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Movimiento Ultreya: 1400 km para pedalear por la España que importa

Ocho días, 1.400 kilómetros y 11 provincias. Pero la 7ª Vuelta a España Solidaria Movimiento Ultreya ha sido mucho más que un reto ciclista: una aventura para descubrir pueblos, paisajes, tradiciones y, sobre todo, personas.

Por Alberto Cebollada Kremer. Imágenes: Gabriel Colchero @gabriphto

4 minutos

Alberto Cebollada, junto al director de Ultreya, Nacho Fernández, en cabeza del grupo.

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PEDALEAR PARA DAR VISIBILIDAD

Voy a intentar describir lo que ha sido mi participación como representante de Sport Life Ibérica en la Vuelta a España Solidaria Ultreya. Una experiencia deportiva magnífica, pero también una vivencia personal difícil de olvidar.

¿Qué es Ultreya? Es una iniciativa solidaria que utiliza el ciclismo para dar protagonismo a la España rural, visibilizar su patrimonio y apoyar a sus pueblos y asociaciones. Cada etapa es una oportunidad para descubrir una parte diferente de nuestro país, desde las bulerías de Jerez hasta los viñedos de La Rioja, pasando por pueblos afectados por incendios y territorios que luchan contra la despoblación. Pero Ultreya no es solo ciclismo. Es pedalear para conectar pueblos y personas y, con nuestro esfuerzo, contribuir a una causa común.

 

Vídeo Movimiento Ultreya 2026

 

OCHO DÍAS, OCHO HISTORIAS

1. Del arte · Jerez – Jerez · 120 km
La Vuelta arrancó entre viñedos, flamenco y bodegas. Pedalear por el Marco de Jerez y atravesar la histórica bodega Valdespino fue una forma espectacular de comenzar.

2. De fuego · Almendralejo – Cabezabellosa · 221 km / 2.000 m+
Una de las jornadas más duras: temperaturas superiores a 45 ºC y zonas de Extremadura heridas por los incendios. Una etapa de resistencia que terminó con un inolvidable recibimiento en Cabezabellosa.

3. Pedaleando con lobos · Medina del Campo – San Martín de Castañeda · 223 km / 2.000 m+
La ruta nos llevó hasta el Lago de Sanabria, el mayor lago de origen glaciar de España. Naturaleza, tradición y folclore se mezclaron con el reto deportivo.

4. Dura como el trabajo de un minero · Zamora – El Bierzo · 205 km
Una tormenta de verano, lluvia torrencial, granizo y fuertes vientos pusieron a prueba al pelotón. La llegada a Tremor de Arriba, atravesando una espectacular estructura minera, puso el broche a una jornada épica.

5. Tierra de osos · Lerma – San Salvador de Cantamuda · 150 km
La montaña palentina nos recibió con paisajes espectaculares y pequeños pueblos que conservan un enorme patrimonio cultural y arquitectónico.

6. Rioja Alavesa · Elciego – San Martín de Unx · 144 km
Entre viñedos y pueblos medievales descubrimos el valor de unas comunidades que luchan por mantener vivas sus tradiciones y mejorar sus servicios.

7. El calor de sus gentes · Olite – Arguedas · 180 km
Arguedas protagonizó uno de los recibimientos más emocionantes de la Vuelta. Miles de personas salieron a recibirnos y Ultreya entregó allí un cheque solidario de 4.495 euros a la asociación Gardacho, destinada a la recuperación del monte afectado por el incendio de 2022.

8. Pedaleando entre viñedos · Haro – Haro · 148 km
El recorrido terminó en la capital del vino riojano. Ocho etapas después, llegábamos a Haro con la sensación de haber completado mucho más que una vuelta ciclista.

 

Movimiento Ultreya Cebollada SL300 (3)

EL PELOTÓN QUE SE CONVIRTIÓ EN FAMILIA

Los 32 ciclistas que formamos el pelotón llegamos desde diferentes lugares y profesiones, pero pronto descubrimos que teníamos algo mucho más importante en común que nuestra pasión por la bicicleta: queríamos ayudar a los demás.

En la carretera aprendimos a compartir el esfuerzo. Los que tenían más fuerza ayudaban a los que iban peor; los grupos se rompían y se volvían a juntar; aparecía una mano cuando alguien necesitaba ayuda. Y fuera de la bicicleta ocurría lo mismo. Mecánicos, médicos, voluntarios, responsables de logística y avituallamientos, organizadores y habitantes de los pueblos hicieron posible que pudiéramos concentrarnos en una sola cosa: pedalear. Los ciclistas fuimos los privilegiados. Solo teníamos que hacer lo que más nos gusta mientras otras muchas personas trabajaban para que todo funcionara. Y al llegar a cada pueblo descubríamos la otra cara de Ultreya: personas que abren las puertas de sus casas, comparten lo que tienen y convierten una llegada ciclista en una fiesta.

EL PREMIO ESTÁ EN EL CAMINO

Una de las imágenes que más me llevo de esta experiencia son los rostros de las personas que nos recibían. En San Martín de Unx, una abuela nos dijo una frase que resume perfectamente el espíritu de Ultreya: «Gracias por vuestra visita y por hacernos disfrutar de un día de fiesta». En Arguedas entendí todavía mejor el sentido de este proyecto. Una multitud salió a recibirnos, hubo música, comida, agua helada para los ciclistas y, sobre todo, una enorme implicación de todo el pueblo. Allí se entregó el mayor cheque solidario de esta edición. Porque Ultreya consigue algo muy especial: hacer que pedalear tenga un significado más allá del deporte.

Etapa Arguedas cheque de mayor cuantía a la asociación juvenil Gardacho

«VIVIR ULTREYA ME HA HECHO MEJOR PERSONA»

Después de ocho días, 1.400 kilómetros y miles de metros de desnivel, me quedo con la satisfacción del reto deportivo, pero sobre todo con lo aprendido. He conocido personas anónimas ejemplares, pueblos que luchan por mantenerse vivos y un grupo de ciclistas que ha demostrado que, cuando se suman esfuerzos, se puede llegar mucho más lejos.

Vivir Ultreya me ha hecho mejor persona. Me siento otro.

Y si algo me ha enseñado esta aventura es que el ciclismo puede ser mucho más que recorrer kilómetros: puede convertirse en una herramienta para conectar territorios, conocer nuestra cultura y ayudar a quienes lo necesitan. Así que me quedo con el grito que nos ha acompañado durante toda la Vuelta:

Familia, ¿quiénes somos? ¡ULTREYA!

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