De acogida en Aldeas Infantiles con 1 año a los Juegos Olímpicos

Los Juegos Olímpicos nos dejan grandes momentos en la lucha por las medallas, por los nuevos récords mundiales, pero también grandes historias de superación como la de Mavis Chirandu, una mujer que africana que además nos sirve de excelente ejemplo de la labor que realizan organizaciones como Aldeas Infantiles que realmente ayudan a lograr un mundo mujer.
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De acogida en Aldeas Infantiles con 1 año a los Juegos Olímpicos
De acogida en Aldeas Infantiles con 1 año a los Juegos Olímpicos
El pez chico se come al grande
El pez Chico se come al grande (blog de Fran Chico)

“No sé si me gusta más el periodismo que el deporte o al revés. He tenido la suerte de vivir en los dos mundos durante los últimos 30 años. Y espero no perder nunca el espíritu deportivo para afrontar la vida.“

Los Juegos Olímpicos nos dejan grandes momentos en la lucha por las medallas, por los nuevos récords mundiales, pero también grandes historias de superación como la de Mavis Chirandu, una mujer que africana que además nos sirve de excelente ejemplo de la labor que realizan organizaciones como Aldeas Infantiles que realmente ayudan a lograr un mundo mujer.



y su pasión es el fútbol. Llegó a la Aldea Infantil SOS de Bindura, en Zimbabue, con tan sólo un año y hoy, veinte años después, está cumpliendo uno de sus sueños: participar en los Juegos Olímpicos de Río.

Mavis llegó a la casa de Aldeas Infantiles de Bindura siendo sólo un bebé. Alguien la encontró en la carretera y la llevó hasta allí. No saben quién fue, pero todos le conocen como “el buen samaritano”. A Mavis le encantaría poder agradecerle la oportunidad que le brindó: la posibilidad de vivir en una familia que, según asegura, “no se diferencia en nada de aquellas en las que los niños viven con sus padres biológicos”.

El tiempo fue pasando y aquel bebé se convirtió en una niña inquieta que encontró en el deporte su refugio y su pasión. Al empezar la escuela se apuntó en el equipo Hermann Gmeiner y sus maestros y compañeros no tardaron en percibir su talento. “Me enteré de que era buena jugando al fútbol cuando tenía once años”, confiesa.

Mavis jugaba al fútbol todas las noches, hasta que la oscuridad le impedía ver el balón y seguir el movimiento del resto de jugadores. En 2010, el entrenador apuntó al equipo en una liga regional y con quince años Mavis comenzó a destacar fuera de la Aldea.

Mavis en el extremo derecho de la primera fila junto a sus compañeras de selección Mavis en el extremo derecho de la primera fila junto a sus compañeras de selección

El camino hacia Río

Con 17 años se unió al equipo nacional sub-17, los Mighty Warriors, y poco después se convirtió en su capitana. Viajaba todos los días a Harare, la capital zimbabuense, para entrenar. A menudo tenía que dormir en la sede del club porque se hacía demasiado tarde para volver a casa, a una hora de la capital.

En la actualidad, Mavis reside en Harare y juega en la primera división de fútbol femenino de su país. Ha participado en ocho campeonatos internacionales y su proyección no ha hecho más que empezar. Juega con pasión y determinación, y tiene claro que el esfuerzo y la dedicación son fundamentales para convertirse en jugadora profesional.

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