Stelvio, Gavia, Mortirolo y siete más

¿Te imaginas subir puertos míticos del Giro de Italia con la carretera libre de coches? Bormio es el epicentro para hacer realidad esto.

Óscar Falagán

Stelvio, Gavia, Mortirolo y siete más
Stelvio, Gavia, Mortirolo y siete más

¡Mira que ha sido extenso el conjunto de escenarios de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina… y quiso el destino que fuese justo la sede donde España ha ganado sus medallas la que me aguardase el verano previo! Como premonitoriamente, fui llamado a Bormio, al pie de la montaña conquistada por Ana Alonso, Oriol Cardona y su equipo.

       —Sacadme solo el billete de ida —dije—, pero con mi bici viajera incluida, aunque allí me facilitéis la vuestra para el press tour.

       —¿Estás seguro? —preguntó mi interlocutora desde la Oficina de Turismo de Bormio.

       —Sí, sí, por favor, solo el de ida.

Llevaba semanas planificando un viaje por Europa, pero mi punto de partida cambió. Ya no iba a ser mi provincia leonesa, sino la de Sondrio —en la que está Bormio— y acortando distancia por avión. Porque la invitación era a todas luces irrenunciable para un apasionado del ciclismo y de las crónicas de ciclismo.

       —¿Tendrías disponibilidad para venir a conocer el Stelvio, El Gavia, el Mortirolo y algún otro puertito, y luego escribir un reportaje sobre ello?

       —Será un doloroso placer —contesté. —Allí estaré.

Después del press tour, iniciaría travesía hacia el norte de los Alpes, pero vamos ahora con estos días en un rinconcito de esos Alpes.

Día cero: recepción y presentación del equipo

Cuidados muy bien en todo momento por Davide Evengelista (de Vitesse) estaremos un polaco, un neerlandés, un inglés, un estadounidense, un suizo y un servidor. Se celebra el 200 Aniversario de la inauguración del puerto del Stelvio y eso es lo primero que en el saludo de bienvenida nos cuentan a los participantes en el press tour. No en vano, el título de la convocatoria es “Los primeros 200 años de una leyenda del ciclismo”, pese a que cuando el Stelvio se cimentó, no existían las bicicletas. Tampoco existía, por cierto, la Italia en la que hoy se halla, pues la bota itálica estaba fragmentada en ducados y reinos, tal que las actuales regiones italianas que el homenajeado puerto comunica, Lombardía y Trentino-Alto Adigio, estaban en el Reino de Véneto y bajo dominio Austrohúngaro. Estos son los primeros detalles de los que se nos habla: que fue el emperador Francisco II de Habsburgo quien encargó la construcción a Carlo Donegani, experto en ingeniería de carreteras de alta montaña y ya diseñador del hoy ítalo-suizo puerto del Spluga. No bicicletas, sino un servicio de diligencias, operó en el Stelvio hasta 1915 (siendo ya Reino de Italia), con paleros doblando el espinazo para despejar de nieve la carretera. Esa infaltable nieve que convierte este lugar en paraíso de deportes invernales, está ausente en julio, cuando nos vemos ahí para descubrir, en modo paraíso veraniego, las rampas y curvas de herradura de la bicentenaria arteria y otras de sus alrededores.

 

Así encontraremos el Stelvio el día que lo ascenderemos en la carrera Mapei Re Stelvio.
Así encontraremos el Stelvio el día que lo ascenderemos en la carrera Mapei Re Stelvio.

