Hace poco tiempo, el pasado 20 de abril, completé el maratón de Boston. ¡Y me encantó!, es uno de mis favoritos de todos los que he completado hasta ahora.
Siempre había oído hablar de Boston como una carrera especial. Pero no es solo su historia. Es el contraste. Es esa sensación de empezar en un entorno casi remoto y avanzar, kilómetro a kilómetro, hasta terminar en el corazón de la ciudad, rodeada de gente que no deja de animarte. Ese paso de lo íntimo a lo colectivo fue un contraste interesante.
Boston no solo fue mi sexta Major. Fue, sin duda, una de las más especiales. Cruzar esa meta no fue simplemente terminar una carrera. Para mí, fue cerrar un ciclo que empezó hace años, casi sin darme cuenta, y que me ha llevado a recorrer el mundo persiguiendo una línea de salida.
Al acabar Boston, mi sexta Major, conseguí el reto de las Abbott World Marathon Majors Six Star Medal: Tokio, Boston, Londres, Berlín, Chicago y Nueva York.
Mucho más que seis carreras
Desde fuera, completar las Majors puede parecer sencillo de resumir: seis pruebas icónicas en distintas partes del mundo. Pero lo que no se ve es todo lo que hay detrás.
Conseguir un dorsal para carreras como el Maratón de Boston no es inmediato. Requiere años de intentos, marcas exigentes o depender de sorteos donde no siempre tienes el control. Y cuando lo consigues, empieza otra parte del proceso: hacer que todo encaje.
Viviendo en Sídney, cada carrera implica viajes largos, cambios horarios y una logística que va mucho más allá del entrenamiento. Todo está lejos desde aquí ;) No se trata solo de llegar en forma, sino de llegar en condiciones.
Hay muchos factores que no dependen de ti: no lesionarte en el momento clave, no enfermar en la semana de la carrera, evitar imprevistos y que el cuerpo responda después de horas de vuelo. Y, al mismo tiempo, sostener tu vida: trabajo, responsabilidades, compromisos, rutinas, personas. Preparar un maratón no ocurre en un vacío. Ocurre mientras todo lo demás sigue adelante.
Incluso el contexto global influye más de lo que parece: cambios en el coste de los viajes, incertidumbre económica o situaciones internacionales que afectan directamente a cómo te mueves por el mundo.
Completar las Majors no es solo un reto físico. Es la capacidad de mantener un proyecto exigente en el tiempo, adaptándote constantemente.
El maratón invisible
Cuando pensamos en un maratón, imaginamos los 42,195 km. Pero la verdadera distancia es otra: la que no se ve.
En mi caso, entrenar forma parte de quien soy. No es una cuestión de motivación puntual. El reto es mantenerlo durante años.
Preparar un maratón, y más aún varios, exige algo mucho más profundo: disciplina para respetar el proceso, paciencia para aceptar que el progreso no es lineal, compromiso incluso cuando el objetivo está lejos y una gestión constante de la motivación.
También está la parte menos visible del proceso: viajar con la ropa y las zapatillas de carrera en el equipaje de mano para no arriesgarse a que se pierda nada importante; buscar alojamientos donde poder cocinar para controlar la alimentación y evitar depender siempre de restaurantes o comida rápida.
Y en las semanas previas a este tipo de retos, todo cambia un poco más: intento pasar más tiempo al aire libre, evitar espacios cerrados y reducir al máximo el riesgo de enfermar. En mi caso, eso también significa ajustar hábitos sociales, incluso en tono de broma, evitando abrazos o contacto físico cercano en los días clave, y siendo especialmente cuidadosa con cosas tan simples como que nadie toque o se acerque a mis pies, que al final son fundamentales en un corredor.
Porque en este tipo de objetivos, cualquier detalle puede marcar la diferencia.
Y, al mismo tiempo, sigue existiendo la vida normal.
Más allá de las Majors
Completar las seis Majors ha sido un hito importante, pero forma parte de un camino mucho más amplio.
A lo largo de los años he ido explorando distintas formas de resistencia: desde maratones internacionales como el de la Gran Muralla en China hasta ultradistancias de 100 km y competiciones de triatlón que llevan el cuerpo y la mente a otro nivel.
Y, aun así, cada línea de salida sigue siendo una incógnita. Porque da igual la experiencia que tengas: siempre hay algo que no puedes controlar. Siempre hay algo nuevo que aprender o mejorar.
En la meta de Boston
Cuando crucé la meta del Maratón de Boston no sentí euforia desbordada. Sentí algo más tranquilo, más profundo. Como si todo el camino, cada entrenamiento, cada viaje, cada ajuste, encajara de repente. Porque al final, completar las Majors no va solo de llegar a seis metas. Va de todo lo que ocurre en el proceso y de en quién te conviertes mientras tanto.
¿Estás pensando en completar el reto de las seis Majors?
Si alguna vez te planteas afrontar el reto de las seis Majors, y ya tienes cierta experiencia con maratones, te animaría a hacerlo sin prisas y disfrutando del camino. Completar este desafío no tiene por qué hacerse en pocos años; cada carrera llega en su momento. En mi caso, el recorrido empezó en 2016 con Nueva York y terminó en 2026 con Boston, aunque por el camino hubo varios años marcados por la pandemia/COVID, cuando muchos eventos se paralizaron y los planes tuvieron que adaptarse. Aun así, el objetivo seguía ahí. Mi consejo es planificar bien las carreras que quieres afrontar, ser constante con los entrenamientos y, sobre todo, disfrutar de todo lo que vives entre una meta y la siguiente. Con paciencia, ilusión y perseverancia, el reto acaba llegando.
Te comparto un vídeo de mi experiencia en el Maratón de Boston tras completar los seis Majors.
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