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La Roja levantó la copa en Nueva York. El presidente estadounidense Donald Trump entregó el trofeo a la selección que más lo ha merecido. El fútbol ha sido justo en esta ocasión.
Muchas eran las casualidades que apuntaban a una repetición de la historia que encumbró a España allá por el año 2010. El Mundial de Sudáfrica parecía estar reviviéndose en la presente edición. Teníamos a Shakira poniendo la banda sonora, a España en el mismo grupo H en una fase final que comenzaba el mismo día (11 de junio) con idéntico partido inaugural. La selección comenzaba con un tropiezo y cerraba la primera ronda contra un combinado dirigido por Marcelo Bielsa. Todo apuntaba bien. La semifinal, al igual que hace 16 años, enfrentaba a una potente selección europea. Se pasó con nota. Pero todo esto no significaba nada cuando el balón se puso en movimiento sobre el seco césped del MetLife Stadium. Tocaba ganar a la Argentina de Leo Messi.
La afición albiceleste poblaba las gradas y alentaba a los suyos como pocos saben hacerlo. Pero ahí estaba La Roja. El mejor equipo del Mundial no iba a dejarse intimidar por la intensidad de los pibes. La Roja volvió a desplegar su idea y neutralizó cualquier intento de juego argentino. Los de Scaloni se enredaron en una defensa rayando el límite del reglamento y balones largos que no encontraron ni a Messi ni a Julián Álvarez en todo el encuentro. Tan solo un equipo estaba dando la talla en el partido más importante del planeta futbolístico.
Y en el minuto 106 llegó el gol. No podía ser de otra manera. 1-0 como en la final de Sudáfrica. Jugada coral y tanto para la gloria. Una combinación iniciada por Pedri, continuada por Lamine Yamal y prolongada por la cabeza de Nico Williams dejó el esférico en el área para que Ferrán Torres, delantero del FC Barcelona (como Iniesta en su día), perforara la red defendida por el Dibu Martínez.
Todos los que vivimos el Mundial de 2010 revivimos la sensación. Aquellos a los que no les alcanzaba la memoria o aún no habían venido al mundo, sintieron como una corriente de máxima alegría recorría su cuerpo. Rodri alzó la copa de oro y la euforia se desató en todos los rincones del país. Banderas, petardos, cláxones y fiesta que se prolongaría hasta el amanecer. Los chicos de Luis de la Fuente han hecho felices a millones de personas. Una nueva estrella en el firmamento con el nombre de todos y cada uno de los aficionados que creyeron que la gesta era posible.
Rodri, escogido Balón de Oro del Mundial; Unai Simón, guante de oro; Cubarsí, mejor jugador joven… No se puede pedir más. La portada de la Gazzetta dello Sport titula en Italia que hoy el mundo es del color rojo de la camiseta de España, Mundo Rosso. Así que, si aún queda algo de voz en las gargantas tras la noche de celebración, gritemos todos juntos: ¡CAMPEONES!
