Sabiñánigo volvió a amanecer como solo lo hace una vez al año. Bicicletas en cada calle, dorsales a primera hora, nervios de salida y esa mezcla de ilusión, respeto y sufrimiento que ha convertido a la Quebrantahuesos en una cita única dentro del cicloturismo europeo. La XXXV edición de la Ibercaja Quebrantahuesos by TotalEnergies reunió este sábado a más de 11.500 participantes procedentes de más de 30 países, confirmando una vez más la capacidad de la prueba para movilizar mucho más que a un pelotón.
La marcha larga arrancó a las 07:15 horas, con 200 kilómetros por delante y los Pirineos como juez de una jornada que siempre exige algo más que piernas. Media hora después tomó la salida la Treparriscos, de 85 kilómetros, que este año presentó como principal novedad su recorrido en sentido inverso. No fue el único cambio de una edición condicionada por distintas obras en infraestructuras viarias, que obligaron a modificar zonas de salida y llegada, ajustar la logística y establecer un control de tiempo antes de la meta.
Nada de eso alteró la esencia de la Quebrantahuesos. La prueba volvió a ser una fiesta ciclista de largo aliento, con el Portalet, Marie Blanque, Somport y Hoz de Jaca en el imaginario de miles de cicloturistas que acuden a Sabiñánigo no solo a completar un recorrido, sino a formar parte de una historia que ya suma más de tres décadas.
En la parte delantera, Imanol Arizmendi y Alejandro Valverde firmaron la imagen deportiva del día. Ambos llegaron prácticamente juntos tras rozar el récord histórico de la marcha, con Arizmendi marcando el mejor tiempo en 5:19:44 y Valverde entrando dos segundos después, en 5:19:46. El francés Emmanuel Cognet completó el podio de mejores registros masculinos con 5:22:03.
Entre las mujeres, Elena Llorente fue la más rápida de la Quebrantahuesos con un tiempo de 6:22:15, por delante de Amaia Urkidi, que terminó en 6:25:51, y de Claudia Galicia, tercera con 6:27:02. Tres nombres propios para una edición que volvió a demostrar el crecimiento y el nivel del cicloturismo femenino en una marcha cada vez más internacional.
La jornada tuvo también un fuerte componente emocional con el homenaje a Ángel Vicioso, corredor aragonés distinguido en esta edición y uno de los rostros más reconocibles de un fin de semana por el que también pasaron Samuel Sánchez, Luis León Sánchez, Haimar Zubeldia y el propio Valverde. Una reunión de generaciones que encaja bien con lo que representa la Quebrantahuesos: profesionales, excorredores y cicloturistas compartiendo carretera, esfuerzo y meta.
Sabiñánigo y los pueblos del entorno vivieron también la marcha fuera de la carretera. Fueron dos días de ocupación casi total, terrazas llenas, hoteles completos y comercios volcados con una prueba que mueve a más de 40.000 personas entre participantes, acompañantes y visitantes. Detrás de esa maquinaria hubo, además, más de un millar de voluntarios repartidos en salidas, cruces, avituallamientos y zonas de meta, esa parte menos visible sin la que la QH no podría mantener el pulso que exige una cita de este tamaño.
Así cerró la QH otra edición de esas que explican por qué sigue siendo una referencia del cicloturismo europeo. Cambian detalles del recorrido, accesos o zonas de salida y llegada, pero no la liturgia de una jornada que empieza de noche, se alarga por los puertos y termina con miles de ciclistas cruzando meta con la misma mezcla de alivio y orgullo. Los Pirineos pusieron la dureza; el pelotón cicloturista, el sentido de todo lo demás.











