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Voy a prepararme todo lo que pueda y a dar mi mejor versión. Miedo no tengo.
El finalista español participará en la final mundial de una competición que combina conducción todoterreno, aventura y conservación de la naturaleza. Antes de viajar a África, catorce finalistas europeos han colaborado con la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos en los Pirineos.
El camino hacia el Defender Trophy 2026 no consiste únicamente en superar obstáculos al volante. La nueva edición de esta competición internacional, que reúne a participantes de más de 50 países, busca poner la capacidad todoterreno y el espíritu de aventura al servicio de un propósito mayor: la protección de la naturaleza. Y los finalistas europeos ya han comenzado a comprobarlo sobre el terreno.
Catorce de ellos se han reunido en los Pirineos españoles para colaborar con la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ), una organización que trabaja en la recuperación de esta emblemática rapaz. La iniciativa ha llevado a los participantes hasta Aínsa, en Huesca, donde han conocido la labor de la fundación y participado en tareas de mantenimiento de un comedero para aves carroñeras. La experiencia ha continuado en la Estación Biológica de Monte Perdido, en Revilla, dentro del entorno del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.
La conservación del quebrantahuesos es uno de los ejemplos más significativos de recuperación de fauna en España. Según los datos facilitados por la FCQ y Defender, la población ha pasado de 35 parejas reproductoras en 1995 a más de 190 en la actualidad. Una evolución que refleja la importancia del seguimiento de la especie, la restauración de sus poblaciones y el trabajo continuado sobre el terreno.
En este escenario, los vehículos Defender son una herramienta de trabajo para la fundación: permiten acceder a zonas remotas de montaña y facilitan tareas de seguimiento, rescate, rehabilitación y divulgación. La colaboración entre ambas entidades se remonta al año 2000 y forma parte del vínculo entre la marca y los proyectos de conservación.
Entre los catorce finalistas europeos se encuentra Max Ferrer, que representará a España en la final mundial del Defender Trophy 2026, prevista en África junto a Tusk, organización dedicada a la conservación de la fauna africana y socio de Defender desde hace dos décadas. Los competidores de más de 50 países se enfrentarán allí a desafíos que combinarán conducción, resistencia, ingenio y trabajo en equipo, con actuaciones vinculadas a proyectos reales de protección de la naturaleza.
Para Ferrer, aficionado al mundo del motor desde niño, la clasificación sigue siendo difícil de asimilar. Su objetivo ahora es disfrutar de la experiencia, aprender y dar lo mejor de sí mismo.
¿Qué significa para ti haber llegado hasta aquí y representar a España en el Defender Trophy?
Todavía no me lo acabo de creer. Soy un afortunado. Parece que los astros se han alineado para que esté aquí, y es una suerte enorme.
Desde bien pequeñito me ha encantado el mundo del motor. Siempre digo que soy un poco friki del motor y he seguido este tipo de competiciones. Cuando me dijeron que existía esta oportunidad, pensé: «Vamos a por todas». Me apunté, me llamaron y no me lo podía creer.
Fui a hacer las pruebas, que fueron tres días muy intensos, con actividades físicas, pruebas de trabajo en equipo y de conducción. Al final tuve la suerte de pasar. Y ahora nos vamos a Namibia.
En las jornadas de clasificación se respiraba un ambiente muy sano. Aunque sois competidores, no parecía haber una rivalidad insana. ¿Es porque pesa más la experiencia que el resultado?
Sí, totalmente. Cuando llegué a las pruebas ya vi que había un ambiente muy sano. Yo iba con la idea de pasármelo bien y disfrutar.
Es un trabajo muy centrado en el equipo. Todo el mundo desea lo mejor para los demás y no se siente esa competición insana de desear que al otro le vaya mal. Al contrario: intentamos hacerlo bien y que todo el mundo llegue en las mejores condiciones posibles. Se respira mucho espíritu de comunidad y la sensación de que todos compartimos, en cierto modo, el mismo objetivo.
¿Qué cualidades hacen falta para clasificarse para una competición de este nivel?
