No se trata simplemente de una bicicleta con sensores, sino de un sistema integrado de percepción, análisis y respuesta en tiempo real que busca convertir la bicicleta en una especie de “vehículo inteligente” capaz de interpretar el entorno de forma similar a un coche autónomo o a un dron avanzado.
El primer elemento destacado es su sistema de cámaras de cobertura 360 grados. La bicicleta incorpora cuatro cámaras: tres en la parte frontal y una en la trasera. Estas cámaras trabajan conjuntamente para ofrecer una visión completa del entorno, similar a los sistemas que ya se utilizan en automóviles modernos o en drones de vigilancia y grabación. El objetivo es que la bicicleta pueda “ver” todo lo que ocurre alrededor del ciclista sin puntos ciegos.
Este sistema de cámaras no funciona de manera aislada, sino que se combina con un conjunto de sensores de radar. En total, el Canyon Predict incorpora cuatro sensores de radar: tres en la parte delantera (dos laterales y uno frontal) y uno en la parte trasera. Los sensores delanteros están diseñados para detectar objetos en el entorno inmediato del ciclista mientras avanza, incluyendo vehículos, peatones o cualquier obstáculo en la vía. El radar frontal, en particular, tiene la función de medir distancias con precisión, lo que permite anticipar situaciones de riesgo.
El radar trasero, por su parte, cumple una función más tradicional y similar a la de los dispositivos ya existentes en el mercado: detectar vehículos que se aproximan por detrás. Esto permite alertar al ciclista sobre adelantamientos peligrosos o situaciones en las que un coche se acerca a gran velocidad sin ser percibido fácilmente.
La inteligencia artificial llega a la bici
Uno de los elementos más innovadores del sistema es la incorporación de procesamiento mediante inteligencia artificial en el propio dispositivo, lo que se denomina “edge computing”. Esto significa que toda la información recogida por cámaras y radares no depende de una conexión a internet o a redes externas para ser procesada. Todo el análisis se realiza de forma local, en la propia bicicleta. Esto tiene varias ventajas: reduce la latencia (es decir, el tiempo de respuesta), mejora la privacidad del usuario y garantiza que el sistema funcione incluso sin cobertura móvil o WiFi.
Otro componente clave del sistema son los sensores de presión de los neumáticos. Estos sensores están integrados dentro de las ruedas y permiten medir en tiempo real la presión del aire. Esta información no solo sirve para avisar al ciclista si la presión es demasiado baja, sino que también puede utilizarse para ofrecer recomendaciones de seguridad, como ajustes en la conducción en días de lluvia o condiciones de baja adherencia. Las ruedas y bujes están fabricados por DT Swiss, lo que indica que el proyecto combina tecnología digital avanzada con componentes mecánicos de alta gama.
El sistema completo está alimentado por una batería interna de aproximadamente 1 kilogramo de peso. Es importante destacar que la bicicleta no es eléctrica en el sentido tradicional; no proporciona asistencia al pedaleo. Toda la energía de esta batería se destina exclusivamente a alimentar sensores, cámaras, luces y sistemas de procesamiento. El consumo energético es considerable debido a la cantidad de hardware integrado. Según las estimaciones actuales, la autonomía del sistema es de unas ocho horas, aunque este dato podría mejorar con futuras optimizaciones.
Y con luz propia
El sistema de iluminación también forma parte del ecosistema inteligente. La bicicleta incorpora luces delanteras y traseras integradas en el cuadro. Aunque en el momento de la presentación no se ofrecieron especificaciones exactas sobre la potencia lumínica, se observa que la luz trasera es especialmente grande y diseñada para ser visible en entornos urbanos y de carretera.
Además, el sistema incluye luces en el propio manillar, pero con una función diferente: estas no están destinadas principalmente a iluminar el camino, sino a informar al ciclista. Actúan como un sistema de advertencia visual que puede alertar sobre posibles peligros detectados por los sensores, como la apertura repentina de una puerta de coche (dooring), baches, alcantarillas u otros obstáculos. Esto convierte la bicicleta en un sistema proactivo de asistencia a la conducción, en lugar de un dispositivo meramente pasivo.
El manillar también incorpora botones adicionales más allá de los controles tradicionales de cambio de marchas. Estos botones extra permiten realizar diversas acciones, como ajustar la altura del sillín o activar señales de giro. Aunque el texto menciona con humor la posibilidad de funciones más extravagantes, como pedir comida, la idea central es que la bicicleta ofrece un nivel de interacción avanzado con múltiples controles integrados.
En cuanto al grupo de transmisión, el prototipo está equipado con componentes SRAM RED, uno de los grupos de gama alta del mercado. Sin embargo, el texto aclara que este aspecto no es esencial para el concepto, ya que podría cambiar en el futuro dependiendo del modelo de producción final. Es decir, el sistema inteligente es independiente de la transmisión mecánica o electrónica utilizada.
¿Y cuándo la Canyon Predict pasará de prototipo a circular por las carreteras? La previsión más favorable es que haya que esperar al menos dos años.







