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Cruzando Euskadi y Navarra por las Vías Verdes en bicicleta

40 túneles y un mar: Cruzando Euskadi y Navarra por las Vías Verdes en una ruta de cicloturismo de 5 días

Iván González

6 minutos

Cicloturismo cruzando Euskadi y Navarra por las Vías Verdes

Olvídate del tráfico y del ruido. Hemos recorrido el antiguo trazado ferroviario que une Vitoria con el mar Cantábrico a través del interior de Navarra hasta San Sebastián. Una ruta de cinco días de pedaleo amable para descubrir que el mejor cicloturismo de Europa está mucho más cerca de lo que imaginas.

 

Hay viajes que se empiezan a saborear mucho antes de dar la primera pedalada. Desayunar fuerte y sin prisas en el completísimo buffet de un hotel de cuatro estrellas, bajar a la recepción y encontrarte la bicicleta de alquiler recién entregada, impecable y ajustada a tu medida por un especialista, es la mejor forma de arrancar una gran travesía. Sin estrés, sin problemas de logística y con todo absolutamente listo para empezar a rodar. «Nuestra filosofía es que el viajero solo deba preocuparse de pedalear y disfrutar del paisaje. Nosotros nos encargamos de que toda la logística sea invisible», apunta Iván González, CEO de Kolotrip.com, agencia de viajes en bicicleta.

 

El punto de partida de esta aventura es Vitoria-Gasteiz, todo un emblema ecológico que fue reconocida como Capital Verde Europea, pero que también esconde secretos monumentales. Antes de partir, es inevitable alzar la vista hacia su "Almendra Medieval" para admirar la majestuosa Catedral de Santa María, un templo gótico tan fascinante que el mismísimo escritor Ken Follett se inspiró en sus muros para las continuaciones de Los Pilares de la Tierra.

 

40 túneles y un mar: Cruzando Euskadi y Navarra por las Vías Verdes
 

La inmensa ventaja de esta capital es que la Vía Verde del Vasco Navarro la atraviesa casi por completo. Esto nos permite salir pedaleando desde el mismo asfalto del centro urbano para, en cuestión de minutos, cruzar el anillo verde a través del parque de Salburua. En este humedal es más que habitual cruzarse con ciervos pastando tranquilamente, y todo ello sin haber pisado ni un solo metro de carretera.

 

Esta primera jornada, que nos llevará hasta la localidad de Maestu, es sumamente llevadera. Rodamos sobre caminos de grava blanca muy compactos y sumamente fáciles de pedalear. Según nos vamos adentrando en la Montaña Alavesa, el terreno sí presenta alguna subidita corta, pero el espectacular y frondoso bosque de roble y haya en el que nos sumergimos hace que cada pequeño esfuerzo físico merezca sobradamente la pena. Es aquí donde empezamos a experimentar uno de los grandes atractivos de la ruta: cruzar el corazón de la montaña por sus entrañas. Atravesar estos antiguos túneles ferroviarios es toda una experiencia; lejos de dar miedo o respeto, la inmensa mayoría están perfectamente iluminados. Adentrarse en su interior fresco y resonante se convierte en una aventura fascinante que el cuerpo te pedirá repetir. La etapa concluye en Maestu, un pueblo en el que aún resuenan las leyendas de "El Trenico" (el antiguo tren Vasco Navarro) y cuya vieja estación de ferrocarril nos da la bienvenida para pasar la primera noche.

 

Descenso constante entre huertas y campos de girasoles

 

Si el primer día fue de adaptación, la segunda etapa es un auténtico regalo para las piernas. Prácticamente toda la jornada es un constante y suave descenso que nos deja deslizarnos sin esfuerzo hasta el corazón de Tierra Estella. A nuestro paso, el denso bosque de la montaña se va abriendo gradualmente para dejarnos rodar entre las primeras plantaciones de pimientos, tomates, patatas y los afamados espárragos navarros, alternando este colorido paisaje con cuidadas extensiones de viñedos y olivos.

 

El final de la etapa nos deja en Estella-Lizarra, una parada neurálgica y llena de misticismo. Conocida como la "Toledo del Norte", esta ciudad alberga el Palacio de los Reyes de Navarra, el único gran edificio románico de carácter civil que queda en toda la comunidad, envuelto en antiguas historias de monarcas y mercaderes. Aparcar la bicicleta aquí es sinónimo de disfrute. La gastronomía local es casi una religión. Cenar unas verduras de la huerta o un buen cordero, y descansar en un hotel rural cargado de historia, sabiendo que tus bicicletas pasan la noche guardadas a buen recaudo en un cuarto cerrado y seguro, te permite desconectar del mundo por completo.

 

A la mañana siguiente, con el estómago lleno, ponemos rumbo a Pamplona. Esta tercera etapa arranca por pistas muy cómodas y anchas que serpentean entre inmensos campos de cereales, extensiones de viñedos y vastos cultivos de esta tierra riquísima. Es una jornada con una banda sonora muy especial, ya que compartiremos tramos con peregrinos de medio mundo que recorren el Camino de Santiago Francés. A lo largo del día, el cordial saludo de "¡Buen camino!" será una constante y alegre melodía.

