Alex Molenaar: del rechazo, al Tour

Los últimos años han sido un carrusel de emociones para el ciclista neerlandés del Caja Rural - Seguros RGA. Aquí te contamos su historia tras su despedida prematura del Tour de Francia.

Alex Molenaar, en el podio del Tour luciendo el maillot de la Montaña. Foto: Sprint Cycling Agency
Alex Molenaar, en el podio del Tour luciendo el maillot de la Montaña. Foto: Sprint Cycling Agency

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Jasper Stuyven tocó un colchón de protección de una isleta. Se movió lo justo para que él se lo encontrara de frente. Ahí acabó todo.

El ciclismo es ingrato, parco en palabras. No mira por nadie, como un pelotón que, inclemente, sigue su marcha sin parecer importarle pasar entre un ciclista caído como si fuera una roca inerte en medio de un río. Como un mánager que, encogido de hombros, simplemente responde con la sequedad que antecede a la negativa de renovar un contrato.

Hace unos años, a Alex Molenaar sólo le dijeron que no valía para estar en el equipo, que no daba el nivel. De nada sirvió tratar de explicar que había estado con mononucleosis casi toda la temporada o, incluso, recordar que había sido capaz de ganar una etapa en el Tour de Langkawi a finales de temporada, cuando consiguió recuperarse. “No das el nivel”, le repitieron.

Aun se sentía joven para olvidarse de la bicicleta e intentó reavivar sus pedaladas en el campo continental. Primero en el Electro Hiper Europa (2023), luego en el Illes Balears Arabay (2024). Fueron dos años en los que tenía que justificar el doble, el por qué no había podido mantener la categoría con el Burgos-BH. A cambio fueron dos temporadas en las que los resultados florecieron de nuevo, aunque algunas veces tuviera que hincharse el mismo las ruedas de la bicicleta para tomar la salida.

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Molenaar militó la temporada 2024 en el Illes Balears Arabay. Foto: Rafa Gómez (Sprint Cycling Agency)

Entonces, de nuevo, la cordura volvió a sentarse frente a él, aunque vestida de otro color. El Caja Rural - Seguros RGA quería contar con sus servicios. En su primer año con el equipo navarro no defraudó. Consiguió dar presencia a la estructura, incluyendo su participación en su primera grande, la Vuelta a España.

Pero el destino tenía aun otra sorpresa reservada para él. El Caja Rural había sido invitado para participar en la edición de 2026 del Tour de Francia. Alex nunca tuvo la certeza de que acudiría hasta que, apenas unas semanas antes, tras realizar una concentración en altura con el resto de compañeros, fue incluido en el grupo de whatsapp de aquellos que iba a ser convocados para la Grande Boucle.

La salida no podía ser más apetecible. Aunque de padre holandés, su familia materna era de Barcelona, donde reside desde hace años. Iba a debutar en el Tour al lado de casa. El equipo tenía una consigna clara: “Chicos, hemos venido a dejarnos ver. Estas etapas otorgan el primer maillot de la montaña, alguien debe de estar ahí, en la fuga”, escuchó de sus directores.

Aquel día, tras la contrarreloj por equipos inaugural, todo fue muy rápido. Quizás la suerte o tal vez el pálpito de que algo bueno le iba a suceder le hizo salir tras estela de Frank Van den Broek -el hombre que regaló la primera etapa de un Tour a Romain Bardet el año previo a su retirada-, y Felix Engelhardt. Los nervios no traicionaron su punta de velocidad. Sería el hombre de la fuga en puntuar en el paso montañoso más valioso, el que daba un mayor número de puntos.

Alex Molenaar llegando a la meta de Foix en la 4ª etapa del Tour, en la que formó parte de la fuga
Molenaar llegando a la meta de Foix en la 4ª etapa del Tour, en la que formó parte de la fuga. Foto: Luca Bettin (Sprint Cycling Agency)

De pronto, aquella escapada se convirtió en el día más importante sobre la bicicleta. Aquel día y el siguiente fueron trepidantes: Nunca había realizado tantas entrevistas, tantas peticiones para hacerse una foto. Aquellos topos rojos sobre su nueva equipación blanca le habían impregnado en popularidad. Tras cada pregunta de los periodista descubrió lo que siempre había visto en la tele. Que el Tour era sinónimo de fama. Aunque, lo más bonito, fue subir al podio en la meta de Montjuic, apenas a 500 metros de la casa de sus abuelos.

Tres días después, todo cambiaría. A falta de apenas ocho kilómetros, cuando el pelotón se plegó en una curva que se cerraba hacia la derecha Jasper Stuyven tocó una almohadilla protectora que cubría una isleta, impulsándola hacia su trayectoria. En ese momento todo terminó para él. Alex no recuerda como ocurrió. Su rueda delantera se torció hasta hacerle caer duramente al suelo. Su primer encontronazo con la realidad llegó minutos después cuando, a falta de dos kilómetros, se vio sobre su bicicleta, con un dolor tremendo en una mano. Entonces se miró al hombro, al antebrazo. “¡Pero si estoy sangrando, me he tenido que caer!”, se dijo aterrado mientras trataba de asimilar lo que le había sucedido.

Al llegar a meta se encontró con el médico del equipo. Le preguntó cómo llegar al autobús. Apenas unos metros después, tuvo que pararse. No recordaba lo que le había dicho. Y la mano dolía, mucho. Al cabo de unas horas, su preocupación desempaquetó el mensaje que no quería oír. Había sufrido un traumatismo craneal y, además, tenía la mano rota. Su sueño de llegar a París se esfumaba, disipado entre lágrimas de impotencia.

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Alex Molenaar tuvo que abandonar el Tour tras su caída en Pau, en los últimos kilómetros de la 5ª etapa. Foto: Sprint Cycling Agency 

Ya han pasado varias semanas. La carrera francesa terminó hace unos días y Alex parece haber vencido la guerra a la impotencia. Al menos parcialmente. A veces está triste. A veces no. Sabe que nunca estuvo en su mano evitar aquella caída pero nadie le asegura si podrá volver a correr el Tour. En cambio, tiene claro lo que significa no tener equipo y eso dolió de verdad. Le ha enseñado a no quejarse, a relativizar, a agradecer todo lo bueno que le está pasando. A empatizar consigo mismo. A superar un nuevo rechazo, aunque sea del Tour.

 

Alex Molenaar abandona el Tour tras su caída en Pau

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