Tras la contextualización histórica, nos es revelado un temazo. Stelvio Epic Rides se llama un proyecto que están lanzando con Bormio como epicentro: el reto personal de coronar, durante la temporada de apertura de puertos, los emblemáticos Stelvio, Gavia y Mortirolo y otros siete altos menos conocidos. De este total de diez subidas, el reto se supera si se acredita haber completado nueve. No es ninguna competición; para validar el reto hay que enviar fotos hechas en las cimas o compartir la ruta GPX. Quien lo haga, se lleva de obsequio un trofeo. Ni que decir tiene que actuaría de forma absurda alguien que hiciese las fotos sin habérselas ganado con el disfrutado sudor de las subidas. Los cuatro puertos principales (los tres mencionados y Lagos de Cancano) cierran al tráfico motorizado en ciertos días y nuestro plan se acopla a esa circunstancia. Ni riesgo de atropello, ni ruidos, ni tubos de escape perturbando la celestial experiencia. Dicho plan contempla visitar esos cuatro principales (de la mano de algún guía local), pero no ir a los restantes, porque nosotros estamos aquí por la conmemoración de aniversario del Stelvio y no por ese proyecto de Stelvio Epic Rides, que está rompiendo el cascarón y, la verdad, resulta ser soberana tentación. Pero ¿cómo ponerse con ello, si la agenda es ajustadísima? Muy complicado parece, pero la almohada en la noche me dirá que indague posibilidades. Una ocasión así no se pone a menudo tan a tiro de piedra.

Día primero: Gavia… y de postre Forni

“Hoy os recibe ‘la reina’… —dice en el ‘briefing preruta’ el manager del Stelvio Experience, establecimiento que nos proporciona unas estupendas bicicletas Bianchi. —Así es, sí, para nosotros la reina de estas montañas es el paso del Gavia, ‘el rey’ es el Stelvio y el Mortirolo ‘el bastardo’. Así los tenemos considerados.” 

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En la previa, con el amigo suizo y el neerlandés; en la cima del Gavia, con una amiga australiana.

Hay un día de cielo azul que hará relucir esa carretera reina, en una estampa difícil de imaginar para los corredores de aquella épica y terrible etapa del Giro de Italia de 1988, cuando el Parque Nacional del Stelvio decidió sacar nieves y hielos en pleno junio y la prueba se transformó en una lucha contra la hipotermia. Subimos en dirección contraria a aquella jornada en la que los ciclistas llegaron a la meta de Bormio con síntomas de congelación y rostros desencajados. Era la segunda vez que se coronaba este puerto en la Corsa Rosa; la primera había sido en 1960… En esta ocasión estival que a nosotros se nos presta, cada cual coge su ritmo y yo me asocio con una australiana que me comenta que viene de participar en la Maratona de los Dolomitas. Si podemos conversar, es que no estamos subiendo tan mal, pero enseguida nos concentramos en respirar y contemplar el panorama. Los lagos alpinos que emergen en el alto son un tremendo regalo.

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Ciclistas del Polti Visit Malta, con quienes coincidimos al alcanzar los lagos de la cima.

El descenso es gozoso. Paramos a comer no habiendo bajado del todo, en Santa Caterina de Valfurva. Pizzocheri a la Valtinesa, receta lugareña para un tipo de pasta generosa en trigo sarraceno, café expreso, digestión igual de exprés ¡y a por el segundo del reto! Por ahí me da. Voy solo, nadie más se anima; es más, el resto me mira como a un Don Quijote, pero yo no vacilo, porque si hay alguna opción de abordar las Stelvio Epic Rides en los días del press tour, esa opción pasa por sumar cimas ensamblándolas en huecos del programa. Y desde Santa Caterina de Valfurva se accede a la breve e intensa ascensión a Forni. La jugada consiste en subir y bajar el puertito y estar listo a media tarde para la siguiente actividad, que es todo un lujo, una visita a las vetustas aguas termales de Bormio. Culmino la subida frente al refugio Forni, un cruce de caminos para montañismo y esquí de travesía. Una pareja de senderistas me hace la prueba fotográfica de rigor. Empiezo a sembrar mi apuesta y ganar credibilidad para ella.

