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Bryan Coquard ganó en Xeraco una etapa que La Vuelta recordará por otro motivo. El francés de Cofidis fue el más rápido en la llegada de la octava jornada, 171 kilómetros entre Puçol y Xeraco, y superó en el sprint a Mads Pedersen y Jordi Meeus. Un triunfo de oficio, de colocación y de resistencia, en una jornada pensada para los velocistas capaces de sobrevivir al puerto de Barx, pero atravesada por la noticia que cambia por completo la carrera: el abandono de Tadej Pogacar y el salto de Enric Mas al liderato.
El esloveno se fue al suelo a poco más de 30 kilómetros de meta, en el tramo previo a la subida a Barx, cuando el pelotón rodaba compacto y la etapa entraba en su fase decisiva. La imagen fue inmediatamente preocupante. Pogacar quedó sentado en la carretera, con heridas visibles y claros gestos de dolor. Se puso de pie, lo intentó, pero no pudo volver a competir. Poco después subía al vehículo médico y dejaba La Vuelta en el día en que parecía tener la carrera más atada.
Hasta ese momento, la etapa había seguido el guion de una jornada de control. La salida ya estuvo condicionada por una caída en la zona neutralizada, que retrasó el inicio real y dejó varios corredores tocados. Cuando la carrera se lanzó, Burgos-BH volvió a hacerse notar con Sinuhé Fernández, protagonista de una aventura en solitario tan generosa como condenada. El español llegó a manejar una renta importante, por encima de los cinco minutos, mientras el pelotón dejaba hacer y los equipos de los velocistas iban midiendo el esfuerzo.
Visma-Lease a Bike asumió buena parte del trabajo en el grupo. Tenía doble interés: sostener el maillot verde de Wout van Aert y preparar una posible tercera victoria para Matthew Brennan, uno de los hombres más rápidos de esta primera semana. La diferencia de Sinuhé fue cayendo poco a poco, sin grandes sobresaltos, hasta que el pelotón lo neutralizó antes del sprint intermedio y del inicio de Barx.
A partir de ahí, la carrera cambió de tono. Van Aert se llevó los puntos del sprint intermedio y, casi de inmediato, llegó la caída de Pogacar. El grupo aflojó durante unos instantes, como si la propia carrera necesitara entender lo que acababa de ocurrir. Pero La Vuelta siguió. El pelotón entró en Barx con Movistar ya muy presente, consciente de que Enric Mas pasaba a ocupar el liderato de la carrera. La subida, sin embargo, no rompió la etapa. No hubo una gran ofensiva ni una selección definitiva entre los rápidos. El golpe emocional fue más fuerte que el deportivo en ese tramo.
Wout van Aert coronó primero el puerto de Barx y, tras la bajada, Xabier Mikel Azparren probó fortuna con un ataque oportunista. El movimiento tuvo sentido: la carrera venía de una sacudida enorme, los equipos estaban reorganizándose y quedaban algo más de veinte kilómetros hasta meta. Pero el pelotón no le dejó demasiado aire. La amenaza del sprint seguía viva.
En Xeraco, la llegada confirmó que todavía quedaban velocistas de sobra. La carrera entró lanzada en los últimos kilómetros, con los equipos tratando de ordenar un final que ya había tenido demasiadas historias. Coquard encontró el hueco, esperó su momento y remató con esa punta de velocidad seca que le ha permitido alargar su vigencia durante años. Pedersen, siempre peligroso en llegadas de fuerza, fue segundo. Meeus completó el podio en un final caótico, con una caída a escasos metros de la línea.
Pero no fue una etapa normal. La victoria de Coquard queda inevitablemente ligada al abandono de Pogacar. El líder se marchó de La Vuelta con casi cuatro minutos de ventaja sobre Enric Mas y con la sensación de haber dominado la carrera desde Mónaco. Había ganado, había atacado, había gestionado y parecía tener la general bajo control. Todo se rompió en una caída en una zona que no parecía decisiva.
Enric Mas es ahora el nuevo maillot rojo de La Vuelta. El mallorquín, que venía de tutear a Pogacar en Castellón y de consolidarse como su principal perseguidor en la general, se encuentra de repente al frente de una carrera que parecía bloqueada por el dominio del esloveno. Para Movistar, el escenario cambia por completo: de resistir y buscar una oportunidad, a defender el liderato.
Y no hay margen para asimilarlo con calma. Este domingo espera el Alto de Aitana, una de las grandes citas de montaña de esta Vuelta y el primer examen real para el nuevo líder. Coquard levantó los brazos en Xeraco. La Vuelta, mientras tanto, cambió de dueño.
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