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Si entrenas, corres, montas en bici o simplemente quieres saber cómo responde tu organismo ante el esfuerzo, entender qué significa realmente tu VO₂ máx. puede ayudarte a entrenar mejor… y a dejar de preocuparte por una cifra que, por sí sola, no cuenta toda la historia.
¿Qué es exactamente el VO₂ máx.?
El VO₂ máx. es la cantidad máxima de oxígeno que nuestro organismo puede captar, transportar y utilizar durante un ejercicio de alta intensidad. Se considera uno de los mejores indicadores de la capacidad aeróbica.
Cuando hacemos ejercicio, respiramos oxígeno, que pasa a la sangre y es transportado hasta los músculos. Allí participa en los procesos que permiten producir energía para mantener la actividad física. Cuanto mayor sea la capacidad del organismo para utilizar oxígeno, mayor será, en principio, nuestra capacidad para sostener esfuerzos aeróbicos intensos. Se expresa en mililitros de oxígeno por kilogramo de peso corporal y por minuto (ml/kg/min). Por eso, en términos generales, un VO₂ máx. elevado suele asociarse con una buena condición cardiorrespiratoria. Pero hay una palabra importante: “generalmente”.
Porque tener un VO₂ máx. alto no garantiza ser el mejor corredor, ciclista o deportista. El rendimiento depende también de factores como la economía de movimiento, el umbral de lactato, la fuerza, la técnica, la experiencia y la capacidad de mantener un determinado porcentaje del VO₂ máx. durante mucho tiempo.
Entonces, ¿qué VO₂ máx. es bueno?
Aquí empieza el problema de las tablas. El VO₂ máx. depende de la edad, el sexo, el nivel de entrenamiento, la masa corporal, la composición corporal y otros factores. Por eso no tiene demasiado sentido decir que existe una única cifra que separa un VO₂ máx. “bueno” de uno “malo”.
Como referencia muy general, en adultos pueden encontrarse valores aproximadamente entre 30 y 60 ml/kg/min, aunque existe una enorme variabilidad individual. En deportistas entrenados los valores pueden ser considerablemente superiores.
En deportistas recreativos, por ejemplo, el texto de referencia sitúa habitualmente a los hombres entrenados en torno a 50-60 ml/kg/min y a las mujeres entrenadas alrededor de 45-55 ml/kg/min, mientras que los deportistas de alto nivel pueden superar ampliamente esas cifras.
Pero cuidado: un 50 no significa lo mismo a los 25 que a los 55 años, ni tiene el mismo significado en un deportista que en una persona sedentaria. La comparación más útil es, por tanto, contigo mismo.
El VO₂ máx. no es una sentencia genética
Existe una idea muy extendida: “mi VO₂ máx. es bajo porque genéticamente no estoy hecho para correr”. La realidad es bastante más interesante. El entrenamiento puede mejorar sustancialmente el VO₂ máx., pero no todas las personas responden de la misma manera al mismo programa. El estudio HERITAGE encontró una enorme variabilidad en la respuesta al entrenamiento de resistencia: después de un programa de 20 semanas hubo personas que apenas mejoraron y otras que experimentaron aumentos muy importantes. Los autores estimaron además una importante contribución genética a esa variabilidad.
¿Qué significa esto para ti?
Que si después de unas semanas de entrenamiento tu VO₂ máx. no sube al ritmo que esperabas, no necesariamente estás haciendo algo mal. Puede que necesites cambiar el tipo de estímulo, revisar la carga de entrenamiento o simplemente darle más tiempo al proceso.
Y hay otra buena noticia: se puede mejorar la capacidad aeróbica a prácticamente cualquier edad, aunque la velocidad de adaptación cambia con los años.
¿Puedo fiarme del VO₂ máx. de mi reloj?
Sí… pero con matices. Esta es probablemente la parte más importante para cualquiera que entrene con un Garmin, Apple Watch, Polar, Suunto u otro dispositivo deportivo. El VO₂ máx. real se determina mediante una prueba de esfuerzo con análisis de gases. El deportista realiza un ejercicio progresivo —normalmente corriendo sobre una cinta o pedaleando— mientras respira a través de una mascarilla que permite analizar el oxígeno consumido y otros parámetros.
El reloj, en cambio, no mide directamente el oxígeno que estás utilizando. Realiza una estimación a partir de variables como la frecuencia cardiaca, el ritmo, el movimiento y otros datos. Por eso no deberías interpretar que un valor de 51 significa necesariamente que tu VO₂ máx. de laboratorio sea exactamente 51. Las estimaciones de dispositivos de muñeca pueden presentar errores apreciables respecto a una medición de laboratorio.
La clave: mira la tendencia, no el número aislado
Si tu reloj marca 47 hoy y 49 dentro de dos meses, eso puede ser una señal interesante, especialmente si las mediciones se han realizado en condiciones similares. Pero si un día pasas de 48 a 51 y la semana siguiente vuelves a 48, no significa que hayas ganado y perdido tres puntos de capacidad aeróbica. Temperatura, fatiga, sueño, hidratación, terreno, ritmo, frecuencia cardiaca e incluso las características del entrenamiento pueden influir en la estimación.
