La verdad sobre el ALA (Ácido Alfa Lipóico)

Ante la alarma provocada por el fallecimiento de una mujer extremeña al ingerir, de manera irregular, un suplemento con el objetivo de incrementar la quema de grasa corporal, hemos recibido un documento técnico en el que se aclara la naturaleza de este producto y la seguridad alimentaria en su consumo.
Alfredo Cristóbal Valdés García -
La verdad sobre el ALA (Ácido Alfa Lipóico)
La verdad sobre el ALA (Ácido Alfa Lipóico)

Este artículo ha sido redactado como una obra de contenido académico, orientada a profesionales del campo sanitario; y no constituye ni sustituye ninguna recomendación médica o similar. Alfredo Cristóbal Valdés García no se responsabiliza de ninguna acción llevada a cabo en base a la lectura de este artículo, ya que no está destinado a esto; y la responsabilidad del uso de esta información académica recae únicamente en el lector. Consulta a tu médico antes de realizar cualquier acción o consumir cualquier suplemento recogido en este artículo.

El reporte de la FDA (Agencia Estadounidense responsable de la Administración de Alimentos y Medicamentos) acerca de la seguridad del uso del Ácido Alfa Lipoico, de ahora en adelante ALA, muestra que “existe una extensa literatura que evalúa los reportes clínicos del ALA y no parece haber efectos adversos significativos asociados con su uso” (Berkson, 2018).

Sin embargo, y a pesar de la probada seguridad de cualquier compuesto, una posible intoxicación fruto de un consumo superior a las dosis evaluadas y declaradas como “seguras” presenta un riesgo potencialmente letal para la vida de un usuario. Los productos comercializados como “complementos alimenticios” son productos de venta libre, no suscrita al control gubernamental de la AEMPS (en caso de España), por lo que no es algo infrecuente poder encontrar reportes del desarrollo de condiciones patológicas tras el consumo de estos productos, siempre asociados a un mal control de calidad en la producción y manufacturación de los mismos, como el reporte de Philips et al. (2019); esto unido al desconocimiento y la percepción de estos compuestos como productos “exentos de riesgos” por parte de los consumidores, hacen que la elección de la empresa que los comercializa, y la consulta a un profesional sanitario antes del consumo de cualquier complemento alimenticio sea un aspecto de máxima importancia.

Parece haber una confusión con la noticia publicada en esta revista sobre la muerte de una joven extremeña por intoxicación tras el presunto consumo de ALA, y es que en la figura que encabezaba la noticia se publicó una imagen de un bote del producto comercializado por la empresa HSN Store, la cual, en relación a lo comentado anteriormente, posee una reconocida garantía de calidad siguiendo normas y directrices como las buenas prácticas de fabricación (GMP), buenas prácticas de pesado (GWP), análisis de peligros y puntos de control críticos (APPCC), clasificación de partículas ISO8; y se encuentra en proceso de obtención de otras certificaciones de calidad como las FSSC 22000 (que ya se está poniendo en práctica de cara a la obtención de la certificación), e IFS; además de un estricto control interno de la fabricación y manufacturación de lotes de productos; todo ello puede ser consultado en este enlace; y esto hace que HSN Store sea una empresa con un control de seguridad en la venta de sus artículos que hace que la presencia de contaminantes o trazas de otras substancias en los productos sea algo prácticamente imposible. Esperamos haber puesto de manifiesto de forma clara la importancia de la presencia de sellos de calidad declarados en los complementos alimenticios que el consumidor decida adquirir; así como la responsabilidad que el usuario tiene de informarse acerca de las dosis, la forma de consumo, y su estado de salud previo, así como de cualquier posible interacción con otro complemento alimenticio, alimento o fármaco que éste esté consumiendo, a través de la consulta de un profesional de la salud.

Tras esta breve introducción, el artículo se centrará en el análisis de la seguridad del uso de ALA a fin de dilucidar la presunta intoxicación sufrida por la joven extremeña, ya que a pesar de los numerosos reportes de seguridad de este suplemento, existen casos clínicos de intoxicación por el mismo.

