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1. ¿VIAJAS SOLO O CON AGENCIA?
Si vas con una agencia oficial, tienes la opción más cómoda, porque te llevan desde la misma puerta del hotel hasta la salida del mítico puente de Verrazzano. Si no tienes contratado este servicio o te ha tocado una de las últimas oleadas, mi recomendación es ir en barco (es gratis) desde Battery Park a Staten Island. Es una opción que permite apurar más y estar menos tiempo en la zona de salida. Además, de regalo tienes las vistas de la Estatua de la Libertad mientras navegas.
2. CONTROLES DE SEGURIDAD Y ACCESO A LA SALIDA
A la zona de salida solo puede entrar la gente con dorsal (lo revisan uno a uno). Hay un estricto control de entrada con arcos de seguridad, como si fueras a coger un vuelo. Solo se permiten las bolsas transparentes que da la organización; cualquier tipo de mochila, incluso un CamelBak, está prohibido.
La espera hasta la salida (hay cinco oleadas, la primera de ellas a las 8:55 h y luego cada 30 minutos) se organiza en un campamento con tres áreas: la rosa, la naranja y la azul, que corresponden a las tres zonas de salida. Puedes moverte libremente, pero mi consejo es que lo primero que hagas sea localizar muy bien tu entrada al cajón, ya que los cierran 45 minutos antes de cada salida y no dan ni un segundo de cortesía. Si llegas tarde, no te quedas sin correr, pero tienes que esperar a la siguiente oleada. Dentro de los cajones también hay servicios para un último pis.
3. ABRIGO, DESAYUNO Y ESPERA ANTES DE CORRER
Hay que llevar mucha ropa de abrigo (y sin mala conciencia si tienes que tirarla, porque la recogen para los más necesitados). A esas horas del día y al lado del mar lo normal es que haga bastante frío. Se espera a cielo abierto y sentado en un bordillo, así que lleva algo para poner en el suelo.
Desde los atentados del maratón de Boston se prohibieron las tiendas de campaña, los sacos de dormir, los edredones y las caretas que impidan ver el rostro, además de los disfraces que excedan el perímetro del cuerpo (ya no es posible, por ejemplo, ir vestido de la Torre Eiffel).
Lo normal es estar ya en la salida sobre las siete de la mañana, así que lo lógico es desayunar allí. En el campamento hay barra libre de café, té, agua, plátanos y bagels, que puedes combinar con tu yogur con cereales o con lo que sea tu desayuno habitual. Si quieres preparar mejor la carrera, puedes consultar los consejos de Revista Corredor sobre entrenamiento y nutrición para corredores.
4. LAS TRES SALIDAS Y CÓMO CONSEGUIR LAS MEJORES VISTAS
Hay tres salidas. Si te ha tocado la rosa, mejor cambiarla, porque los corredores salen por la parte inferior del puente de Verrazzano y te quedas sin las mejores vistas. Para cambiarla, solo tienes que ir a cualquier cajón azul o naranja cuyo número sea superior al de tu dorsal.
Lo mismo si sois varios amigos y queréis ir juntos: podéis hacerlo yendo a la salida del que tenga el dorsal más alto y la letra del cajón más alta en el abecedario.
5. EL CAÑONAZO, SINATRA Y LOS PRIMEROS KILÓMETROS
Llega el gran momento. Algún actor de Broadway canta en directo el himno americano y, tras el cañonazo de los Marines, suena a todo volumen el New York, New York, de Frank Sinatra.
No tengas prisa por quitarte la ropa. Un truco: mantener una sudadera de abrigo hasta que bajes del puente (son unos 3 km), porque suele hacer mucho viento y es fácil coger frío.
En los puentes no está permitido el acceso al público, pero en cuanto bajas de Verrazzano ya entras en Brooklyn, que es donde más anima la gente. Entre la emoción, el recorrido favorable hasta el medio maratón y el griterío ensordecedor, es fácil dejarse llevar por la adrenalina… y luego pagarlo.
Animan tanto que, cuando entras en Williamsburg, sobre el kilómetro 16, casi te relaja el silencio de esta zona, la de los judíos, donde, al ser domingo, es día laborable.