Utiliza el VO₂ máx. de tu reloj como un indicador de tendencia, no como una prueba médica de precisión.
¿Cómo se mide de verdad?
La forma más precisa es una prueba de esfuerzo con análisis directo de gases. Normalmente comienza con unos minutos de ejercicio suave y, progresivamente, se aumenta la velocidad, la resistencia o la inclinación hasta alcanzar una intensidad máxima. Durante la prueba se registran variables como consumo de oxígeno, frecuencia cardiaca y velocidad o potencia.
Además de conocer tu VO₂ máx., una prueba de laboratorio puede aportar información muy interesante para estructurar el entrenamiento, como la frecuencia cardiaca máxima y diferentes zonas de intensidad.
También existen pruebas de campo que permiten estimar el VO₂ máx., como el test de Cooper de 12 minutos. Son opciones mucho más accesibles, aunque menos precisas que el análisis directo de gases.
La mejor forma de subir tu VO₂ máx.
Aquí llega la parte práctica. Para estimular el VO₂ máx. hay que introducir sesiones de intensidad elevada, en las que pasemos una cantidad suficiente de tiempo cerca de nuestra capacidad aeróbica máxima. No significa que tengas que entrenar siempre al límite. De hecho, hacerlo sería una receta bastante rápida para acumular fatiga.
La estrategia más eficaz es combinar el trabajo intenso con suficiente entrenamiento aeróbico de baja y moderada intensidad y una recuperación adecuada.
Entrenamiento 1: intervalos de 3 minutos
Una sesión clásica puede ser:
Calentamiento: 10 minutos de carrera suave.
Parte principal:
4 × 3 minutos a una intensidad cercana al VO₂ máx., recuperando 3 minutos de trote suave entre repeticiones.
Vuelta a la calma: 10 minutos suaves.
Los intervalos de alta intensidad pueden situarse aproximadamente entre 3 y 5 minutos, según el nivel del deportista y el objetivo de la sesión.
La sensación debería ser exigente. No se trata de hacer un sprint de 30 segundos, sino de mantener un esfuerzo alto durante varios minutos.
Entrenamiento 2: repeticiones de 1 km
Para corredores que prefieren trabajar por distancia:
10 minutos de calentamiento + 4 × 1 km a intensidad VO₂ máx., con 3-4 minutos de recuperación suave + 10 minutos de vuelta a la calma.
La velocidad exacta dependerá de tu nivel. Lo importante es que las repeticiones sean suficientemente intensas como para acumular tiempo cerca de tu capacidad aeróbica máxima, pero sin convertir la sesión en una competición.
Entrenamiento 3: juega con las cuestas
Las cuestas son otra herramienta fantástica.
Busca una pendiente aproximadamente del 3-5%, suficientemente pronunciada para aumentar la exigencia pero que todavía permita correr con una técnica razonable.
Después del calentamiento, puedes hacer:
6-7 × 3 minutos cuesta arriba, a intensidad alta, recuperando durante la bajada.
La pendiente añade resistencia y permite alcanzar una intensidad cardiovascular elevada sin necesidad de correr a velocidades extremadamente altas.
No todo es VO₂ máx. Y esta es quizá la conclusión más importante. El VO₂ máx. es una magnífica pieza del puzle, pero no es el puzle completo. Puedes tener un VO₂ máx. excelente y no correr una maratón especialmente rápido. Y puedes tener un valor más modesto y conseguir un rendimiento extraordinario gracias a una buena economía de carrera, un excelente umbral de lactato, una gran capacidad de resistencia y años de entrenamiento.
Por eso, si tu objetivo es correr más rápido, no deberías limitarte a mirar cómo evoluciona la cifra de tu reloj.
Observa también:
- tu ritmo a una determinada frecuencia cardiaca;
- tus tiempos en distancias conocidas;
- cómo respondes a los entrenamientos;
- tu percepción del esfuerzo;
- tu capacidad para mantener ritmos elevados;
- y, sobre todo, cómo evoluciona tu rendimiento con el paso de las semanas.
El verdadero objetivo: tener un motor grande… y saber utilizarlo
Un VO₂ máx. alto significa que tienes una gran capacidad para captar y utilizar oxígeno durante el ejercicio. Pero el entrenamiento consiste en mucho más que aumentar el tamaño del “motor”. Necesitas aprender a utilizarlo de forma eficiente. Así que la próxima vez que tu reloj te muestre tu VO₂ máx., mira el dato, pero no te obsesiones. Si sube progresivamente, estupendo.
Si se mantiene estable mientras tus ritmos mejoran, también es una buena noticia. Y si un día baja dos puntos, no significa que de repente hayas perdido tu forma física. Tu cuerpo es mucho más complejo que una cifra en la pantalla.
El mejor VO₂ máx. no es necesariamente el número más alto que puedas conseguir, sino una capacidad aeróbica que te permita disfrutar más, entrenar mejor y rendir durante muchos años.