El ALA es un ácido graso de ocho carbonos que se utiliza tanto en contexto clínico (en forma de administración intravenosa y oral), como en el entorno deportivo (en forma oral). Su principal uso es como tratamiento para la neuropatía diabética, la polineuropatía desarrollada durante y tras la exposición a quimioterapia, como “antídoto” para la intoxicación por acetominofén y amanitina, como tratamiento para el vitiligio, la deficiencia de la enzima glucosa-6-fosfato deshidrogenasa y como agente quelador. Fuera del contexto clínico, el uso generalizado que la población debería esperar de su consumo es el de cofactor en las reacciones metabólicas hepáticas, aumento de las concentraciones de vitamina C y E en el organismo y precursor del glutatión (principal antioxidante del organismo), extraído de diferentes fuentes y citado en Emir, Ozturan y Yilmaz (2018); y es que esta es su principal función; el ALA es un potente antioxidante que se puede utilizar para mejorar nuestra salud y hacer frente a los mecanismos de estrés oxidativo que sufrimos tras la exposición a agentes estresantes en nuestra vida diaria (que en la sociedad actual son continuos); sin embargo, el consumo de altas cantidades de ALA puede tener el efecto contrario (proinflamatorio) por alteraciones metabólicas relativas al metabolismo del hierro, la autofosforilazación de sustratos que agonizan al receptor insulínico presente en la membrana celular de los adipocitos; y un aumento de la permeabilidad mitocondrial (Moini, Packer & Saris, 2002). Por lo que dosis superiores a las recomendaciones no solamente son peligrosas si no que pueden ser contraproducentes y conseguir el efecto contrario al deseado; en el campo de la suplementación, más no es mejor.

Shay, Moreau, Smith, Smith y Hagen (2009); redactaron una revisión del suplemento (ALA), sus mecanismos moleculares y potencial terapéutico; así como una revisión de su seguridad y toxicidad; y aquí se encuentra el principal problema, y es que no conocemos con precisión la ingesta máxima tolerable o la dosis letal de este compuesto en humanos. Sin embargo sabemos que las dosis letales de la administración de ALA en otras especies son las presentadas en la siguiente tabla.

Modelo

LD50 (Dosis letal)

Perro

400-500 mg / kg

Ratón

500 mg / kg

Gato

30 mg / kg

Rata

> 2000 mg / kg

Tabla I. Dosis letal (LD50) reportada por el consumo oral de ALA en diferentes especies. (Shay et al. 2009)

Estos datos no son extrapolables a humanos, y como se puede comprobar, existe una gran heterogeneidad en las dosis tóxicas del compuesto entre las especies. Sin embargo, el estudio ALADIN II de Reljanovic et al. (1999) administró de forma oral 1200mg. De ALA al día a pacientes diabéticos sin reportes de toxicidad o efectos adversos en comparación con el placebo. Por lo que 1200mg. Serían dosis que pueden ser consideradas seguras para uso humano. Hay que tener en cuenta que la toxicidad puede depender de los enantiómeros presentes en el compuesto, R-ALA al ser más biodisponible es posible que su umbral de toxicidad sea menor que la mezcla de isómeros R-/S-; sin embargo esto es especulativo y no está estudiado.

Los casos de intoxicación por ALA son poco usuales, y en lo que a mi respecta, solo tengo conocimiento de 5 reportes clínicos de intoxicación en la literatura científica,

Año de publicación

Sexo del paciente

Edad del paciente

Motivación

2013

Masculino

20 meses

Accidente

2014

Femenino

14 años

Intento de suicidio

2015

Femenino

14 meses

Accidente

2018

Masculino

38 años

No reportado

2018

Femenino

22 años

Intento de suicidio

Tabla II. Recopilación de año de publicación, sexo y edad del caso clínico y motivación de la intoxicación. Contenido de autoría propia.

Solamente uno de ellos falleció y todos tenían un nexo común: el consumo de una cantidad desmesurada del producto.

Los síntomas de la intoxicación por ALA son variados, pero englobarían estado de consciencia alterado en todos los casos (Emir et al., 2018; Gulen et al., 2018; Hadzik et al., 2014; Tolunay et al., 2015; Karaalarslan et al., 2013); habla sin sentido, coma (Emir et al. 2018), taquicardia y taquipnea (frecuencia cardiaca y frecuencia respiratoria elevada) (Emir et al., 2018; Tolunay et al., 2015), y convulsiones (Gulen et al., 2018; Hadzik et al., 2014; Tolunay et al., 2015). Y una variedad de signos clínicos de los cuales el único nexo común es la acidosis metabólica (PH disminuido, depleción sérica de bicarbonato, hiperlactatemia y gran brecha aniónica; junto a una alta valoración en la escala de Glasgow (fruto de la afectación neurológica); el resto de signos son muy variados y en ocasiones se reporta “normalidad” en el resto de marcadores por parte de los autores; gran cantidad de estos signos es posible que se deban a las convulsiones, como la alteración de la onda T EKG (Emir et al. 2018) o incluso del propio tratamiento con benzodiazepinas y anticonvulsivos para frenar las crisis convulsivas, que se podrían observar sobre la elevación de la ALT y la amilasa en el estudio de Gulen et al. (2018). Otros signos encontrados en ensayos han sido trombocitopenia, CK y CK-MB elevadas; de nuevo no podemos establecer correlación entre estos últimos signos y la intoxicación por ALA ya que solamente son reportados en un caso y los autores no pueden concluir la causa de éstos.

