Aquella mañana Yago seguía con un plan en la cabeza. Horas después, cuando embocó la Avenida Gloria Fuertes con apenas treinta metros de diferencia sobre un pelotón que le perseguía a tumba abierta, no fue consciente de que iban a cambiar muchas cosas. Tan sólo veinte segundos después, cuando levantó los brazos frente a la Feria de Muestras de Valladolid, comenzó a asimilar el cambio de planes.
Antes de la victoria él quería irse a estudiar a Groningen, atraído por la reputación que tenía la Universidad de Matemáticas de aquella ciudad holandesa; luego ya vería como encontrar un equipo amateur por la zona, porque alguno tenía que haber. Sin embargo, aquel triunfo le convirtió en Campeón de España junior y podía aspirar a un equipo profesional.
Tuvo ofertas interesantes, importantes equipos de formación se interesaron por él. Pero debía de cambiar de Universidad, lo que alteraba sus planes, hasta que la solución a su problema lo encontró al otro lado de la frontera, cerca de donde Holanda se besa con Alemania, en la Región de Sauerland, lo que le permitía vivir en Groningen y competir con el equipo alemán Saris Rouvy Sauerland Team, cuya sede distaba a un par de horas en coche de allí.
El primer año no fue fácil. En cuanto terminó la pretemporada, los exámenes se comenzaron a apelotonar con las carreras, muchas de ellas fuera de Alemania. No daba abasto, así que, tras conseguir sacar el primer año decidió aparcar la carrera universitaria y priorizar su verdadero sueño, ser ciclista profesional.
Pero sus planes, trazados en una ecuación pensada al milímetro, se volvieron inexactos cuando aparecieron nuevos factores no trazados en su razonamiento aritmético. Tras su segundo año, el equipo alemán iba a fusionarse con otro que a su vez estaba ligado a la Federación germana, por lo que sólo contarían con corredores nacionales.
Muy a su pesar tuvo que valorar otras opciones, de las cuales sobresalía una por encima de las todas. Volver a su Euskadi natal para correr en el Laboral Kutxa, filial del Euskaltel Euskadi, en 2025.
Recalificarse amateur obligó a su cuerpo, en tan sólo un año, a descifrar una doble teoría directamente proporcional al kilometraje de cada carrera. Las cortas, las del calendario vasco, le penalizaban. Sentía que terminaban demasiado rápido, que no le dejaban ofrecer su gran resistencia, lo que sí ocurría con las que disputaba en el exterior, sobre todo con una vieja conocida: el campeonato nacional.
Tras integrar una fuga que a priori no parecía resultar ganadora, pues los favoritos rodaban por detrás, su olfato le sugirió salir de ella, pedaleando durante varios kilómetros bajo la sofoquina del calor granadino de junio hasta que, de nuevo, volvió a alzar los brazos como campeón de España de la categoría sub23.
Pocos son los ciclistas que, tras una victoria así no han sido profesionales luego. A él le hicieron esperar todo un verano. Aunque trataba de no pensar en ello, acudía al mismo pensamiento una y otra vez. Un día de septiembre, tras una de esas carreras que se le quedaban cortas, Jorge Azanza, Director Deportivo del Euskaltel Euskadi, le dijo que no se preocupara, que tenía un hueco de naranja.
Yago sintió un gran alivio. Al fin y al cabo, la frustración de no seguir en Alemania le había conducido a una solución mejor, algo tan ajeno a un razonamiento matemático. A cambio, el comienzo fue frustrante. Sus inicios no fueron buenos pero Azanza, a pesar de que ya contaba con un bagaje como profesional de dos años, no le aplicó una exigencia directamente proporcioanl, simplemente le dijo que ya se acostumbraría, que ahora el calendario iba a ser más amplio y más exigente, y eso necesitaba una adaptación.
El cambio del que le hablaba su director lo encontró en la Volta a Cataluña. Hubo instantes en los que, mientras él iba totalmente acoplado en la bicicleta para no perder la estela del pelotón, veía como Remco Evenepoel o Jonas Vingegaard consideraban que era un buen momento para bajarse de la bicicleta a hacer sus necesidades. Al menos, tuvo un día en el que la carrera viajó por detrás de su bicicleta. En aquella fuga sintió que realmente él era también protagonista y no sólo un ciclista de relleno en un pelotón plagado de figuras de primer nivel.
Ya han pasado unos meses desde su primera competición con Euskaltel-Euskadi. Ahora sí, las matemáticas responden. A mayor experiencia, mejor gestión de esfuerzos. Y, aunque aun no sepa que clase de corredor es, si tiene claro que pase lo que pase muy pocos ciclistas podrán decir, como él, que su vida tiene dos respuestas correctas, una doble virtud: ser ciclista y futuro matemático, aunque ahora priorice la primera opción.