Día segundo: sumemos Bormio 2000 y Monte, por si Cancano fuera poco, a lo loco

Se ve que más de uno en el fondo se quedó pensando, al verme ir a por Forni, que por qué no aprovechar a hacer más puertos en la zona. Durante la cena de la víspera en un asador de la campiña bormina, el amigo holandés, Dennis, y el amigo suizo, Andy, han propuesto madrugar para subir a Bormio 2000. Allá vamos antes de la hora en que el programa dice que estemos preparados en la oficina-taller de Stelvio Experience para salir hacia el puerto programado. Escalamos entre pinares hasta donde llegan las telecabinas que parten del al lado del hotel que nos hospeda, por la vera del Stelvio Ski Centre, la pista a la que los Juegos de Milano-Cortina reservan las modalidades de esquí alpino y la debutante olímpica eskimo, la llamada a rubricar medallistas españoles. Bormio divide sus sectores por cota de altitud, estando el pueblo a 1100 m y siendo Bormio 3000 el portillón de salida de uno de los descensos más vertiginosos de Europa. Nosotros pedaleamos hasta los 2000 m, por el asfalto en el que un joven Damiano Cunego plasmó una exhibición en el año 2004, desbancando al líder de su equipo, Gilberto Simoni. Pendientes regulares con anchas curvas cerradas nos conducen al selfie que valida el puerto para las Stelvio Epic Rides, y descendemos al punto de encuentro a por un café y un cornetto.

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Sonriéndole a la estación que traerá la sonrisa al equipo español de eskimo.

Al briefing oficial del día asisten otros cicloturistas, además de los del press tour. Percibo que uno habla un inglés medio familiar, medio peculiar. De repente, me habla a mí en español con acento andaluz y descubro que es gibraltareño.

—El Giro terminó ahí una vez, hace cinco años —me dice refiriéndose al puerto que nos espera. —Aquel Giro un poco raro que acabó ganando un paisano inglés medio desconocido [Tao Geoghehan Hart] con pocos segundos de ventaja sobre el australiano ese bastante bueno, ¿cómo se llama?... Uno que ganó el Giro un par de años después…

—¿Hindlay?

—¡Ese! Fue el primero ahí arriba. Se vieron unas imágenes muy chulas de Cancano por la tele, y también del paso anterior por el Stelvio…

—Precisamente a Cancano se le conoce como “el pequeño Stelvio" —comenta el manager del taller Stelvio Experience. —Así como el Stelvio se llevó a cabo por razones militares, la carretera a los lagos de Cancano fue creada por la construcción de presas para abastecer de electricidad a Milán. Tiene 21 curvas de herradura en una pared de roca casi vertical, hecha así para que los camiones de la obra pudieran salvar el desnivel de forma progresiva. Por eso tiene esa pendiente cómoda del 6 y 7%.

¿Cómoda? Eso depende de cómo te la tomes, porque para mí se convierte en un calvario. Culpa mía, por querer seguir al amigo suizo, una máquina unos cuantos añitos más joven que yo. Voy haciendo la goma y diciéndome: “¡agárrate con los dientes a esa rueda hasta el próximo tornante...” El “pequeño Stelvio” se me hace inmenso, pero ¡tanto lo lucho que obtengo el indulto! Rematadas las herraduras o tornanti, dos túneles excavados en la roca dan paso a un paisaje lunar alrededor de los lagos. Magnífico premio.

Al amigo suizo, Andy, cariñosamente le apodo “Zulle”. Se ha calentado con el tema de las Stelvio Epic Rides también. Yo llevo cuatro, él tres, y consensuamos que antes de comer otro tiene que caer. De modo que, en lugar de quedar con los demás a dar una vuelta por el entorno de ensueño de las presas, nos tiramos hacia abajo para ir al puerto que más a mano nos queda, la subida hasta Forte di Oga, una fortaleza de la Primera Guerra Mundial. Esta nos la tomamos con calma, disfrutando sus horquillas con postal amplia sobre el valle. Y por hoy ya está bien. A media tarde tenemos visita a las bodegas del Braulio. Nos hemos ganado el degustarlo.

