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Tener un carácter tan marcado tiene sus ventajas, cada edición cuenta con una legión de seguidores esperando aunque tiene dos peligros evidentes y es que el margen para innovar es pequeño si no quieres que te linchen los puristas así como resulta bien difícil vender como nuevo algo que está muy afinado. Casi siempre ha ganado el ala conservadora y la Rider, aunque nunca ha dejado de evolucionar, lo ha hecho siempre con mesura y cuidando mucho a sus parroquianos.
La nueva edición sin embargo celebra las tres décadas del modelo en la calle así que tocaba hacer algo más y no cabe duda de que lo han conseguido porque la nueva Mizuno Wave Rider 30 es de todo menos anodina y utiliza la contundente calidad como argumento para silenciar críticas.
CON TODO
Mizuno está en un momento muy interesante porque tiene todo un arsenal de tecnología disponible y las ventas no le acaban de reconocer el trabajo. La respuesta de los nipones es dar todavía más y mejor. Si siempre la Rider fue una de las mejores zapatillas del mercado y en los últimos años solo podemos hablar maravillas de ella el mercado las pasado sin la justa recompensa. Ese conservadurismo nipón, esa filosofía de los adecuado por encima de lo que se demanda y una encarnizada competencia han hecho que la Rider a menudo tuviera que jugar de secundaria. Para esta edición Mizuno ha decidido hacer una zapatilla que juegue exactamente a lo que juegan sus rivales pero, a los japoneses no les gustan las sorpresas, asegurándose de ganar la partida. La Mizuno Rider 30 es la zapatilla que quieren los puristas de la marca y la que comprarían los adeptos a otras. Para ello han optado por hacer lo siguiente:
Suela: Uno de los pilares de la Rider siempre ha sido una suela fiable y duradera y la nueva versión no es excepción. Una suela relativamente contundente, que cubre todo lo que tiene que cubrir como que la Rider siga haciendo las delicias por parques de medio mundo sin que la media suela se desgaste. Es una suela sencilla pero bien diseñada que dota a la zapatilla de tracción en casi cualquier circunstancia aunque en acerados mojados sufre un poco. Esa configuración hace que sobre todo sea un portentoso equilibrio de prestaciones que da tranquilidad al usuario.
Media suela: Como siempre aquí es donde reside la clave de todo y es que, aunque ya el año pasado tenía perfiles generosos, Mizuno ha decidido dar un paso hacia el maximalismo con unos perfiles de 44x36 (drop 8 mm). Estos generosísimos perfiles van acompañados de una anchura muy respetable que contribuyen a la estabilidad. Los tres protagonistas de la media suela son una primera capa de EVA que simplemente hace de armazón para contribuir a una estabilidad que como siempre roza lo sobresaliente. Por encima de esta primera capa tenemos la archifamosa placa Wave que, aunque ya no se vea ahí está, y la verdad es que no tiene un papel o diseño baladí sino que por primera vez es una placa de longitud completa como las que utilizan las zapatillas de competición. Es una placa semirrígida que sigue sumando argumentos a la estabilidad pero también una potente pegada. Por encima de la placa y pegada al pie una generosa capa de Mizuno Enerzy Nxt que es un material muy reactivo y blando.
Upper: Aquí Mizuno no se la ha jugado y en vez de hacer una malla super ligera, espectacular, etc ha optado por un Knit a base de materiales reciclados que no llama la atención pero que cumple de diez y no tiene ni un solo fallo. Soporte, agarre y calidad van de la mano.
EN MARCHA
Si has leído eso de 44x36, placa y te crees que la Rider 30 de repente es una supertrainer estás tan equivocado como aquellos puristas que puedan creer que la Rider ha perdido su esencia. Como decía al principio de la prueba el ADN se mantiene intacto, la Rider 30 mantiene cotas de estabilidad sobresalientes y sigue siendo rápida cuando se le reclama. La primera puesta te llamará la atención sobre todo si conoces la saga pues la amortiguación delantera resulta casi abrumadora. El tacto de la amortiguación se me antoja perfecto, ni muy blando ni muy firme y el ajuste es el propio de una zapatilla que lleva treinta años afinándose. Todo está en su sitio y dispuesto para echar a rodar.
Con el aumento de amortiguación y confort la Rider 30 quizás es la mejor de su saga si quieres rodar largo y tendido. Ahora no es solo una zapatilla con nervio sino muy capaz de situarse como la mejor de su sector para rodar lento. El chasis está bien estudiado para que la Rider 30 se destape solo cuando el usuario quiera pisar el acelerador de verdad. La curvatura es relativamente pronunciada, sí, pero también bastante tardía, con lo que la zapatilla no demanda prácticamente nada. A ritmos medios podemos ir adelantando apoyos y comenzar a sacarle partido a todo lo que nos ofrece. La subida de perfiles, el Enerzy Next y la cierta rigidez de la placa Wave hacen que con muy poco esfuerzo más la Rider alcance velocidades de rodaje notables. Me gustaría destacar que aquí hablaría más de economía que de pegada bruta. Para sacar todo el caballaje a la Rider basa con seguir adelantando apoyos y dejar que la física y la placa hagan su trabajo. Ahora sí que se siente el efecto catapulta de la placa Wave y la Rider empieza a encandilar a sus incondicionales. No es una zapatilla de competición, ni siquiera una mixta pero muy capaz de sacarte una sonrisa en un farleckt o un rodaje a ritmo.
Peso: 265 gramos
PVP: 160 €
OK:
1/ Mantiene la versatilidad, pegada y estabilidad de siempre
2/ La amortiguación no solo es generosa sino de gran calidad
3/ Tremendamente fiable por calidad de construcción y materiales
K.O:
1/ Aunque el peso es bueno no puedo parar de pensar que sería con 20 gramos menos
2/ Aunque resulta estable no estaría de más un footbed mayor que evitará cierta pronación tardía.
Por Fernando Chacón de ALS SPORT SEVILLA







