno podría aportar 300 mg de EPA + DHA. Otro podría aportar 700 u 800 mg. Y otro podría aportar todavía más si utiliza una fórmula concentrada.

El tamaño de la cápsula no nos dice cuál es mejor. La cifra grande de la parte delantera del envase tampoco.  ay que girar el bote. La cifra que realmente interesa: EPA + DHA. Cuando compares suplementos, busca la tabla nutricional o la composición por dosis.

Por ejemplo:

Producto A

  • Aceite de pescado: 1.000 mg
  • EPA: 180 mg
  • DHA: 120 mg

EPA + DHA = 300 mg

Ahora mira:

Producto B

  • Aceite de pescado: 1.000 mg
  • EPA: 500 mg
  • DHA: 250 mg

EPA + DHA = 750 mg

Ambos contienen 1.000 mg de aceite.

Pero el segundo proporciona dos veces y media más EPA + DHA. Por eso una de las mejores costumbres que puede adquirir cualquier persona que compre omega-3 es hacer una sencilla operación:

EPA + DHA = cantidad real de los dos omega-3 principales que aporta la dosis.

No hay que dejarse impresionar por “1.000 mg”, “2.000 mg” o “3.000 mg” escritos en grande. Hay que buscar las líneas pequeñas.

¿Cuánto EPA + DHA necesitamos?

Aquí aparece otra confusión frecuente: no existe una única dosis de omega-3 que sirva para todo el mundo y para todos los objetivos. La EFSA establece para adultos una ingesta adecuada de 250 mg diarios de EPA + DHA, basada en consideraciones relacionadas con la salud cardiovascular. En la normativa europea, además, se reconoce que EPA y DHA contribuyen a la función normal del corazón cuando se alcanza una ingesta diaria de 250 mg de ambos combinados. Pero esto no significa que “250 mg sea la dosis del omega-3 para todo”. Es una referencia nutricional para población general. Cuando cambia el objetivo, también puede cambiar la cantidad necesaria.

Por ejemplo, para conseguir determinados efectos sobre los triglicéridos, las cantidades estudiadas son mucho mayores. La EFSA ha señalado que para determinados efectos relacionados con los triglicéridos y la presión arterial se han utilizado ingestas de EPA y DHA de varios gramos al día.

Y la American Heart Association considera que 4 g diarios de omega-3 de prescripción, con EPA + DHA o EPA solo, pueden reducir los triglicéridos en personas con niveles elevados. Esto demuestra algo fundamental: No es lo mismo cubrir una ingesta nutricional que tratar una alteración analítica.

Alimentos ricos en Omega 3
Alimentos ricos en Omega 3
Tres situaciones diferentes que no deberíamos mezclar

1. “Como poco pescado y quiero mejorar mi alimentación”

Este es probablemente el escenario más sencillo. Si una persona apenas come pescado, la primera pregunta no debería ser: “¿Qué cápsula de omega-3 compro?”

La pregunta debería ser: “¿Puedo incorporar pescado azul a mi alimentación?”

La AHA recomienda consumir pescado o marisco una o dos veces por semana, y las recomendaciones europeas también sitúan el pescado como una fuente importante de EPA y DHA. Sardinas, caballa, arenque, salmón y otros pescados grasos pueden aportar cantidades relevantes de EPA y DHA. Además, comer pescado no significa simplemente ingerir dos moléculas aisladas. El pescado aporta proteínas de alta calidad, vitaminas, minerales y otros nutrientes, y puede sustituir alimentos menos saludables dentro de una dieta equilibrada.

Por eso mi primera opción seguiría siendo:

primero alimentación; después, si hace falta, suplemento.

2. “Tengo los triglicéridos altos”

Aquí la conversación cambia. Una persona con triglicéridos elevados no debería asumir que comprar cualquier bote de “omega-3 1.000 mg” equivale a estar tratando su problema. Las dosis utilizadas para reducir triglicéridos pueden ser considerablemente superiores a las utilizadas simplemente para complementar una dieta. Además, existen productos de prescripción con formulaciones y dosis concretas que no deben confundirse con los complementos alimenticios que encontramos en una tienda. Por tanto, si alguien tiene hipertrigliceridemia, la estrategia debe decidirse con un profesional sanitario teniendo en cuenta sus análisis, alimentación, medicación y riesgo cardiovascular. Las guías y fuentes médicas distinguen claramente entre suplementos convencionales y tratamientos con omega-3 de dosis farmacológicas.

3. “Quiero reducir mi riesgo cardiovascular”

Esta es quizá la situación en la que más cuidado hay que tener con los mensajes simplistas. Durante años se ha transmitido la idea de que “omega-3 = protección cardiovascular” y que, por tanto, todo el mundo debería tomar cápsulas. La realidad científica es bastante más compleja. El consumo de pescado dentro de una dieta saludable se asocia con beneficios cardiovasculares, pero los ensayos con suplementos de EPA y DHA a dosis bajas no han demostrado de forma uniforme una reducción de eventos cardiovasculares en todas las poblaciones.