Día tercero: Mortirolo… y vamos más que servidos

Miguel Indurain era y es humano. Muy humano. En 1994 iba en busca de su tercer Giro a Italia y en la etapa con el Stelvio y el Mortirolo estuvo a un tris de arrebatárselo a Evgueni Berzin, tras responder al brutal ataque de Marco Pantani en el Mortirolo y capturarlo; pero el “puerto rey” y el “puerto bastardo” mermaron su energía y en el passo posterior, supuestamente el más inofensivo, perdió el tiempo ganado y se le esfumó su tercer Giro. Casi no había ciclista que le hiciera sombra, pero sudó demasiado en el Stelvio porque le recomendaron que no escatimara en poner ropa de abrigo. En estas montañas, hasta los dioses humanos se vuelven aún más humanos. El ciclismo de los años 90 era otro, no tenía todo tan milimétricamente calculado como ahora. Sin ciclocomputadores, sin medidísima nutrición, sin tecnologías de termorregulación... Tres décadas en ciclismo son mucho tiempo; los desniveles del Mortirolo eran un hueso con las bicis y desarrollos de entonces, como a final de la década en la Vuelta a España los del Angliru (tres décadas aún más atrás, por ejemplo, parte del pelotón echó pie a tierra en el Giro de Lombardía ante el Muro de Sormano). ¡Al “puerto bastardo” esta mañana nosotros vamos!, y ya en el briefing nos tiemblan las piernas al mirar que en el perfil reflejado en la pantalla todo aparece rojo candente o chamuscado, ni siquiera un tono naranja que lo suavice. Se puede subir por varias caras, pero lo haremos por la dura, por la que subieron Indurain y Pantani; y por la que danzó sobre la bici Contador un día de 2015 en que ganó la etapa Landa.

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Daniele “Stelvio Man” va con nosotros en el Mortirolo, y ya en el briefing, nos da sus consejos.

“¿A dónde vamos?”, pregunto al amigo inglés, Jamie. “To hell”, contesta (¿no decía así una canción de AC/DC?). El amigo estadounidense, Brad, no quiere quemarse, se lo salta. Los demás, listos. Con la grata sorpresa de que nos guíe el amigo italiano “Stelvio Man” Daniele, un gigante y popular lugareño que ha subido el Stelvio más de medio millar de veces. Con buen criterio, la mayoría dosifica. ¡Ojo, Jamie sube hablando a cámara, Andy haciendo tapering para la carrera Re Stelvio del día siguiente, Dennis gozando e ideando contenidos periodísticos, el amigo polaco Grzegory ídem… ¡¿Se puede subir este coloso haciendo cosas como hablar a cámara o tapering?!. Por lo visto, sí. Menos diestro y cabal yo, decido exclusivamente pedalear y darlo todo, por aquello de que no todos los días se le presenta a uno el Mortirolo, así que hago casi toda la subida solo.

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El fotógrafo Enrico Pozzi capta un rayito del sol entre bosque con el dron y a mí fuera del bosque ya

Bella giornata, eh!”, le exclamo con voz entrecortada a un hombre que labra una huerta. Él alza la cabeza y me dedica sonrisa cómplice. Cuando llevo ya un rato penando, siento un jadeo por detrás. Un ciclista con el maillot del Movistar me adelanta como si fuera en moto y me alienta con un “Allez, allez!”. Pero no es español ni francés, sino de no lejos de aquí. Es Davide Formolo. ¡Normal que me quite las pegatinas un escalador que sabe lo que es ganar etapa en el Giro y ser top ten en la general!... En las últimas rampas, cuando se disuelve el bosque y se abre la visual, procuro impregnar los sentidos con el sugestivo tramo final. Coronamos, felices, todos los del equipo. Y mucho más lo estaremos recuperándonos con unos ñoquis caseros al ragú en un cercano agriturismo. “Cuando te vi el primer día, no tenías aspecto de poder con estos puertos”, me bromea Dennis entre bocado y bocado. “Aprendí hace tiempo anota “Stelvio Man a no juzgar a los cicloturistas por el aspecto. Los hay que van hechos un pincel y luego no pintan bien, y otros que, aparentando ser de brocha gorda, resultan buenos peleones.” Reímos todos y asentimos. Y escuchamos con gusto historias varias que nos confía.

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Alto del Mortirolo: de izda. a dcha., Grzegory, Andy, Jamie, Dennis, Daniele y quien esto escribe

