Las pistas de atletismo están más vivas que nunca. Aprendamos a cuidarlas

Ver las pistas llenas de corredores de todas las edades y niveles es una magnífica noticia para el atletismo. Pero compartirlas también implica conocer algunas normas básicas, desde respetar la calle 1 hasta cuidar el tartán, para que todos podamos seguir disfrutando de ellas.

La sensación de rebote que transmite el tartán nos recuerda que no estamos pisando una superficie indestructible
La sensación de rebote que transmite el tartán nos recuerda que no estamos pisando una superficie indestructible

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Recuerdo perfectamente aquellos años en los que llegabas a una pista de atletismo y apenas encontrabas a unos cuantos atletas entrenando. Hoy, en cambio, es habitual ver grupos de running, corredores populares, jóvenes, veteranos y personas que se acercan por primera vez a este deporte. Y no puedo alegrarme más. Me encanta ver las pistas llenas de vida, descubrir a tanta gente disfrutando del atletismo y comprobar cómo un espacio que antes utilizábamos relativamente pocos se ha convertido en un lugar de encuentro para corredores de todas las edades.

Para quienes llevamos muchos años vinculados al atletismo, es una imagen que hace tiempo habría parecido un sueño. Y precisamente porque me gustaría que siguiera siendo así, creo que merece la pena hablar de algo tan sencillo como importante: aprender a utilizar correctamente una pista.

¿Por qué debemos respetar la calle 1?

En una pista de atletismo, habitualmente, las interiores se destinan a los entrenamientos de series y ritmos más rápidos, mientras que los rodajes suaves, calentamientos y recuperaciones se realizan por las calles exteriores o las zonas habilitadas para ello. Cada instalación tiene sus propias normas y es importante conocerlas.

La calle 1 merece especial atención por varios motivos. El más importante de todos es la seguridad. Cuando un atleta está realizando una serie rápida, encontrarse con otros corredores rodando a menor velocidad puede obligarle a cambiar bruscamente de trayectoria, frenar o adelantar por una calle ocupada. Son situaciones que pueden provocar choques o caídas y que podemos evitar con una buena organización.

También debemos prestar atención a cómo nos movemos dentro de la pista. Antes de cruzar una calle o incorporarnos a ella, conviene mirar y comprobar que no se aproxima ningún corredor. Y cuando terminamos una serie, debemos salir de la trayectoria de quienes siguen corriendo antes de detenernos o recuperar. Son gestos sencillos que evitan situaciones peligrosas, especialmente cuando coinciden deportistas a velocidades muy diferentes.

Y otro motivo del que quizá hablamos menos: el cuidado del tartán. La calle 1 es una de las zonas que más desgaste acumula precisamente porque concentra buena parte de los entrenamientos. Si además la utilizamos para rodar, calentar o recuperar cuando existen otras zonas disponibles, estamos añadiendo un uso innecesario a una superficie que requiere mantenimiento y cuya reparación supone un coste importante.

Muchas pistas de atletismo cuentan con un anillo exterior de césped artificial, situado después de la calle 6 o de la calle 8, que resulta ideal para realizar rodajes suaves, calentamientos, recuperaciones entre series y vueltas a la calma, siempre que esté habilitado para ese uso. Es una alternativa cómoda que permite liberar las calles interiores.

No se trata únicamente de saber por dónde no debemos correr, sino de aprender a aprovechar correctamente todos los espacios que nos ofrece una pista.

Cuidar el tartán es responsabilidad de todos

El mantenimiento de una pista de atletismo requiere una inversión importante, y su conservación depende también del uso que hagamos de ella cada día.

Además de distribuir correctamente los entrenamientos entre las diferentes calles, debemos prestar atención a pequeños detalles: no arrastrar vallas ni otros elementos sobre el pavimento, utilizar el calzado permitido, no dejar botellas o residuos y respetar las indicaciones del personal responsable de la instalación. Son hábitos sencillos que contribuyen a conservar el tartán y el equipamiento en buenas condiciones.

Aunque pueda parecer increíble, hay otra situación con la que me he encontrado personalmente: perros dentro de la pista de atletismo, tanto atados como sueltos. Una pista no es un espacio para pasear mascotas y mucho menos para dejarlas correr libremente. La presencia de un perro puede provocar una caída si se cruza inesperadamente en la trayectoria de una persona, y sus uñas también pueden contribuir al deterioro de la superficie. Incluso una correa puede convertirse en un obstáculo peligroso cuando alguien está entrenando a gran velocidad. Por eso, salvo que la instalación autorice expresamente su acceso, los perros deben permanecer fuera del recinto deportivo, independientemente de que vayan atados o no.

Y es que el tartán no es asfalto; es una superficie sintética compuesta, según el tipo de pista, por materiales como el caucho y el poliuretano, que le proporcionan elasticidad, amortiguación y adherencia. Precisamente esa composición es la que hace que, al correr sobre una pista, percibamos una sensación de rebote y respuesta bajo nuestros pies, ya que el material se deforma ligeramente con cada apoyo y recupera su forma. Pero esa elasticidad también nos recuerda que no estamos pisando una superficie indestructible. El rozamiento continuado y la concentración de pisadas en determinadas zonas pueden acelerar su deterioro, provocando una pérdida de textura e incluso el desprendimiento de pequeños fragmentos de material.

Los entrenadores tienen mucho que enseñar

Quiero detenerme aquí porque me parece especialmente importante. Soy una firme defensora de los grupos de running y del trabajo que realizan sus entrenadores, han conseguido acercar el atletismo a muchísimas personas, crear comunidades y hacer que corredores que quizá nunca habrían entrado en una pista descubran otra manera de entrenar. Y eso me encanta.

Pero alguien que llega por primera vez a una pista no tiene por qué conocer sus normas. No tiene por qué saber qué calle debe utilizar para calentar, dónde hacer las recuperaciones, cómo incorporarse a una serie o por qué no conviene detenerse en mitad de una calle.

Para eso están también los entrenadores. Para enseñar a correr, por supuesto, pero también para transmitir esas pequeñas normas de convivencia que forman parte del atletismo.

Bastan unos minutos al comienzo de una sesión para explicar dónde se rueda, qué calles deben mantenerse libres, cómo cruzar la pista con seguridad o por qué debemos mirar antes de incorporarnos a una calle. Son detalles sencillos que marcan una gran diferencia cuando coinciden muchos deportistas entrenando.

Y no es una cuestión de nivel. Un corredor popular tiene el mismo derecho a disfrutar de una instalación que un atleta experimentado, siempre dentro de sus condiciones de uso. 

Una pista llena es una buena noticia

Ojalá sigamos viendo las pistas llenas. Ojalá cada vez haya más niños descubriendo el atletismo, más adultos que se animen a correr por primera vez y más grupos compartiendo entrenamientos. Creo que es una de las mejores cosas que le pueden pasar a nuestro deporte.

Pero para que eso funcione necesitamos algo que va mucho más allá de correr: respeto por los demás, por los espacios y por unas instalaciones que debemos conservar entre todos.

No hace falta conocer todas las reglas del atletismo para disfrutar de una pista. Basta con aprender unas cuantas normas básicas, preguntar cuando tengamos dudas y entender que cada calle tiene una función.

Porque cuidar la calle 1, respetar los entrenamientos de los demás y proteger el tartán no significa poner límites a quienes llegan, significa hacer sitio para que cada vez seamos más. Y eso, para quienes recordamos las pistas casi vacías, es una noticia estupenda.