Por ejemplo, algunas investigaciones con alrededor de 1 g diario de omega-3 han encontrado reducciones de triglicéridos sin demostrar una reducción significativa de infarto, ictus o mortalidad cardiovascular frente a placebo en determinados grupos.

Y las guías actuales pueden hacer distinciones todavía más importantes. NICE, por ejemplo, no recomienda utilizar compuestos de omega-3 de forma general para prevenir enfermedad cardiovascular, con la excepción específica de icosapento de etilo en determinados pacientes con triglicéridos elevados y tratamiento con estatinas.

La conclusión es sencilla: o existe una cápsula universal de omega-3 que sirva para cualquier persona y cualquier objetivo cardiovascular.

EPA y DHA: juntos, pero no iguales

Una de las razones por las que merece la pena leer la etiqueta es que la relación EPA puede variar muchísimo.

Un producto puede tener:

EPA 500 mg + DHA 250 mg

mientras otro puede aportar:

EPA 100 mg + DHA 500 mg.

Ambos pueden contener 750 mg de EPA + DHA, pero no son exactamente la misma formulación. Esto puede ser relevante cuando el producto se utiliza con un objetivo específico. El EPA ha adquirido especial protagonismo en determinados tratamientos cardiovasculares, mientras que el DHA tiene una importancia estructural particularmente destacada en cerebro y retina. Por eso, cuando un fabricante dice simplemente “omega-3”, la información es insuficiente para saber exactamente qué estamos comprando.

Necesitamos saber: ¿Cuánto EPA? ¿Cuánto DHA? ¿Cuánto suman? Y, si existe un objetivo concreto, ¿es esa formulación la adecuada para ese objetivo?  No todos los omega-3 tienen que venir del pescado. Para una persona que no consume pescado, existen alternativas. El aceite de algas puede proporcionar DHA y, en algunos productos, también EPA. Es una opción especialmente interesante para quienes no consumen productos de origen marino.

Pero volvemos al mismo principio:

No hay que comprar por el nombre del ingrediente. Hay que mirar la cantidad de EPA y DHA.

Una cápsula de aceite de algas puede tener una cantidad determinada de aceite, pero lo importante para comparar productos es cuánto DHA y cuánto EPA proporciona realmente. El organismo puede utilizar ALA procedente de alimentos vegetales, pero la conversión de ALA a EPA y DHA es limitada. Por ello, si el objetivo específico es aumentar la ingesta de EPA y DHA, las fuentes directas son más relevantes. Y hay otra cifra que tampoco deberíamos ignorar: la calidad

Supongamos que ya hemos encontrado un producto que proporciona una cantidad interesante de EPA + DHA. ¿Ya está? No del todo. Los omega-3 son grasas poliinsaturadas y son susceptibles a la oxidación. Esto hace que la calidad y el almacenamiento del producto sean cuestiones relevantes.

Por eso tiene sentido buscar fabricantes que proporcionen información sobre análisis de terceros o certificaciones independientes que permitan verificar aspectos como:

  • contenido real de EPA y DHA;
  • pureza;
  • contaminantes;
  • metales pesados;
  • estado de oxidación;
  • cumplimiento de las especificaciones declaradas.

Diversos estudios han encontrado que la calidad de los suplementos de omega-3 puede variar según el mercado y el producto. En un estudio de 48 productos comercializados en Estados Unidos, aproximadamente la mitad de los productos evaluados contenían menos EPA + DHA de lo declarado, aunque dentro de los márgenes legales aplicables, y los autores señalaron margen de mejora en contenido y calidad oxidativa.

Otros trabajos han encontrado resultados diferentes. Por ejemplo, un estudio de suplementos comercializados en Francia encontró un alto cumplimiento de las declaraciones de contenido y que los productos analizados cumplían los límites de oxidación establecidos por GOED.

Esto es importante porque demuestra que no tiene sentido afirmar que “todos los omega-3 están oxidados” o que “ningún suplemento es fiable”. La calidad depende del producto, del fabricante, del mercado, del almacenamiento y del método de análisis. Precisamente por eso conviene comprobarla.

¿Qué significa “oxidación” en un omega-3?

Las grasas omega-3 son químicamente sensibles. Cuando se oxidan pueden formarse diferentes productos de oxidación que se utilizan para evaluar el estado de conservación del aceite. En los análisis de calidad se utilizan, entre otros, valores como:

  • peróxidos, que reflejan productos de oxidación primaria;
  • p-anisidina, relacionada con productos secundarios de oxidación;
  • TOTOX, un indicador combinado utilizado para valorar la oxidación total.

