La Toscana en bici

Llega el verano y con él las esperadas vacaciones. Escápate y conoce la Toscana de la mejor forma posible: ¡En bici!
Oscar Falagán www.oscarfagan.com / Foto: Ciclica y Mario Llorca -
La Toscana en bici
Disfruta de dar pedales en la Toscana

Mis viajes a pedales gustan de llevar buenas dosis de improvisación en las alforjas. Tras elegir hoja de ruta aproximada, acostumbro a empaquetar la bici en un medio de transporte (el que sea), para que me lleve al lugar donde he decidido empezar a pedalear. Planifico lo justo y en los días de ruta nunca (o casi nunca) sé por la mañana donde voy a acabar durmiendo cuando llegue la noche. ¿Qué le voy a hacer?, me gusta dejar espacio abierto a las sorpresas y me he asociado al lema: “el camino proveerá”. Hasta la fecha, nunca camino alguno ha desmentido el lema.

Sin embargo, esta primavera he acudido a un tipo de viaje en bicicleta completamente diferente y que, no obstante, he disfrutado mucho. Esta vez no imaginé yo la hoja de ruta; lo hizo el ente de promoción turística de Región Toscana, el cual se ha propuesto que sus campos y paisajes sean saboreados de la que consideran (y yo coincido con ellos) mejor forma posible: en bicicleta. Para promover dicha propuesta, Regione Toscana nos invitó a una decena de periodistas, de diferentes lugares de origen, a participar en unos días de ciclismo en Toscana. La iniciativa, bautizada Tuscany Cycling Season for travel Journalists, quiere mostrar que la región es tierra adaptada para la bicicleta en cualquier estación del año y que existe una Toscana bellísima, alejada de los principales circuitos turísticos. Es así, doy fe de ello.


Junto al resto de compañeros periodistas, fui convocado en provincia de Grosseto, que se halla cerca de Lazio (región de Roma) y mira hacia la isla de Córcega. Nos aguardaban días de pedaleo en un área de Toscana bañada por el mar Tirreno y que recibe el nombre de la Maremma. Lógicamente, antes de coger mi vuelo de Madrid a Pisa dispuse del programa del recorrido. La verdad es que no lo estudié mucho y que pensé que aunque en un Press Tour está todo muy planificado, ya encontraría yo la forma de romper un poco el protocolo.

Me gusta disfrutar de los paisajes, pero lo que de verdad me llena aún más es entrar en contacto con las personas que viven en los lugares. Ese contacto lo busqué y lo encontré. Valía la pena entrar en contacto con gentes de la zona y que me contasen historias de “su Maremma”, tales como que unos cowboys a la italiana han custodiado el ganado en el lugar durante muchos años. Todavía hoy es tierra de vaqueros en cierto sentido, aunque muchas familias campesinas se han reconvertido al sector turístico y han transformado sus granjas en agradables propuestas hosteleras. Este origen humilde y cercano de los propietarios de casas rurales, villas y albergues varios confiere a la experiencia de huésped un matiz tierno. Me aguardaba, en definitiva, una Italia singular y cautivadora.

Como curiosidad histórica, contaré al lector que la Maremma era tierra pantanosa hasta hace cien años y fue por mucho tiempo acechada por mosquitos portadores de malaria. Las poblaciones buscaban aposento, estratégicamente, en las cimas de las colinas. Así, hoy un viajero en bicicleta puede disfrutar de preciosas carreteras y caminos que ascienden a pintorescos enclaves medievales. Pitigliano, Sorano, Capalbio… son algunos de los encandiladores pueblecitos que se encontrará, si pedalea por los lugares que lo he hecho yo estos días. Un plan de acción para el saneamiento de zonas pantanosas del país resecó la Maremma hace casi un siglo, transformándola en una estupenda tierra fértil para la agricultura. Hoy es un entorno de excelentes condiciones medioambientales. Tan es así que varias playas de aquí presumen de haber recibido “las 5 velas”, máximo reconocimiento que la Liga de Medioambiente italiana da a la crème de la crème de las playas del país.

