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El plátano es uno de los alimentos más habituales en la dieta de muchos deportistas. Su principal atractivo está en su contenido en hidratos de carbono, que proporcionan energía para afrontar el ejercicio, además de aportar potasio y otros micronutrientes. Además, una pieza mediana ronda las 100 calorías, por lo que puede ser un tentempié práctico cuando buscamos algo saciante sin realizar una ingesta demasiado elevada.
Por la mañana, puede ser una opción interesante antes de entrenar, especialmente si necesitamos algo ligero y fácil de consumir. También puede formar parte de un desayuno de recuperación si se combina con alimentos ricos en proteínas, como yogur, leche o huevos.
A mediodía, el plátano puede convertirse en un tentempié práctico para quienes entrenan por la tarde. Tomarlo con cierta antelación al ejercicio aporta hidratos de carbono que pueden utilizarse como combustible durante el entrenamiento. Después de una sesión exigente, combinarlo con una fuente de proteína ayuda a conseguir una recuperación más completa.
Por la noche, tampoco hay motivo para evitarlo. Si hemos entrenado por la tarde, sus hidratos de carbono pueden contribuir a reponer las reservas de glucógeno utilizadas durante el ejercicio. Además, el plátano aporta magnesio y potasio, minerales que participan en la función muscular, y contiene pequeñas cantidades de compuestos relacionados con la producción de serotonina y melatonina. Por ello, dentro de una cena equilibrada o como tentempié, puede formar parte de una rutina que favorezca el descanso, aunque no debe considerarse un alimento con efecto sedante.
