Mujer

El problema no es entrenar. Es tolerar ser principiante.

El verdadero motivo por el que no empiezas a entrenar está en tu pasado. Muchas mujeres saben que entrenar fuerza mejora la salud ósea, acelera el metabolismo y previene lesiones. Saben que la resistencia protege el corazón y mejora la energía diaria.

Victoria Ortega Márquez

4 minutos

El problema no es entrenar. Es tolerar ser principiante.
 


Y aun conociendo todos estos beneficios no empiezan, o empieza y lo dejan.


Entonces la pregunta clave ya no es “¿por qué no entrenas?”, sino: ¿qué sientes cuando te imaginas empezando?

Muchas veces no es falta de disciplina, falta de información o falta de tiempo. Muchas veces son los miedos que llevamos dentro inconscientemente los que nos impiden entrenar y no dejarlo.

Porque empezar implica algo muy concreto:


● No saber.
● No hacerlo perfecto.
● Sentirte principiante.
● Quedarte atrás.

Y para muchas mujeres, eso no es solo incómodo. Es amenazante.

El miedo real: no ser suficiente


Desde la psicología del apego (Bowlby, Ainsworth) sabemos que cuando el reconocimiento en la infancia está condicionado al rendimiento o al comportamiento “correcto”, aprendemos algo muy profundo:


“Si lo hago bien, valgo. Si fallo, decepciono.”


Ese aprendizaje no desaparece en la adultez, se convierte en autoexigencia. Y el perfeccionismo desadaptativo tiene un efecto curioso: cuanto más necesitas hacerlo perfecto, más probable es que evites empezar algo nuevo.


El gimnasio se convierte entonces en un escenario de evaluación. No importa que nadie esté mirando. Tu cerebro siente que sí y no le gusta sentirse principiante.

 

El problema no es entrenar. Es tolerar ser principiante.


Empezar a entrenar fuerza y/o resistencia es un progreso lento. Al principio nadie domina la técnica, no levanta pesos pesados el primer día ni corres cual ave rapaz. Y ahí es cuando muchas abandonan porque no soportan la sensación de incompetencia inicial. Si tu identidad está construida sobre “ser la que puede con todo”, empezar algo desde cero amenaza esa identidad. Tu cerebro, que quiere protegerte, activa la evitación.


El sistema nervioso también influye


La neurociencia social ha demostrado que la anticipación del juicio activa en el cerebro circuitos similares a los del dolor físico (Eisenberger & Lieberman, 2004).

Esto quiere decir que si en el pasado tuviste experiencias como:


● comentarios sobre tu cuerpo
● humillaciones en educación física
● comparaciones constantes
● vergüenza corporal

Tu cerebro automáticamente detecta el entorno deportivo como una amenaza. Aumentando así el nivel de cortisol (hormona del estrés), la hipervigilancia y el deseo de escapar de esa situación. Lo que tú llamas “no tengo ganas” puede ser tu sistema nervioso diciendo: “esto no es seguro”.

 
 
La herida invisible: abandono y autoexigencia


El famoso “miedo al abandono” que parece ser muchas tenemos hoy en día, suele manifestarse como:


● necesidad de validación
● miedo intenso a no cumplir expectativas
● dificultad para tolerar errores.

Lo que se traduce en el entrenamiento como:


● compararte constantemente
● frustrarte si no progresas rápido
● abandonar si no ves resultados inmediatos
● evitar empezar si no sabes hacerlo perfecto.


Básicamente, para tu cerebro es como si estuvieras poniendo “en juego” tu valor. Sientes que si no entrenas perfecto o empiezas a ver resultados pronto, entonces lo estás haciendo mal y no vas a ser suficiente. Pero ahora te pregunto, ¿suficiente para qué y para quién? ¿qué necesitas demostrar y por qué?

 
Entonces, ¿por qué entrenar puede cambiarlo todo?


Aquí está el giro.


Cuando el entrenamiento está bien planteado (progresivo, seguro, sin cultura de humillación) puede convertirse en una experiencia increíble para tu salud mental y física y ayudarte a romper todos estos patrones del pasado.


Cada vez que vas a entrenar y te superas a ti misma, con cada repetición que fallas pero sigues, cuando vas a entrenar aun sin ganas, cuando te guardas un espacio al día para cuidar tu salud, cuando cumples con lo que dices que vas a hacer…estás contradiciendo una creencia antigua.


Literalmente estás reeducando a tu cerebro:

“Puedo equivocarme y sigo siendo válida.” “Puedo no hacerlo perfecto y seguir avanzando.” “El error no me quita valor.”

“Cumplo con mi propia palabra.”


Desde la teoría de la autoeficacia de Bandura, estas experiencias repetidas fortalecen la percepción de capacidad personal. Lo mejor de todo esto es que, esta percepción sobre ti misma no se queda solo en el gimnasio, sino que se traslada a tu vida diaria.

De repente eres capaz de:


● Tener conversaciones difíciles
● Tomar mejores decisiones laborales y personales
● Ya no aceptas relaciones que te aportan menos de lo que ahora sabes que mereces.


Porque cuando tu identidad deja de depender del rendimiento perfecto, empiezas a actuar desde seguridad, no desde miedo.


Quizá no necesitas más motivación

En resumen, quizás más que motivación o más información sobre cómo saber hacerlo todo, lo que necesitas es entender que tu resistencia a empezar es una historia antigua que sigues contándote son las creencias limitantes con las que te sigues identificando. Entrenar fuerza y resistencia no solo construye músculo y capacidad cardiovascular, construye tolerancia a la imperfección, una nueva identidad, más segura de sí misma y construye estabilidad interna.

Hacer todo esto implica enfrentarte a una versión de ti que aún cree que fallar significa perder valor, pero una vez entiendes que esto no es así, y que tu tienes el poder de cambiar tu percepción sobre ti misma, todo cambia. y el gimnasio puede ser el lugar donde esa historia empiece a cambiar.

 

Victoria o Vicky es la autora de este artículo, es entrenadora personal de mujeres especializada en entrenamiento híbrido y mentalidad.

La encuentras en  Instagram y tiktok: @vickymarquez_13