Vida Sana

Ejercicio terapéutico: qué es y cómo puede ayudar si tienes una enfermedad crónica

Qué es el ejercicio terapéutico y cómo se adapta en diabetes, enfermedad cardiovascular, cáncer, depresión o dolor persistente.

Mila Pérez Bravo

4 minutos

El ejercicio también puede formar parte de un tratamiento, la clave está en cómo se adapta

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Ejercicio terapéutico: qué es y cómo puede ayudar si tienes una enfermedad crónica

 

Hacer ejercicio puede ser mucho más que una forma de prevenir enfermedades. Cuando se adapta a una persona y a un objetivo clínico, también puede ayudar a recuperar capacidad física, mejorar síntomas y ganar autonomía. La clave está en saber qué hacer, con qué intensidad y cómo progresar.

El ejercicio terapéutico es un programa de movimiento planificado, individualizado y progresivo que persigue un objetivo de salud. Puede servir para volver a caminar con menos dificultad, recuperar fuerza después de un tratamiento, mejorar la tolerancia al esfuerzo o aprender a moverse con más confianza cuando hay dolor.

Por eso, recomendar «haz más ejercicio» y diseñar un programa terapéutico no son exactamente lo mismo. Hay que tener en cuenta el estado de salud, las capacidades, los síntomas y la respuesta de cada persona.

 

El ejercicio también puede formar parte del tratamiento

 

Una revisión publicada en EClinicalMedicine en 2024 examinó el papel del ejercicio en 45 enfermedades crónicas. Reunió datos de 990 ensayos clínicos, con 936.825 participantes, para 39 de esas enfermedades. Sus autores encontraron evidencia de efectos favorables en 25, sobre todo en calidad de vida y capacidad física.

El resultado es prometedor, pero conviene interpretarlo bien: no significa que el ejercicio cure 25 enfermedades ni que sus efectos sean iguales en todas ellas. Significa que, en muchas situaciones, puede ser una parte útil de la atención sanitaria.

Y ahí surge la pregunta decisiva: ¿qué ejercicio necesita esta persona, ahora mismo y para qué objetivo?

 

Un programa distinto para cada situación

 

Si tienes una enfermedad cardiovascular

En rehabilitación cardíaca, el entrenamiento busca mejorar de forma progresiva la capacidad para realizar actividades cotidianas y tolerar el esfuerzo. Según la situación clínica, puede incluir ejercicio aeróbico, fuerza y distintas intensidades. La valoración y la supervisión permiten ajustar la carga y avanzar con seguridad. La evidencia sobre rehabilitación cardíaca respalda su papel en personas con enfermedad coronaria.

 

Si tienes diabetes tipo 2

 

Los músculos participan en el uso de la glucosa, de modo que moverse también influye en el control metabólico. Un metaanálisis publicado en Diabetes Care reunió 126 estudios y 6.718 personas con diabetes tipo 2 y analizó la relación entre la actividad física y la HbA1c, un indicador del control de la glucosa a largo plazo.

La cantidad y el tipo de actividad adecuados dependen del punto de partida de cada persona. Una revisión de 15 guías clínicas recoge recomendaciones que combinan actividad aeróbica y trabajo de fuerza, con las adaptaciones necesarias según la situación clínica.

Ejercicio terapéutico. Qué es y cómo puede ayudar si tienes una enfermedad crónica
 
Si respirar y moverse cuesta más

 

En enfermedades respiratorias como la EPOC, la rehabilitación pulmonar puede ayudar a mejorar la capacidad de ejercicio y la vida diaria, según la guía clínica de la American Thoracic Society.

El punto de partida puede ser pequeño: caminar unos minutos, hacer pausas o trabajar la fuerza con una carga tolerable. La progresión consiste en ajustar el programa a la respuesta de la persona, no en convertir cada sesión en una prueba de resistencia.

 

Si estás pasando por un cáncer o recuperándote de él

 

El objetivo del ejercicio puede cambiar a lo largo del proceso: conservar fuerza, reducir la pérdida de condición física, recuperar autonomía o volver a actividades que antes resultaban sencillas. Una revisión de 11 guías internacionales de oncología encontró que todas recomendaban ejercicio aeróbico y de fuerza, aunque las precauciones y la dosis varían según cada caso.

Por eso importa tanto el momento del tratamiento como la situación de la persona. El programa debe adaptarse a ambos.

 

Si tienes depresión o dolor persistente

 

La salud mental también forma parte de esta conversación. Un metaanálisis publicado en The BMJ, con 218 estudios y 14.170 participantes, encontró que el ejercicio puede reducir los síntomas de depresión. Puede incorporarse a un abordaje más amplio, junto con la atención médica o psicológica que corresponda.

Con el dolor, las respuestas fáciles ayudan poco. Dos personas con dolor de rodilla, por ejemplo, pueden necesitar ejercicios, cargas y ritmos de progresión diferentes. Primero hay que valorar qué limita a cada una; después, encontrar una dosis de movimiento que pueda tolerar y hacer progresar.

 

¿Cómo se «dosifica» el ejercicio terapéutico?

 

La comparación con un medicamento ayuda a entender una idea: la dosis importa. En ejercicio, esa dosis incluye el tipo de actividad, la frecuencia, la intensidad, la duración y la progresión. También importa cómo responde la persona entre sesiones.

Alguien que lleva años sin entrenar quizá empiece con pocos minutos de caminata y ejercicios básicos de fuerza. Otra persona podrá comenzar con un programa más exigente. En ambos casos, el objetivo es el mismo: producir una mejora útil y sostenible.

Un programa bien planteado debería responder a cuatro preguntas:

  1. ¿Qué queremos mejorar? Fuerza, resistencia, equilibrio, función o confianza al moverse.
  2. ¿Desde dónde empezamos? La situación clínica y la capacidad actual marcan el punto de partida.
  3. ¿Qué carga podemos tolerar? El ejercicio debe poder ajustarse si aparecen dificultades.
  4. ¿Cuándo progresamos? La evolución se decide observando la respuesta, no siguiendo un calendario rígido.

 

Del «tienes que hacer ejercicio» al «vamos a encontrar el ejercicio que necesitas»

 

El ejercicio terapéutico no exige entrenar más fuerte ni hacer el programa más espectacular. Exige entrenar con un propósito.

Para una persona, ese propósito será subir escaleras sin detenerse. Para otra, recuperar fuerza tras una enfermedad. Para otra, volver a disfrutar de un paseo. Cuando el movimiento se elige, se adapta y se revisa con ese objetivo, puede convertirse en una herramienta valiosa dentro del tratamiento.

Si tienes una enfermedad, estás en tratamiento o presentas síntomas que limitan tu actividad, consulta con el equipo sanitario que lleva tu caso antes de iniciar o modificar un programa de ejercicio.

 

El ejercicio terapéutico debe adaptarse a la situación clínica, capacidades y objetivos de cada persona y no sustituye la valoración ni el tratamiento médico cuando estos sean necesarios.

 

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