Día cuarto. Rey Stelvio por la mañana, Forte di Oga por la tarde

La épica ciclista del Stelvio es mucha desde que por primera vez fue parte del recorrido del Giro en 1953. Entre las gestas sobre su pavimento, me decanto por recordar la de cuando el talentoso escalador asturiano J.M. Fuente ‘el Tarangu’ batió con solvencia a Eddy Merck. Era la edición de 1972 y también batió al belga ese día el guipuzcoano Paco Galdós, detalle que me lleva a recordar uno de los momentos estelares de esta cumbre, cuando en 1975 la última etapa del Giro se fraguó en ella. Entre los muros de nieve de las cunetas Fausto Bertogglio resistió los envites de Galdós. La maglia amarilla del Kas no pudo soltar a la maglia rosa. Bastaba una ventaja de 42 segundos en todo un Stelvio para que esa maglia rosa se viniese al sur de los Pirineos, pero los tiffosi transmitieron su fuerza para que se quedase en Italia… En la cuadragésima edición de la Re Stelvio Mapei no habrá muros blancos es los costados del pavimento, el blanco lo pondrá una espesa niebla en toda la parte más baja del valle. Escasos tiffosi estarán dándonos su empuje a los variopintos participantes, tendremos que hallar fuerza en otro tipo de socios y aliados.

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Línea de salida (Bormio) y línea de meta (alto del Stelvio) de la 40ª Re Stelvio Mapei

Después de las e-bikes de la marcha no competitiva y los corredores a pie, se da la salida a las bicis de carretera, marcha competitiva. El amigo suizo va a tratar de sacar una buena marca escoltado por “Stelvio Man”, para quien este trayecto es como recorrer el pasillo de su casa. Los demás de nuestro team ¡a sobrevivir como buenamente podemos!

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“Stelvio Man” y Andy, nuestra avanzadilla, progresando entre túneles, e-bikes y corredores

En mi caso, enseguida me doy cuenta de que voy a sufrir de lo lindo. Lo que traigo encima de los días previos se hace notar desde el inicio. El Stelvio se me va a hacer un mundo, un universo. Misticismo acrecentado por el mar de nubes del que hemos de emerger a pedales. La cuenta atrás de las curvas de herradura transcurre lenta. Resistencia mental, dolor de piernas, paciencia. Si ya de por sí voy cascado, lo que me ocurre en el primer tercio del puerto me da un zarandeo extra. No sé qué hago pero me caigo. Al recolocar el bidón en el portabidón, beso el prado del margen de la carretera. Suma de cansancio y torpeza que me provoca el susto de ver el barranco muy de cerca. Me levanto atolondrado, pero tiro de pundonor o algo así de no sé dónde. “¡Vamos, hay que resistir, no puedo permitirme hacer esta subida sin entregarle de mí todo lo que tenga…!” A golpe de riñón alcanzo el avituallamiento a 5 km del alto, que precede un falso llano en el que me sobrepasa a buen ritmo un chaval joven. Busco su rueda en este tramo y, cuando se acaba, intento no abandonarla aun sabiendo que falta la parte más dura del puerto. Conseguir mantenerme a rebufo de este junior en el antepenúltimo kilómetro (el 18º) con desnivel medio del 10% es puro desafío. Obrado el milagro, voy a “morir” si hace falta en los 2 km al 8% y 9% que quedan hasta el final. Me aferro a este buen ciclista como si mi supervivencia en el planeta de ello dependiera. Le pido permiso para ir ahí con él. Acepta. Quiero dar algún relevo, pero es en vano, no puedo. Al final los dos llegamos a meta exhaustos. Nos damos mutuamente las gracias. Yo a él, porque ha tirado de mí; él a mí, porque sentir mi agonía en su cogote le ha hecho mejorar su tiempo. Deportividad y buen entendimiento.

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Veterano de dudosas trazas ciclistas saluda al fino junior cuya estela ha seguido hasta meta

No sé cómo me viene la idea, pero después de comer, mientras por la tele vemos a Liane Lippert ganar la etapa del Giro femenino, pienso en volver a ponerme el culote e ir a por el octavo puerto. El último previsto para el press tour era el Stelvio, séptimo de mi personal lista. Cuando expreso la idea en voz alta y pregunto si alguien me acompaña, las miradas de respuesta son claras: “¡tío, estás muy loco!”. Pero no lo estoy tanto: a la subida a Forte di Oga se llega fácilmente por la orilla del río Adda, y va a mostrárseme preciosa… y además, ¡qué mejor cosa podría hacer para pasar la tarde!. Para mi deleite, no me voy a encontrar tan mal, pese a la paliza matinal, ¡y el comer y el pedalear, todo es empezar! La pendiente es constante, ofreciéndome unas vistas cada vez más vastas del valle hasta la cima, sublime, junto a una fortaleza plantada cual centinela del paisaje. En ella encuentro a un cicloturista milanés que me hace la foto testimonial. Cuando nota que soy español, me dice que su último ídolo fue Alberto Contador y que el tan tecnologizado ciclismo de hoy, le aburre. Le aburre verlo, no practicarlo, claro.