Un estudio realizado sobre 171 suplementos de omega-3 comercializados en Norteamérica encontró que el 50% superaba al menos uno de los límites voluntarios de oxidación utilizados en aquel análisis. Pero hay que poner este dato en contexto: se trata de un estudio de un mercado y de una época determinados, y otros análisis posteriores han encontrado niveles de calidad diferentes. Por eso, más que quedarse con una estadística aislada, el consumidor debería extraer una lección práctica: si vas a comprar un suplemento, busca evidencia de que el producto ha sido analizado de forma independiente.

La etiqueta debería leerse de atrás hacia delante

Hay una estrategia muy sencilla para comprar omega-3 sin dejarse llevar por el marketing.

Paso 1: ignora temporalmente la parte delantera

No empieces por “Omega-3 1.000 mg”. Ve directamente a la tabla de composición.

Paso 2: localiza el EPA

Apunta cuántos miligramos proporciona por dosis.

Paso 3: localiza el DHA

Haz exactamente lo mismo.

Paso 4: súmalos

Por ejemplo: EPA: 400 mg y DHA: 300 mg. EPA + DHA = 700 mg. Esa es una cifra mucho más útil que “1.000 mg de aceite de pescado”.

Paso 5: comprueba cuántas cápsulas forman la dosis

A veces el fabricante indica una cantidad por dos cápsulas y nosotros creemos que corresponde a una sola.

Paso 6: comprueba el análisis independiente

Busca información sobre pureza, contaminantes y oxidación.

Paso 7: piensa para qué lo estás tomando

No es lo mismo complementar una dieta con poco pescado que intentar tratar unos triglicéridos elevados. ¿Significa esto que todo el mundo necesita 1.000 mg de EPA + DHA? No. Y este es otro error que conviene evitar. Que 1.000 mg sea una cifra popular en los envases no significa que sea la cantidad que todas las personas necesitan. La EFSA establece 250 mg diarios de EPA + DHA como ingesta adecuada para adultos.

Una persona sana que consume pescado azul regularmente puede alcanzar esa cantidad mediante la alimentación. Otra persona que nunca come pescado puede tener una ingesta mucho menor. Y una persona con hipertrigliceridemia puede necesitar una intervención completamente diferente y, si está indicada, dosis de varios gramos bajo supervisión sanitaria.

Por eso la pregunta correcta no es: “¿Cuánto omega-3 tengo que tomar?”

La pregunta correcta es: “¿Cuál es mi ingesta actual, cuál es mi objetivo y qué cantidad de EPA + DHA necesito para ese objetivo?”

Prioriza el pescado azul

Si tuviera que reducir todo este artículo a un solo consejo, sería este: Antes de comprar un suplemento, revisa tu alimentación. El pescado azul puede ser una excelente forma de obtener EPA y DHA dentro de una dieta saludable. Sardinas, caballa, arenque o salmón son ejemplos clásicos de pescados ricos en omega-3 de cadena larga. Además, las recomendaciones de alimentación saludable suelen promover el consumo de pescado dentro de un patrón dietético global, no como una solución aislada. Y si no comes pescado por preferencias alimentarias, alergias, disponibilidad u otras razones, entonces puede tener sentido valorar alternativas, incluido el aceite de algas, o un suplemento de EPA/DHA cuando sea apropiado.

Pero tampoco hace falta convertir el omega-3 en una obsesión. El verdadero mensaje: no compres “omega-3”, compra información. La próxima vez que tengas un bote de omega-3 delante, no te fijes únicamente en la palabra “OMEGA-3”. Dale la vuelta. Busca el EPA. Busca el DHA. Súmalos. Comprueba la dosis. Comprueba el origen y la formulación. Y, si es posible, busca un análisis independiente que permita comprobar pureza, contenido y oxidación. Porque una cápsula que contiene 1.000 mg de aceite no es necesariamente una cápsula que contiene 1.000 mg de EPA + DHA.

Y porque EPA y DHA no son simplemente dos nombres distintos para la misma sustancia: son ácidos grasos diferentes, con funciones biológicas diferentes y con aplicaciones que pueden variar según el objetivo. La evidencia actual también obliga a evitar otro extremo: pensar que cuantos más miligramos, mejor.

Para una persona sana que quiere cubrir sus necesidades nutricionales, la estrategia puede ser tan sencilla como consumir pescado azul con regularidad. Para una persona con triglicéridos elevados, la situación puede requerir dosis y formulaciones específicas bajo supervisión médica. Y para la prevención cardiovascular, los beneficios de comer pescado no deben confundirse automáticamente con los efectos de tomar cualquier suplemento de omega-3.

En definitiva, el problema no es que el omega-3 sea complicado. El problema es que muchas etiquetas hacen que parezca más sencillo de lo que realmente es.

Así que quédate con esta regla: No mires cuánto aceite hay en el bote. Mira cuánto EPA + DHA contiene la dosis. Si suplementas, no mires solo la cantidad: comprueba también la calidad. Porque en omega-3, como en tantas otras cosas relacionadas con la nutrición, la cifra grande del envase no siempre es la cifra que importa.