 

Acabaremos la etapa entrando triunfalmente a la Cuenca de Pamplona, escoltados por mares dorados de campos de girasoles. Rodar por estos parajes te da una tranquilidad inmensa, especialmente si llevas en el bolsillo un teléfono de asistencia directa. Saber que, ante cualquier pinchazo o imprevisto, una llamada hace que te gestionen al instante la incidencia mecánica, no tiene precio. Tu única misión es disfrutar de la llegada a las imponentes murallas de la capital navarra, una ciudadela fortificada en forma de estrella renacentista única en la península. Tras la ducha, el plan es obligado: recorrer la Plaza del Castillo y reponer calorías con una ruta de pintxos espectaculares por la famosa calle Estafeta.

 

El corazón verde y la joya atlántica del Leitzaran

 

Con el cuerpo cuidado y mimado por los fantásticos desayunos de los alojamientos adaptados a ciclistas que hemos seleccionado rigurosamente, abandonamos Pamplona para poner la brújula apuntando hacia Lekunberri. En esta cuarta etapa, la fisonomía del viaje da un giro radical. Nos vamos adentrando en pleno corazón verde según nos acercamos a las puertas de Gipuzkoa; el secano desaparece y aquí lo que manda y domina todo el paisaje es el bosque atlántico en estado puro, un ecosistema profundo y vibrante. Al llegar a Lekunberri, nos toparemos de frente con su mítica e impecablemente restaurada estación del ferrocarril del Plazaola, un lugar de película por el que antaño se movía mineral, pasajeros y, según cuentan las voces del valle, algún que otro contrabandista en las noches de niebla.

 

Y así llegamos a la quinta etapa, la gran culminación de la travesía. Es, con total seguridad, la jornada más agreste, salvaje y espectacular de toda la ruta. Aquí vivimos un hito ciclista inolvidable: cruzar uno de los túneles ciclables más largos de toda Europa, el mítico túnel de Uitzi, con casi tres kilómetros de galería iluminada que perfora la montaña y que resulta una auténtica delicia recorrer.

 

Tras emerger de la montaña, nos lanzamos en un suave y eterno descenso por los profundos y húmedos valles del río Leitzaran, un Biotopo Protegido. Entre este entorno casi mágico, salpicado de antiguos puentes de piedra, comienzan a asomar multitud de manzanos, la señal inequívoca de que estamos cruzando el núcleo sagrado de la sidra guipuzcoana.

 

Poco a poco, el intenso olor a bosque húmedo se funde con la inconfundible brisa salada. La llegada a San Sebastián es el éxtasis final. El valle se abre hasta dejarnos a las puertas de su emblemática bahía, donde nos espera El Peine del Viento de Eduardo Chillida, unas imponentes esculturas de acero donde el mar Cantábrico rompe con furia. Aparcar las bicis frente a la barandilla de la playa de La Concha, mirar la inmensidad del océano y brindar en la Parte Vieja donostiarra cierra, de la forma más redonda posible, cinco días memorables de deporte, turismo y vida.

Cruzando Euskadi y Navarra por las Vías Verdes en bicicleta
 
Guía práctica para organizar tu viaje

 

  • El recorrido: La ruta consta de 5 etapas cuidadosamente trazadas sobre las Vías Verdes del Vasco Navarro, Eurovelo 1 y Plazaola. El itinerario une Vitoria con Maestu, sigue hacia Estella, salta a Pamplona, sube a Lekunberri y finaliza en San Sebastián.

 

  • Terreno y bicicletas: Son etapas muy llevaderas compuestas mayoritariamente por pistas de grava, tierra compactada y tramos cementados exclusivos para ciclistas y caminantes. Una bicicleta Gravel o una mountain bike de carácter rodador son las monturas ideales. Además, por su perfil suave, es un viaje inmejorable para disfrutar a tope con una bicicleta eléctrica.

 

  • La logística: Para rodar completamente libre de equipaje y preocupaciones, lo más inteligente es apoyarse en expertos. Como explica Iván González: «Afrontar cinco días de ruta exige tener muy atados los alojamientos y los imprevistos. En Kolotrip organizamos todo el rompecabezas logístico para que el ciclista solo pedalee: trabajamos para que los recorridos y tracks están siempre actualizados, trasladamos las maletas de hotel en hotel cada mañana, los alojamientos están especialmente seleccionados, entregamos y ajustamos la bicicleta personalmente y, sobre todo, ofrecemos una asistencia constante para solucionar cualquier imprevisto al instante».

 

Todos los detalles de esta ruta y de los más de 150 viajes en bicicleta de altísima calidad están disponibles en Kolotrip.com (www.kolotrip.com), un catálogo pensado para todos los niveles y estilos de cicloturismo: desde rutas fáciles para disfrutar en familia, hasta los retos más exigentes y avanzados que quieras afrontar.

 

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