Día quinto. Con Fumero, cumplido el reto

El press tour ha acabado, se van todos al aeropuerto. Excepto los que no vamos a coger ningún vuelo. El amigo suizo, que volverá a su cantón en coche, y yo, que rebasaré los Alpes también, pero en bici. Conclusión: Andy yo nos vamos juntos a Fumero, mi noveno. Más curvas de herradura, que aquí es lo que se lleva. Esta vez atravesando aldeas, hasta la que hay en lo alto, donde remata la carretera. Ahí se da un bonito encuentro con vecinos, que se muestran encantados con la visita de dos extranjeros. Hablan en su dialecto, pero conseguimos comunicar. Va a ser que el comunicar es como el pedalear, ¡todo es empezar! Así, nos queda la sensación de que la Stelvio Epic Rides tiene este importante encanto extra, el de llegar a cimas atractivas que se salen del circuito de las típicas. El entrañable encuentro con estas gentes lo explica.

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“La asamblea parlamentaria” de Fumero me recibe así de contenta, diplomacia de la buena

Día postrero. Me voy de Italia por Livigno… y ¡diez de diez, mira qué bien!

Para redes sociales y para resumir mi experiencia, se me propone grabar un vídeo en la oficina de turismo, pero yo me empeño en hacerlo delante de los aros olímpicos puestos en la plaza central de Bormio por la Olimpiada que se avecina. No solo porque sea escenario más vistoso, sino porque ya estoy listo con mi bici y alforjas para emprender ruta hacia Suiza, mi inmediato destino. Es grabar el vídeo y rumbo a la frontera. Escojo ir hacia ella por Forcola di Livigno, el puerto más alejado de Bormio de los diez del Stelvio Epic Rides, para poner mi guinda superando el décimo en cuestión. No es tarea sencilla, porque hay otros dos puertos antes, Foscagno y Eira (y encima haré otro después, Bernina). Y pasando de ir en vehículo ligero a ir como en tractor, las alforjas van que revientan. Me adelantan en las próximas horas, como gacelas a un elefante, varios profesionales de los que no están en el Tour de Francia: del Cofidis, Del Bora, del Visma y otras formaciones. En la cima del Eira charlo unos instantes con Bart Lemmen, que me ha pegado un par de pasadas fulgurantes haciendo series, y Tim van Dijke, que semanas después andará haciendo caballitos para divertir al público en alguna etapa de la Vuelta a España. Deduzco que es él y no su gemelo, porque al decirle que iré con amigos a ver las etapas de Angliru, Farrapona y Morredero, me pide que le animemos (el que va a la Vuelta es Tim, no su hermano Mick).

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Foscagno, Eira (de cháchara ahí Lemmen y Van Dicke), Livigno y Bernina en un día

Andy tampoco se va de Bormio hasta subir nueve puertos, para completar igualmente el reto y llevarse el trofeo de recuerdo. Tras nosotros vendrán muchos cicloturistas a tenerlo, pues la propuesta es estupenda. En el podio de los primeros hay un español y un suizo, como en el podio de la prueba esprint de eskimo en relevo mixto al que se subirán —tras hacerlo en sus respectivas pruebas individuales— Oriol Cardona y Ana Alonso. Nos envía a todos Andy su foto con el simbólico trofeo desde la oficina de turismo. Envío yo la mía desde lo alto de Livigno, siendo consciente de que el mejor trofeo es conocer personas tan majas por el mundo. Mucho valoro a las que encontré en Bormio y a las que encontraré en la ruta que desde Bormio prosigue, así como, por supuesto, a los lugares y sus paisajes.

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Con el trofeo en Livigno, 10º subido, y ante la sede del COI en Suiza, en honor a la Bormio olímpica