Landa toca el cielo en el Alguacil y Mas deja la Vuelta vista para sentencia

El alavés gana en solitario en la cima granadina tras una fuga de largo alcance, mientras Enric Mas resiste la última gran batalla de montaña y acaricia su primera Vuelta. Roglic conserva la segunda plaza pese al ataque final de Gall.

Ciclismoafondo.es. Fotos: Sprint Cycling

Landa toca el cielo en el Alguacil y Mas deja la Vuelta vista para sentencia
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Mikel Landa encontró en el Collado del Alguacil una de esas victorias que parecen escritas contra el propio curso de la temporada. En el año más torcido, en el día más duro y en una cima inédita que no regalaba ni un metro, el alavés volvió a ser Landa. El corredor del Soudal Quick-Step ganó en solitario la 20ª etapa de la Vuelta a España, con 186,8 kilómetros entre La Calahorra y el Collado del Alguacil, después de rematar una fuga trabajada desde lejos y de dejar atrás a Tobias Halland Johannessen en la subida final.

Detrás, la carrera vivió su otro desenlace. Enric Mas salió del último gran examen de montaña con la Vuelta prácticamente en el bolsillo. El líder de Movistar volvió a hacer lo que lleva haciendo desde que viste de rojo: responder sin gestos de más, no regalar un metro a Primoz Roglic y gestionar la presión como si llevara años ganando grandes vueltas. A falta del cierre en Granada, el mallorquín acaricia ya la victoria más importante de su carrera.

La etapa tenía todos los ingredientes para romperlo todo. Los Blancares abrió la jornada, El Purche apareció por partida doble, El Duque endureció aún más el camino hacia Sierra Nevada y el Collado del Alguacil esperaba al final con 8,3 kilómetros al 9,8%, rampas de dos dígitos y el peso añadido de ser la última cima real de esta Vuelta. No era un día para esconderse. Tampoco para esperar milagros en el último kilómetro.

La fuga tardó en tomar forma, pero cuando lo hizo tuvo entidad suficiente para creer en la etapa. Uno-X metió mucha presencia delante y Landa encontró allí el lugar perfecto para correr sin mirar la general, lejos de una pelea que esta vez no era la suya. La renta llegó a ser importante y obligó al pelotón a decidir cuánto quería gastar antes del encadenado decisivo.

Movistar, con el rojo de Mas, corrió con la lógica de quien sabe que no tiene que ganar la etapa para ganar la carrera. Controlar, medir, no entrar en pánico. Red Bull-BORA-hansgrohe necesitaba algo más, porque Roglic salía al día con la obligación de hacer daño de verdad. Decathlon también tenía motivos para agitar la carrera con Felix Gall, más pensando en la segunda plaza que en una remontada total.

La etapa se fue haciendo cada vez más áspera. En El Purche empezaron los movimientos serios y la fuga fue perdiendo compañía, pero Landa siguió ahí, sin aspavientos, como si el día le hubiera devuelto de golpe todas las piernas que la temporada le había quitado. Por detrás, cada aceleración en el grupo de favoritos tenía la misma respuesta: Mas pegado a Roglic, Roglic buscando un resquicio que nunca terminó de abrirse y Gall esperando el terreno más duro para jugar su última carta.

El paso por El Duque dejó la carrera lista para el veredicto. La persecución no terminaba de organizarse y delante la victoria seguía estando al alcance de los fugados más fuertes. Johannessen, siempre valiente cuando la carretera se pone cuesta arriba, se convirtió en la referencia de cabeza. Landa, sin embargo, no había llegado hasta allí para conformarse con mirar.

En el Collado del Alguacil, la etapa cambió definitivamente de dueño. El alavés fue recortando la diferencia con esa cadencia de escalador viejo, de corredor que sabe que las prisas se pagan en rampas así. Johannessen resistió mientras pudo, pero Landa le dio caza, le soltó y se marchó solo hacia la cima. No hubo gesto impostado ni celebración preparada. Hubo alivio, rabia y una victoria que le devuelve una tarde grande a un corredor que las ha perseguido muchas veces desde demasiado cerca.

El triunfo fue claro: Landa cruzó la meta con Johannessen segundo a 47 segundos. Más allá de los números, la imagen fue la de un ciclista recuperando por un día el sitio que tantas veces ocupó en la imaginación del aficionado: solo, cuesta arriba, en una montaña grande y con la carrera rendida a sus piernas.

Mientras Landa ganaba la etapa, Mas ganaba media Vuelta. Roglic lo intentó, pero no encontró la forma de descolgar al líder. Cada vez que el esloveno insinuó el movimiento, el maillot rojo apareció a su rueda. No con exuberancia, sino con esa seguridad tranquila que ha cambiado el relato de Mas en esta carrera. Donde otras veces parecía correr perseguido por sus fantasmas, ahora corre con autoridad.

Gall sí agitó el final. El austriaco atacó en busca de la segunda plaza y obligó a Roglic a sufrir hasta la línea, pero el esloveno salvó el puesto. Mas, en cambio, salió reforzado. No necesitó un golpe teatral ni una exhibición desmedida. Le bastó con no fallar en el día en el que todos esperaban que pudiera hacerlo.

La Vuelta queda pendiente de Granada, pero el gran juicio de la montaña ya ha dictado sentencia. Landa se llevó la etapa que soñaba el landismo, una victoria de las que no necesitan explicación. Mas, por su parte, dejó encarrilada la carrera que tantas veces se le había escapado por centímetros, por días malos o por rivales superiores.

El Collado del Alguacil nació en la Vuelta con una doble imagen española: Landa levantando los brazos en la cima y Mas caminando hacia el triunfo final. Uno ganó el día. El otro, casi toda una vida de espera.

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