Sí, aplicar hielo o frío sobre la piel, especialmente en zonas delicadas como las muñecas, el cuello o la planta de los pies puede proporcionar un alivio rápido de la ansiedad y los ataques de pánico.
Basta sujetar hielo en las manos o aplicarlo en las muñecas para detener un ataque de pánico inmediatamente.
La explicación está que ayuda a estimularel nervio vago, que activa la respuesta de relajación del cuerpo, y al crear una distracción sensorial conecta con el momento presente.
La sensación de frío envía señales al cerebro para que se calme el sistema nervioso, la frecuencia cardíaca y baje la presión arterial, liberando al cuerpo del estado de alerta.
Al sostener hielo y tenerlo en la muñeca, se puede mantener la sensación más tiempo que en el cuello, y además, en las muñecas pasan vasos sanguíneos importantes que al enfriarse, envían una señal rápida al corazón y al cerebro para llevar a la calma.
El hecho en sí de ir al congelador, coger cubitos de hielo y sentarse para aplicarlos en la piel, también puede distraer la ansiedad y proporcionar una sensación física intensa en la que concentrarse, evitando el momento de pánico o ansiedad.
Cómo funciona:
El efecto se debe a la estimulación del nervio vago, que controla la frecuencia cardíaca, la respiración y el estado de ánimo. La exposición al frío, especialmente en zonas como el cuello o el pecho, puede estimular el nervio vago, que a su vez activa el sistema nervioso parasimpático. Esto desencadena la respuesta corporal de "descanso y digestión", calmando el corazón y reduciendo la ansiedad.
Es una puesta a tierra sensorial. Al sostener hielo o aplicar una compresa fría proporciona una sensación potente e intensa que puede interrumpir una espiral de pensamientos ansiosos. Concentrarse intensamente en el frío ayuda a desviar la atención de los pensamientos de pánico y a volver al presente, actuando como una técnica de distracción.
Se regula la temperatura. Durante un ataque de ansiedad o pánico, algunas personas sienten un calor incómodo. El frío puede ayudar a bajar la temperatura corporal y a refrescarlas, lo que puede aliviar aún más los síntomas de pánico.
Cómo comprobarlo:
- Sostén unos cubitos de hielo: concéntrate en la sensación del hielo contra tu piel y cómo se derrite.
- Usa una compresa fría para envolver los cubitos: aplique el paño húmedo y frío con los cubitos dentro en la frente, el cuello o la cara.
- Sumerge tu cara: Sumerge brevemente tu cara en un recipiente con agua helada o con cubitos para obtener un efecto similar.
- Baño de pies en agua helada. Coloca tus pies en un recipiente de agua con hielos lo que puedas aguantar hasta que desaparezca la sensación de pánico o ansiedad.