Lo primero, tener muchas ganas y que te encante este mundo. Después, hay que estar un poco en forma. Te tiene que gustar la montaña y necesitas una condición física razonable; no hace falta ser un atleta extremo, pero sí poder correr diez kilómetros, por ejemplo.
El trabajo en equipo también es muy importante. En el Trophy siempre se ha valorado mucho la capacidad de trabajar con los demás. Y, por supuesto, una sonrisa y muchas ganas. Creo que eso es lo más importante.
En una competición así también hay errores. ¿Has aprendido algo durante la preparación o las pruebas?
Siempre se puede estar mejor preparado. ¿Podría haber llegado en mejor forma física? Claro. También puedes saltar un obstáculo y hacerlo mal, o estar escalando y equivocarte en un paso. Siempre hay errores, pero, al final, algunos de ellos también me han llevado hasta aquí.
Tampoco los veo tanto como errores, sino como aprendizajes. Lo más importante es ponerle ganas, aunque te equivoques. Si tienes ganas y aprendes de lo que haces mal, las equivocaciones se convierten en aprendizajes.
Una cosa es saber conducir y otra conocer un vehículo como el Defender y sus capacidades todoterreno. ¿Cómo ha sido ponerte al volante?
Yo aprendí a conducir de pequeñito con un Defender, aunque era un Santana. Desde entonces, ese coche me ha encantado. Siempre me ha flipado la línea del Defender.
Ahora ha salido el nuevo, que es una pasada de coche y tiene unas capacidades alucinantes. Cuando lo probé durante las pruebas, me impresionó ver por los sitios por los que se metía sin problemas. La verdad es que me sorprendió muchísimo.
En los momentos complicados, ¿qué cualidad personal te ayuda a seguir adelante?
Creo que siempre intento ser muy positivo y transmitir esa actitud, porque también ayuda a que la gente que tienes alrededor se sienta positiva. Para mí, la actitud es lo más importante en una actividad así.
Al final, se trata de ponerle muchas ganas y, sobre todo, de conseguir que la gente se sienta bien con lo que está haciendo. Creo que eso es lo que hace que el equipo funcione y que podamos llegar lo más lejos posible.
La competición también tiene una dimensión de conservación de la naturaleza. ¿Qué supone formar parte de una experiencia que busca dejar algo positivo en los lugares por los que pasa?
Colaborar de forma práctica con la FCQ en los Pirineos hace realidad el propósito de protección de los animales del Defender. No solo estamos explorando este increíble paisaje, sino que trabajamos activamente para protegerlo. Ver a los quebrantahuesos y comprender la dedicación necesaria para salvarlos es una experiencia impactante que nos ofrece una visión mucho más profunda de lo que representa el Defender.
Después de superar las pruebas de clasificación, ¿cómo te sientes ahora que sabes que viajarás a África?
Todavía estoy como en una nube. No me creo que vaya a Namibia a participar en esta competición, que siempre ha sido como un sueño.
Me dio mucha pena cuando terminó el Trophy que se hacía antes. Ahora que han recuperado la competición, pensé: «Vamos a probar, a ver qué pasa». Ha salido bien y ahora vamos a por todas.
No tengo expectativas concretas, pero voy a darlo todo. Confío en aguantar, aguantar y aguantar, y llegar hasta el final, hasta donde podamos. Tengo muchísimas ganas y voy a dar mi mejor versión. Eso seguro.
¿Hay algo que te imponga especialmente respeto de cara a la final?
La gente es muy buena. Todos son unos cracks. No hay nada que me dé especialmente miedo, pero el nivel de los participantes es muy alto. Eso también es positivo, porque significa que el equipo va a ser muy bueno. Aunque, claro, para ir superando las pruebas tienes que estar entre los mejores.
Por eso voy a prepararme todo lo que pueda y a dar mi mejor versión. Miedo no tengo.
Para terminar, ¿qué le dirías a aquel chaval que empezó a conducir un Defender de pequeño y que ahora va a representar a España en una competición internacional?
Le diría que se equivoque mucho y que haga todo con ganas de disfrutar y de aprender. Que le ponga ganas a todo.