La ruta propuesta nos llevó por paisajes variopintos. La zona es así, muy cambiante. En uno de los días pasamos, en pocos instantes, de bordear acantilados del Tirreno por una bella carretera sin apenas coches, a rodar por una senda en medio de un impresionante bosque Mediterráneo. El bosque en cuestión es una espléndida reserva natural bordeada por playas y situada en un istmo que une la península de Monte Argentario con la itálica. Pedaleamos entre verdes campos y viñedos, junto a restos arqueológicos etruscos y romanos, entre olivares e incluso al lado de cascadas de aguas termales. En estos días quedó manifiesto el potencial que tiene la zona para disfrutar del cicloturismo.

Algún rebaño de ovejas nos regaló una pausa a la pedalada, cuando nos tocó ir por carreteras; algún motocarro o tractor tuvimos que adelantar, pero estábamos prácticamente solos en ellas. Carreteras y caminos peinan las colinas y se dejan acariciar por esos inconfundibles cipreses toscanos, tantas veces retratados por pintores y tantas veces cantados por poetas y escritores.

Cuando se piensa en Italia, vienen a la mente estímulos como el arte del Renacimiento, el Coliseo de Roma, la Capilla Sixtina... la pasta, la pizza... Yo puedo decir que en estos días de pedaleo por una Italia campestre estupenda, no probé una sola pizza. Estábamos en Toscana y nos nutrimos con sus productos tradicionales, desde una ribollita (sopa de pan, verduras y legumbres) hasta un risotto con ragú de jabalí, presentado en un sustituto de cazuela creado al vaciar el interior de un queso parmigiano y utilizar la corteza del queso como bordes del recipiente. En bici por esa Maremma he descubierto una tierra en la que el Mediterráneo se mezcla con un hábitat rural de campesinos, ganaderos y expertos en el oficio de la vid. Los cultivadores de vino de la zona presumen de que su tinto, denominado Morellino di Scansano, se enriquece con los efluvios que el viento trae del mar.

Viajar por Toscana en bici es una experiencia que recomiendo, tanto por esta zona en la que se funden campo y mar, como en otras zonas que conocí en viajes anteriores. Obviamente, el presupuesto de cada cual influirá en el tipo de viaje escogido. En esta ocasión recibí hospedaje en exquisitas granjas-resort e hice avituallamiento en villas cuidadas al detalle, pero en otras ocasiones viajé con un presupuesto reducido para cada día e igualmente encontré albergues agradables y económicos con menús de calidad. Hace año y pico, por ejemplo, me sumergí en los campos toscanos -en plan “Bicigrino”- por la Via Francigena, una de las tres grandes rutas de peregrinación cristiana junto con Jerusalén y Santiago. Existen hospedajes adaptados a los viajeros que llegan en bici por esta y por otras vías.

He tenido la fortuna de pedalear Toscana, viendo su amplia paleta de colores en distintas épocas del año y divisando desde la bici algunos de sus escenarios de película. No es de extrañar que Ridley Scott escogiese un rincón de campos toscanos para rodar la bucólica localización del hogar de Máximo Décimo Meridio en la película “Gladiator. A esta estampa (y a otras muchas de variadas tonalidades), se llega por la Via Francigena, la cual está perfectamente señalizada. Mi vivencia del Press Tour en estos recientes días -menos aventurera que en otros viajes míos- me ha permitido reflexionar acerca de lo estupendo que una propuesta similar puede resultar a viajeros a los que apetezca viajar a conocer algún país en bicicleta con más comodidad. Hay en Toscana, concretamente, distintas posibilidades muy prácticas de alquiler de bicicletas de todo tipo con guías estupendos. Creo que lo importante es que cada cual pedalee a su gusto y, sobre todo, que se empape de la esencia de los lugares por los que pasa. La bicicleta eso te lo regala.

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