En el caso de la adolescente del estudio de Hadzik et al. (2014), falleció por un fallo multiorgánico; se puede hipotetizar que su tratamiento fue tardío (al menos más que el del resto de casos), ya que los médicos solamente encontraron un 1% de la substancia en el sistema gastrointestinal, por lo que comenzaron con los procesos de hemofiltración y siguiendo las recomendaciones del NCI no llevaron a cabo un lavado gástrico (a destacar estos casos ya que son los que mayor dosis consumieron); sin embargo los mismos autores reportan que si volviera a suceder el caso, el lavado hubiera sido su primera acción; ya que Emir et al. (2018) lavaron el estómago de la paciente adulta que había consumido, supuestamente, 3 veces más cantidad de ALA que la adolescente y le administraron carbón activado para la eliminación del fármaco y limitar su absorción endotelial y paso a la sangre, consiguiendo así evitar una intoxicación mayor. Es importante poder asociar los síntomas visibles de la intoxicación por ALA en caso de posesión de este producto, ya que el rápido diagnóstico y la acción de emergencia es lo que puede separar la vida y la muerte de un paciente intoxicado; por ello, si posees ALA en tu casa, mantén el bote fuera del alcance de los niños que puedan cohabitar o visitar el domicilio a fin de evitar ingestas accidentales; y en caso de detectar los síntomas de una intoxicación por ALA contacta inmediatamente con el teléfono de emergencias y reporta la posibilidad de intoxicación por este producto; a fin de que los médicos que atiendan el caso puedan tratar de la forma más preventiva posible una intoxicación.

La verdad sobre el ALA (Ácido Alfa Lipóico)

Figura I. Resultados de laboratorio de la paciente intoxicada. (Emir et al., 2018)

La dosis ingerida reportada en los estudios es muy variable, y va de un rango de 6g. a 18g.; sin embargo, teniendo en cuenta que el peso es un factor condicionante de la farmacocinética de un compuesto, es más interesante observar la dosis ingerida relativa. En caso de Karaalarsan et al., (2013) se estimó un consumo de 226mg/kg; y una recuperación posterior sin secuelas. Sin embargo, la dosis letal reportada por Hadzik et al. (2014) fue de 130mg/kg; cantidades que Emir et al. (2018) cuestionaron tras la revisión del caso ya que las concentraciones séricas del fármaco en la paciente correspondían a una dosis muy superior. Sin embargo, para ser precavidos, teniendo en cuenta que dosis por encima de las recomendadas no constituyen ningún beneficio, y sabiendo que la dosis de 130mg/kg ha resultado letal en al menos un caso reportado (en este caso 6g. de ALA para una chica de 45kg.) no se debería exceder nunca la dosis diaria recomendada de 400-600mg/día. El ALA es un suplemento con un amplio margen de seguridad, y no existen reportes clínicos que revelen serias preocupaciones sobre su seguridad (dentro de las dosis establecidas como recomendables) (Brave, 2018); sin embargo, como todo en la vida… El exceso es peligroso. El agua es necesaria, pero se han reportado casos de muertes por hiperhidratación; el uso de AINEs (como paracetamol o ibuprofeno) pueden ser una herramienta a utilizar bajo prescripción médica, pero existen reportes de intoxicaciones, alteraciones hepáticas e incluso muerte por sobredosis en el uso de estos compuestos. Es importante comprender que los suplementos deportivos son más parecidos a los fármacos que a los alimentos, aunque la legislación actual no lo reconozca así; y prestarles la atención y el cuidado que merecen. Consulta a tu médico antes de consumir ningún suplemento deportivo y que te informe bien de su protocolo de uso, dosis y posibles interacciones. Espero que este artículo sirva para concienciar sobre el potencial abuso de substancias por parte de la población.

Mis condolencias a la familia y los amigos de la joven; descanse en paz.

Referencias bibliográficas

  • Berkson, A. (2018). Alpha-Lipoic Acid: Safe and Effective. FDA. Recuperado de: https://www.fda.gov/media/116317/download

  • Brave, M. (2018). Alpha Lipoic Acid. Pharmacy Compounding Advisory Committee Meeting September 12, 2018. FDA. Recuperado de: https://www.fda.gov/media/116311/download

  • Emir, D. F., Ozturan, I. U., & Yilmaz, S. (2018). Alpha lipoic acid intoxication: An adult. The American Journal of Emergency Medicine, 36(6), 1125.e3-1125.e5. https://doi.org/10.1016/j.ajem.2018.03.022

  • Gulen, M., Simsek, Y., Oner, E., & Satar, S. (2018). First description of the alpha lipoic acid intoxication in an adult patient worldwide following oral administration. The American Journal of Emergency Medicine, 36(6), 1126.e5-1126.e6. https://doi.org/10.1016/j.ajem.2018.03.030

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