6. EL PUENTE DE QUEENSBORO: EL MOMENTO DE LA VERDAD
El medio maratón está a mitad de la subida del puente Pulaski, por el que pasas al barrio de Queens, donde estarás hasta el puente de Queensboro (km 25). Allí es donde la cosa se pone seria. Es una subida de 1,5 km con un desnivel medio del 3,3% que resulta algo agobiante, ya que el recorrido es bastante cerrado y, de pronto, se hace el silencio… Pero justo al bajar y entrar en la Primera Avenida vas a vivir un momento muy especial, ya que, según vas bajando el puente, oyes el griterío de los miles de personas que te esperan en Manhattan.
7. EL MURO DE NUEVA YORK PUEDE LLEGAR ANTES DE LO ESPERADO
Siempre digo que el muro en Nueva York está antes. El cuerpo viene con la paliza del viaje en avión, más el jet lag y el madrugón. Si a eso le sumas la subida al puente, si no has reservado fuerzas, es fácil empezar a tener problemas ya en la Primera Avenida: una recta de casi siete kilómetros, muy ancha, en la que te vas haciendo pequeño.
Está a rebosar de público y es buena idea ir pegado a un lateral para sentirse más arropado. Yo siempre digo que, cuando llegas a la Primera Avenida, hay un test muy fácil para ver cómo vas: si la ves llana, la cosa va bien; si la ves cuesta arriba, mala señal (en realidad, tiene un mínimo desnivel positivo).
8. EL BRONX, LA QUINTA AVENIDA Y LA ENTRADA EN CENTRAL PARK
En el Bronx estás algo menos de tres kilómetros y hay menos público, pero es muy enrollado. Un nuevo puente, el de Madison Avenue, ya te lleva a Harlem, camino del gran reto final: recorrer la Quinta Avenida y sus 79 calles (desde la 138 hasta la 59). Fíjate en el perfil, porque la subida por la Quinta Avenida en el km 36 hace que mucha gente tire la toalla y la suba andando. Tenlo en cuenta para reservar fuerzas y tomarte un gel al paso por el 35.
Cuando sales de la Quinta Avenida para entrar en Central Park, nada más entrar hay una zona llana. Aprovéchala para recuperar fuerzas, porque luego vienen las continuas subidas y bajadas en el parque.
Muy pronto estarás en esos mágicos últimos 600 metros, con las banderas de todos los países participantes… Pero la medalla en Nueva York tiene un precio final: ¡la meta está en subida!
Muy importante: en ningún caso entres en meta si no has hecho el recorrido completo, ya que la organización te va a descalificar y a prohibirte correr el Maratón de Nueva York de nuevo. Desgraciadamente, conozco varios casos.
9. LA META NO ES EL FINAL: TODAVÍA QUEDA VOLVER AL HOTEL
Al cruzar la meta, un voluntario te dará tu medalla de finisher y te dedicará su mejor congratulations!. Has terminado el maratón, pero te queda otro.
Por cerca que esté tu hotel, calcula un mínimo de 45 minutos para llegar. Eso sí, frío no vas a pasar, porque en meta te dan un estupendo poncho (con forro polar interior y capucha). Y hambre tampoco: te dan la llamada recovery bag, con una manzana, agua, bebida isotónica, una barrita y unos frutos secos.
Un truco es llevar un billete de 20 dólares en el pantalón para poder comprarte algo de comer mientras peregrinas hacia el hotel. Mejor que el billete sea de 50 por si te ves tan mal que tienes que coger un taxi o una de estas bicicletas tripuladas que hay junto a Central Park.
10. MEDAL MONDAY: LA MEDALLA TAMBIÉN SE DISFRUTA EL LUNES
El Medal Monday se inventó en Nueva York. Aunque tengas que bajar las escaleras marcha atrás, el lunes aquí todo el mundo lleva su medalla. Te va felicitando gente que, por supuesto, no conoces de nada y, además, la medalla te da acceso a varias promociones.
Este año, por ejemplo, te dejarán entrar gratis en el Museo Americano de Historia Natural, tendrás un 30 % de descuento para subir al SUMMIT One Vanderbilt o podrás subir al Top of the Rock por solo 26 dólares. También podrás conseguir una segunda entrada gratis para el Museo del 11-S o comerte una hamburguesa gratis en cualquiera de los restaurantes Shake Shack que hay por todo Manhattan.
Para más consejos, crónicas y contenidos sobre carreras populares, consulta Revista Corredor.












