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Correr un maratón al límite de mis posibilidades sin una zapatilla moderna (con placa de carbono y espuma ultra reactiva) es una idea que me lleva rondando la cabeza desde hace un tiempo. Saber hasta dónde llegaría mi cuerpo con las condiciones tecnológicas de hace 10 o 15 años. Tratar de cuantificar la ventaja cronométrica que aportan las zapatillas con las que la gran mayoría de deportistas, o al menos aquellos que buscan determinados registros cronométricos, compite a día de hoy.
Si piensas que aquí te voy a hablar de ese maratón estás equivocado. De momento solo he probado con un 10K.
El pasado 20 de septiembre competí en la Cursa de la Mercè de Barcelona y lo hice con unas Hoka Mach 7, un modelo sin placa de carbono y sin espuma de última generación pero que tiene todo lo que se necesita para exigirte al máximo sobre el asfalto. Ligereza, respuesta y una grandísima comodidad. De hecho, es la zapatilla que más uso en entrenamientos de tempo o umbral, esos en los que buscas esforzarte pero no reventarte.
Mi última vez sin carbono fue hace 8 años
La última vez que competí sin placa de carbono fue en la Behobia San Sebastián de 2018. Lo hice con unas Adidas Adizero Boston en los pies y recuerdo hablar con mi compañero Javi Moro al acabar la carrera de que quizá era la última vez que competíamos sin “lo nuevo”. Aquella carrera estaba patrocinada por Adidas pero ambos ya teníamos las primeras Nike Vaporfly 4%, que yo utilicé por primera vez en competición en un 10K de Aranjuez, donde conseguí bajar por primera vez en mi vida de 32 minutos. ¿Casualidad? No lo creo.
Desde entonces, decenas de carreras de 10 kilómetros, medios maratones y maratones, todos con zapatillas de última generación en mis pies. Hasta la Cursa de la Mercè 2026.
¿Qué se siente?
La gran diferencia es en las bajadas, desde mi punto de vista. Los primeros kilómetros apenas lo notas, pero luego la fatiga está ahí. Sientes que vas rápido, pero el reloj refleja que el tiempo no es el que asocias habitualmente a tus sensaciones.
Hice 32:30 y creo que estaba para rondar el 32:00 o bajarlo. Bien es verdad que la hora de la carrera, muy pronto por la mañana, y haberme despertado 50 minutos antes de la salida, sin desayunar, tampoco ayudó.
Pero hay algo que me llamó especialmente la atención: la zapatilla no te permite esconder tanto los errores cuando estás fatigado. En una bajada, por ejemplo, con una zapatilla con placa de carbono y una espuma muy reactiva tengo la sensación de que puedo dejarme caer un poco más, mantener el ritmo y que la propia zapatilla haga parte del trabajo.
La diferencia es que no tienes esa sensación de que hay algo debajo del pie que te ayuda a seguir avanzando cuando las piernas empiezan a acumular kilómetros.
Con las Mach 7 tenía que estar más pendiente de cómo pisaba y de mantener la velocidad por mis propios medios. No significa que sean unas zapatillas lentas, ni mucho menos. De hecho, me parecen una opción fantástica para correr rápido. La diferencia es que no tienes esa sensación de que hay algo debajo del pie que te ayuda a seguir avanzando cuando las piernas empiezan a acumular kilómetros.
Y eso, en un 10K, se puede gestionar. En un maratón, donde todavía quedan 15 o 18 kilómetros cuando aparece esa fatiga, puede ser otra historia.
¿Volvería a hacerlo? ¿Acabaré haciendo un maratón?
Sí, lo volvería a hacer, aunque será dura la decisión en un maratón. En un 10K o una media tengo la sensación de que no importa tanto, pero en un maratón has tenido que entrenar mucho. Supone un entrenamiento muy concienzudo como para “sacrificar” la marca.
Si después de meses preparando un maratón llego a la línea de salida en condiciones de correr al límite de mis posibilidades, ¿realmente quiero renunciar a una ayuda tecnológica que llevo utilizando durante los últimos ocho años? Probablemente no.
Busco entender mejor qué parte del rendimiento viene de las piernas y cuál de la herramienta que llevas en los pies.
Pero también creo que merece la pena probarlo. No tanto por demostrar que se puede correr rápido sin placa de carbono, sino por entender mejor qué parte del rendimiento viene de las piernas y cuál de la herramienta que llevas en los pies.
Por ahora, el experimento se queda en un 10K y en 32:30. La prueba de verdad, si algún día llega, será el maratón. Y ahí sí que será interesante comparar las sensaciones, el ritmo y, sobre todo, cómo responde el cuerpo cuando aparezcan los kilómetros en los que una zapatilla moderna empieza a marcar diferencias.













